Por Nadia Hernandez

Todos hemos escuchado del fabuloso pony que es capaz de construir confianza en niños y jinetes novatos. Mi versión de este pony entró a mi vida cuando estaba del otro lado del “aula”: yo era la instructora, no la estudiante. Su nombre era “Topaze”, y dio su último aliento hace solo un año, a raíz de un cólico. Extremadamente sensible por naturaleza y afectuoso en sus interacciones con los humanos, Topaze fue esencial en ayudarme mientras buscaba un mejor acercamiento, más calmado y más positivo una vez que estuve en el rol de instructora. Este artículo está inspirado en él y en las lecciones que me enseñó como instructora y entrenadora de equinos.

Topaze

Mi historia como jinete

Cuando era niña, era muy poco el tiempo exclusivo con el instructor. Un par de veces nos enseñaron cómo poner cabestro, sacar del establo, levantar los cascos y luego ensillar. Nos explicaron tales procedimientos pero no pudimos practicarlos uno a una bajo la mirada del instructor. Rápidamente nos dejaron a nuestra suerte, sin importar nuestra edad, para lidiar con el caballo que estábamos a punto de montar. Me enfrenté a caballos que no querían ser atrapados desde su establo, que pateaban cuando les levantaban los cascos traseros, se alejaban cuando los guiaban del cabestro y pateaban o intentaban morder, con las orejas tiesas hacia atrás, cuando ensillaba. Todo esto fue incluso antes de que me subiera a la montura.

Una vez en la silla de montar, estuve más expuesta a los corcovos, a un caballo encabritado o desbocado, y la lista sigue…Encontré estos comportamientos aterradores e intimidantes para manejarlos sola e incluso bajo supervisión en las lecciones (mucho más tarde en mi vida, me di cuenta de que todos esos caballos estaban demostrando comportamientos de dolor y miedo). Cuando fui a buscar ayuda de los instructores o de los mozos de cuadra, fui testigo del maltrato del humano hacia los caballos: gritos, golpes y demostraciones de fuerza para hacer que el caballo “hiciera lo que se le decía”.

Cuando estaba montando, sentía que tenía que repetir ese maltrato que había presenciado, lo que hacía que me doliera el estómago. Lo que me habían enseñado a hacer no coincidía con mi naturaleza ni con mi amor por el animal que tenía delante de mí. Luché profundamente para aplicar estos métodos y me encontré buscando otras formas de comunicarme con los caballos que montaba. Intentaba hablar en voz baja y extender mi mano hacia el caballo, esperando una señal de que podía acercarme o, mejor aún, que el caballo se acercara a mí. Era joven y no tenía estructura ni conocimiento de la teoría del aprendizaje ni del comportamiento equino. Solo sabía que quería interacciones más pacíficas con los caballos. Estas experiencias me impulsaron a abordar mi formación como instructora con mis alumnos de una manera totalmente diferente, buscando este enfoque más tranquilo y positivo. Tuve la suerte de trabajar en una escuela que consideraba la nutrición, el comportamiento y el calce adecuado de la silla de montar, y trabajé de forma individual con los estudiantes. Esto me permitió experimentar y desarrollar el método que deseaba que me hubieran enseñado cuando era niña.

Cuando los niños se te acercan para aprender acerca de los caballos, está la oportunidad perfecta de presentarles un enfoque holístico, en muchos casos, desde el primer contacto con ellos. A menudo están dispuestos a absorber cualquier información que rodee al caballo, siempre y cuando se les proporcione de una manera divertida y atractiva para ellos. En mi etapa como instructora de una escuela de equitación, trabajé con un número importante de niños y cada vez me conmovía profundamente la pureza e inocencia con la que se acercaban a los caballos. El castigo positivo nunca estuvo cerca de su conciencia, a menos que lo hubieran puesto allí los instructores anteriores. En estos casos, el castigo positivo se descartó fácilmente frente a la opción de una comunicación más ética, como es natural para los niños.

La combinación de esto con un pony como Topaze, que estaba muy motivado por los elogios y el rascado, junto con una inclinación natural por relacionarse con niños pequeños, fueron mis primeras ideas sobre el trabajo de refuerzo positivo en su estado más puro.

Hay muchos elementos a considerar cuando se trabaja con niños y caballos, y dividiré los más importantes en secciones.

1. La seguridad es primordial en todo momento

Esto se aplica a todo entrenamiento, con todas las personas y todos los animales, aunque se vuelve especialmente importante con los niños, ya que a menudo desconocen por completo los posibles peligros. Esto significa que deben emparejarse con ponies del tamaño adecuado, como punto de partida. Las medidas de seguridad deben introducirse de manera que les ayuden a recordar por qué son tan importantes. Por ejemplo, si les explicamos que los caballos no tienen el mismo campo visual que nosotros y dónde están sus puntos ciegos, los niños a menudo recordarán y preguntarán si el caballo puede verlos desde donde estén. Esto les ayuda a comprender por qué deben rodear la parte trasera   de un caballo caminando en un círculo amplio.

También es fundamental explicar y revisar los nudos de atar de liberación rápida, y volver a ellos con regularidad enfatiza su importancia para los niños. Desarrollé un pequeño juego al que llamé “3, 2, 1, susto” para trabajar en el nudo de una manera atractiva.

