Fatiga por compasión: debemos cuidar a los que cuidan al resto de los animales

Escrito por Dra. Paula Calvo

En el ámbito de los cuidadores y rescatadores de animales no humanos pocas veces se tienen en cuenta las implicaciones de esta dedicación para las personas que están en constante contacto con el sufrimiento animal.

Y una de estas consecuencias, que supone un riesgo para todo colectivo dedicado al cuidado de animales, es el síndrome llamado “fatiga por compasión”.

¿Qué es la fatiga por compasión?

Consiste en el agotamiento físico y/o emocional que puede surgir cuando un cuidador es muy consciente y está profundamente preocupado por aliviar a los individuos de los que cuida, pero siente una incapacidad y frustración por no lograr ese objetivo.

La primera vez que surgió el término de fatiga por compasión fue en el entorno de la enfermería,1 refiriéndose al desgaste emocional y la desesperación que muchos profesionales del sector sanitario sentían por no poder curar y evitar el dolor a sus pacientes.

La fatiga por compasión se distingue de otros síndromes relacionados con agotamiento laboral, como el “burnout” (estar “quemado” en el trabajo), por existir un vínculo emocional entre el cuidador, que es el que sufre fatiga por compasión, y el individuo al que cuida.2 Y, por supuesto, este fenómeno guarda relación con la empatía, puesto que es la empatía la que lleva a la creación de ese vínculo entre cuidador y cuidado. Y no se considera patológico, sino que es una consecuencia de ser muy empático y de preocuparte por los demás.

La culminación de la fatiga por compasión, es decir, el mantenimiento crónico de este agotamiento emocional, puede consistir en la pérdida de la capacidad de ser compasivo.

Hay que tener en cuenta que existen una serie de términos relacionados que podrían llevar a confusión, puesto que los síntomas son equivalentes o muy parecidos a los de la fatiga por compasión. Estos conceptos que debemos diferenciar de la fatiga por compasión son3:

  • Estrés Traumático secundario: tiene síntomas equivalentes a los de la fatiga por compasión y consiste en el estrés que sufre una persona que cuida de alguien que ha padecido un trauma. La diferencia con la fatiga por compasión consiste en que el estrés traumático secundario se puede dar con un único encuentro entre cuidador y cuidado, mientras que la fatiga por compasión se da cuando se ha creado un vínculo a través de una relación en el tiempo.
  • Trauma indirecto: es un trauma que sufre un terapeuta o cuidador en una relación a largo plazo entre ambos, pero que implica que exista una descripción muy clara de la experiencia traumática y que el cuidador sea consciente de cada uno de los detalles del trauma, tanto que le acaban provocando un trauma indirecto. En el caso de la fatiga por compasión no es necesario que exista este conocimiento por parte del cuidador del trauma que padezca el individuo objeto de los cuidados. De hecho, en el caso de los animales, rara vez se conocen los detalles de lo ocurridoanteriormente a la llegada del animal a manos del cuidador.
  • Burnout (“estar quemado”): corresponde al agotamiento emocional y/o físico por causa del estrés en el entorno laboral, sin necesidad de que exista ningún vínculo emocional con ningún individuo. Eso sí, muchas personas que sufren fatiga por compasión también padecen burnout.

Los síntomas de la fatiga por compasión son muy variados e incluyen: depresión, ansiedad, trastornos del sueño, aislamiento social, dificultades para concentrarse,  recuerdos frecuentes de situaciones traumáticas, y disminución del interés por realizar actividades.4,5

¿Quién está en riesgo de padecer fatiga por compasión en el ámbito humano-animal?

Si queremos tener en cuenta los colectivos que están expuestos a este tipo de síndrome, tenemos que incluir a cualquier persona, profesional o voluntario, que esté en contacto recurrente con el sufrimiento animal, desde un/a veterinario/a hasta cualquier voluntario/a de un refugio o santuario de animales.

Pero dentro de todos los sectores susceptibles de padecer fatiga por compasión en el ámbito humano-animal, hay determinadas características que hacen más vulnerables a algunas personas, que incluye:

  • Personas con historial de trauma en el pasado, especialmente si no lo han resuelto.
  • Personas con altos niveles de empatía.
  • Personas con un mayor vínculo emocional con los individuos objetos de su cuidado.
  • Más juventud y menor experiencia laboral.
  • Personas sin tendencia a cuidarse.
  • Personas sin una adecuada red social.
  • Personas que toleran el exceso de trabajo porque están focalizadas en resultados.

El primer profesional que planteó que la fatiga por compasión se puede dar en el ámbito de los cuidadores de animales fue Charles Figley, quien se dedicó a dar talleres de manejo del estrés para el sector de los refugios de animales, al inicio de la primera década de los 2000.4

Y hemos de tener en cuenta que los profesionales y voluntarios relacionados con el ámbito de los cuidados de otros animales deben gestionar muchísimas emociones que se dan en un breve periodo de tiempo y que guardan relación con rescate animal, maltrato hacia los animales, eutanasia, la marcha de un animal adoptado con el que se han vinculado, etc. Y si no se aprende a manejar adecuadamente todo esta variedad de intensas emociones, puede llevar a padecer fatiga por compasión.

¿Cómo se desarrolla la fatiga por compasión?

Charles Figley6 planteó un modelo para explicar el desarrollo de la fatiga por compasión, que es uno de los más populares:

Este modelo plantea que desde la capacidad altamente empática de una persona que se encuentra expuesta al sufrimiento, se dan una serie de respuestas empáticas que pueden gestionarse mediante prácticas de desapego y gracias a la satisfacción por proporcionar ayuda, pero que si esa persona se encuentra en una situación prolongada de sufrimiento y a eso se le suma un trauma residual del pasado y altas exigencias de la vida cotidiana, puede determinar la aparición de la fatiga por compasión.

Por otro lado, Baranowsky y Gentry7 plantean un desarrollo de la fatiga por compasión en 4 fases a lo largo del tiempo:

  1. Fase fanática: La persona está totalmente comprometida, implicada, resolviendo problemas, con disposición a dedicar mucho tiempo a la tarea de cuidado de los animales, incluso sin que nadie se lo pida. Si no se gestiona adecuadamente este entusiasmo, se puede pasar a la siguiente fase.
  2. Fase de irritabilidad: La persona se muestra ya susceptible, cínica, evitando el contacto con ciertos animales, comete errores en sus tareas, se distrae con facilidad, y se empieza a distanciar de colegas y amigos. El entusiasmo inicial se ha reducido y aparece la irritabilidad. Y, nuevamente, si no se maneja correctamente esta fase, es fácil que transite hasta la siguiente.
  3. Fase de aislamiento: El entusiasmo ha desaparecido del todo y sólo se denota amargura. La persona se siente agotada constantemente, evita hablar de sus tareas, empieza a mostrar negligencia en todos los ámbitos de su vida, e intenta insensibilizarse o evitar el miedo o la tristeza. Y es común que se caiga en el consumo de drogas para eludir el dolor emocional. Y si esta etapa no se gestiona, entonces se evoluciona hacia la siguiente.
  4. Fase Zombie: La persona funciona de forma automática, hay un desespero general que se convierte en rabia, se desconecta de los pensamientos y sentimientos, se muestra un desdén hacia los demás y se ha perdido totalmente la compasión por los individuos a los que cuida.

¿Qué factores únicos del trabajo en el ámbito del cuidado animal contribuyen a la fatiga por compasión?

Existen factores en el ámbito del cuidado animal que no se experimentan en el ámbito del cuidado hacia otros humanos y que marcan la diferencia en cuanto a la fatiga por compasión.

Por un lado, tenemos el vínculo humano-animal como uno de los factores que contribuyen a esta fatiga por compasión, ya que permite que se cree el vínculo emocional entre el cuidador y su paciente animal. La investigación ha demostrado que el vínculo humano-animal se puede convertir en un estresor en los trabajadores del ámbito de cuidado animal.8 Y esto ocurre por diversas razones, como el hecho de que los cuidadores de animales están expuestos frecuentemente al abundante trauma, abuso, negligencia y eutanasia de animales,9,10 la falta de formación en la gestión de emociones relacionadas con los cuidados de animales o con las emociones de otros humanos,11 y que los rescatadores de animales tienen una perspectiva especial del vínculo humano-animal, siendo testigos constantes de la ruptura de ese vínculo cuando un animal es abandonado.

Un segundo factor consistiría en el conflicto moral y la relacionada paradoja del cuidar-matar. Según Montoya et al. (2019) el conflicto moral aparece cuando una persona debe llevar a cabo una tarea que entra en conflicto son su código moral.12 Y esto surge con la paradoja de cuidar-matar cuando, por ejemplo, un animal llega en tal situación extrema clínica a un refugio que lo más humanitario es eutanasiarlo.13 Todo esto lleva a un conflicto entre el ideal del supuesto trabajo de cuidar a los animales y la realidad. Y, así, la suma del conflicto moral con la paradoja de cuidar-matar, magnifica la exposición a la fatiga por compasión.

Un tercer factor, directamente relacionado con el anterior, es la elevada exposición a las prácticas de eutanasia en el ámbito del cuidado hacia otros animales, que se ha demostrado que está correlacionada con el burnout y el estrés traumático secundario en los trabajadores del ámbito de cuidado animal.14 Y en otros estudios se ha comprobado que la eutanasia lleva a sentimientos de tristeza, culpabilidad, depresión, desesperación y recuerdos recurrentes de la eutanasia en los profesionales del sector veterinario y los trabajadores de refugios animales.9,15

Un cuarto factor consiste en sentir el cuidado hacia los animales como una “llamada”, un “propósito”, un “deber”, lo cual es muy común en este sector,16 lo cual hace que sea muy difícil separar el trabajo de la vida personal y muy fácil sentirse culpable por tomarse tiempo libre fuera del ámbito de cuidar a esos animales que los necesitan. Y esto lleva a que los profesionales y voluntarios del entorno de cuidado de los animales, que se sienten sumamente responsables de los animales que dependen de ellos, sacrifiquen su propio bienestar por el bien de esos animales.

Otro factor nada despreciable es el estigma de trabajo en cuidado animal.17 Esto significa que trabajar en este sector se considera “trabajo sucio” en dos sentidos, por un lado, físicamente, porque corresponde estar en contacto con fluidos y desechos de animales (limpiando jaulas, limpiando animales, asistiendo a la eutanasia, etc), y por otro lado, socialmente, porque supone dedicarse a una población menospreciada por algunos sectores de la sociedad. Y así, los profesionales y voluntarios trabajando en el ámbito de los cuidados hacia otros animales se sienten poco valorados e incomprendidos a nivel general.18

Y el último de estos factores del ámbito de cuidado de animales que contribuyen especialmente a la aparición de la fatiga por compasión es el duelo deslegitimizado por la sociedad, en referencia a la pérdida de un animal, puesto que gran parte de la sociedad no lo acepta como un duelo legítimo.19 Eso obliga a que los trabajadores y voluntarios de este sector vivan ese duelo de una forma secreta o silenciosa, y esta imposibilidad de pasar el duelo lleva a las personas que sienten la pérdida de un animal sin apoyo emocional para superar sus sentimientos y con la incapacidad de procesar su duelo.20

¿Cómo se puede prevenir y tratar la fatiga por compasión?

En primer lugar, es necesario visibilizar este fenómeno, puesto que es muy frecuente, a la par que desconocido.

Por ello, existe la necesidad de que en el ámbito de los cuidados de animales se lleve a cabo educación y formación en diferentes aspectos, principalmente para prevenir la fatiga por compasión:

  • Que los cuidadores sean capaces de reconocer los efectos negativos de estar en contacto con el trauma de los animales, tomar conciencia de ellos y gestionar esas emociones.
  • Programas de autocuidados, que incluyan información para mejorar el sueño, la nutrición y el ejercicio físico.
  • Meditación y técnicas de relajación.

Y para la prevención sistemática convendría disponer de protocolos de evaluación reiterada (anual o semestral) para todo el personal y voluntariado en los refugios de animales y clínicas veterinarias, puesto que ya existen herramientas, como escalas validadas científicamente, para valorar el nivel de fatiga por compasión.21

También es importante, para el tratamiento de la fatiga por compasión, poder ofrecer programas de apoyo y recuperación, ya sea en grupo o individuales.

Y toda esta información debería estar al alcance de cualquier profesional o voluntario que esté en el campo del cuidado de los animales porque, tristemente, la realidad es que estas personas están siempre en contacto con el dolor de los animales y, por tanto, el riesgo de sufrir fatiga por compasión está constantemente presente. Sólo mediante la conciencia de que este fenómeno siempre acecha podremos prevenirlo adecuadamente. Y hay que recordar que si el cuidador cae en fatiga por compasión, se pierde su capacidad de cuidar y, así, perdemos también capacidad para seguir luchando por el bienestar de los otros animales.

Bibliografía

  1. Joinson, C. (1992). Coping with compassion fatigue. Nursing22:4, 116-118
  2. Figley, C. R. (2002). Compassion fatigue: Psychotherapists’ chronic lack of selfcare. Journal of clinical psychology58:11, 1433-1441.
  3. Gottfried, R., & Bride, B. E. (2018). Trauma-secondary, vicarious, compassion fatigue. In Encyclopedia of Social Work.
  4. Figley, C. R., & Roop, R. G. (2006). Compassion fatigue in the animal-care community. Humane Society Press.
  5. Morrissette, P. J. (2004). The Pain of Helping: Psychological Injury of Helping Professionals. Routledge.
  6. Figley, C. R. (1995). Epilogue: The transmission of trauma. In: Compassion fatigue: Coping with secondary traumatic stress disorder in those who treat the traumatized, 249-254.
  7. Baranowsky, A. & Gentry, E. (2018) Compassion Fatigue Specialist Training: Accelerated Recovery Program Student Manual. Traumatology Institute: Toronto, Canadá.
  8. Dunn, J. et al (2019). Mental health of employees at a Canadian animal welfare organization. Society & Animals1 (aop), 1-37.
  9. Rohlf, V. I. (2018). Interventions for occupational stress and compassion fatigue in animal care professionals—A systematic review. Traumatology24:3, 186.
  10. Scotney, R. (2017). Occupational Stress & Compassion Fatigue: The Effects on Workers in Animal-Related Occupations. PhD Thesis, University of Queensland School of Veterinary Science.
  11. Hanrahan, C., Sabo, B. M., & Robb, P. (2018). Secondary traumatic stress and veterinarians: Human–animal bonds as psychosocial determinants of health. Traumatology24:1, 73.
  12. Montoya, A. I. A., et al. (2019). Moral distress in veterinarians. Veterinary Record 185:20, 631
  13. Arluke, A. (2002). Managing emotions in an animal shelter. In Animals and Human Society, C.G. Scanes & S.R. Toukhsati (eds). Routledge.
  14. Nguyen-Finn, K. L. (2018). Cost of Caring: The Effects of Euthanasia on Animal Shelter Workers. PhD Thesis, The University of Texas Rio Grande Valley.
  15. Scotney, R. L., McLaughlin, D., & Keates, H. L. (2015). A systematic review of the effects of euthanasia and occupational stress in personnel working with animals in animal shelters, veterinary clinics, and biomedical research facilities. Journal of the American Veterinary Medical Association247:10, 1121-1130.

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