Una vez que han entendido que los caballos son animales de presa (por tanto, de huida) y pueden asustarse de los elementos en su entorno de manera repentina, es fácil introducir un ritual de práctica para ayudar al niño a comprender cómo funcionan los nudos de liberación rápida. 

Yo contaba hacia atrás desde tres, lo que indicaba que el pony estaba empezando a ponerse ansioso y ante la palabra “susto”, habría una gran reacción de miedo a algo en el ambiente. Durante este juego, el caballo en cuestión nunca se asustaba ni se ponía ansioso, pero los niños se lo tomaban muy en serio y se apresuraban a desatar el nudo y tranquilizar al caballo acariciándolo y hablándole en voz baja. Esta actividad también permite discutir las señales de comportamiento que podrían aparecer antes de una reacción mayor de miedo, como cambios en la postura de la cabeza, tensión en los músculos, resoplidos u ojos triangulados.

Una vez sucedió que el querido Topaze comenzó a retroceder porque el viento golpeó la puerta de un establo que se cerró detrás de él y el niño con el que estaba trabajando ese día se apresuró a liberarlo. Ese día no ocurrió ningún daño aparte del niño que me regañó porque la puerta debería haber estado cerrada. Podría haber sido terrible para mi ego, pero en realidad fue un momento muy orgulloso para mí como entrenadora consciente de la seguridad y el comportamiento.

2. Elegir un pony apropiado

Esto también está ligado a la seguridad. Los caballos tienen sus combinaciones individuales de experiencias de vida y rasgos de personalidad que contribuyen a sus preferencias de actividades en las que participar. Algunos caballos muestran una tensión facial y corporal significativa alrededor de los niños, mientras que otros están mucho más tranquilos y buscan el contacto con el niño acercando la cabeza y olfateándolos, con las orejas relajadas. Esto es muy importante para mí, ya que esos caballos están naturalmente inclinados a querer participar en este tipo de trabajo.

Para los demás, por supuesto, podría diseñar planes de modificación de comportamiento para ayudarlos a ser aptos para trabajar con niños mediante un marco de LIMA. Sin embargo, creo que esto no necesariamente viene a lugar cuando se trabaja con los hijos de otras personas en un contexto de entrenamiento, ya que uno es responsable de estos niños mientras están con nosotros. Creo que sería un riesgo mayor trabajar en un plan de modificación de conducta en este tipo de situación. Por estas razones, prefiero trabajar con niños junto a caballos y ponies que ya muestran una inclinación natural por ello. También siento que esto es mucho más respetuoso con cada caballo, ya que nos permite considerarlos individualmente, en lugar de que se les imponga un papel no deseado.

3. Mantener al niño y al pony comprometidos

Una sesión estándar dura aproximadamente una hora. Siendo realistas, esto puede terminar siendo demasiado largo para los niños pequeños y también para los ponies en un enfoque tradicional con el montar como objetivo principal. Sin embargo, si el enfoque es simplemente enseñar a los niños cómo estar con los caballos y cambiamos nuestras lecciones a crear compañerismo con los caballos en lugar de crear jinetes que solo los monten, entonces podemos diseñar sesiones que mantengan al caballo o pony y al niño comprometidos durante todo el proceso.

Una sesión típica para mí con este enfoque se parece a esto:

Primero, vamos a buscar al pony juntos al establo o al campo. Observamos el comportamiento inicial del pony, por ejemplo si vienen o no hacia nosotros. Si no, ¿se van cuando nos acercamos? Dialogamos sobre esto por un momento y en general si el pony se ha ido o no se ha acercado a nosotros, al final de la discusión están cerca y mirándonos con un lenguaje corporal más relajado. Luego trabajamos en poner el cabestro y guiarlos al área de aseo. Para un entrenamiento de refuerzo positivo y alentar la elección de los caballos, este es un buen momento para enseñar a los niños sobre la colocación voluntaria del cabestro.

Luego lo acicalamos y arreglamos juntos mientras discutimos lo que el caballo está comunicando durante todo el proceso. Aumento la distancia progresivamente hasta que se estén acicalando y ensillando de forma independiente, pero me mantengo cerca para asegurarme de que las medidas de seguridad se cumplan y para mantener al niño y al pony comprometidos. Durante este tiempo, incorporaremos el ejercicio de campo de visión antes mencionado y “3, 2,1, Susto“.

El último componente de la sesión es trabajar en habilidades de guiado y conducción en torno a un recorrido de obstáculos simple que he establecido previamente. Finalmente, trabajamos en el mismo proceso bajo la silla de montar, en forma guiada. De manera similar, aumento mi distancia del niño y el pony a medida que el niño aprende y se vuelve más independiente.

Los ponies siguen participando durante estas sesiones porque se estimulan de muchas formas diferentes. Además, sus señales de comportamiento son una parte vital de cada sesión, lo que significa que siempre están por debajo del umbral. También me gusta mucho el circuito de obstáculos porque le da estructura al pony, y también pueden concentrarse en ella tanto como el niño. Proporciona un objetivo común para el niño y el pony, lo que les facilita el desarrollo de la comunicación entre ellos.

Con niños muy pequeños, involucrar su creatividad es una excelente manera de mantenerlos enfocados. Los animo a crear una historia sobre los obstáculos que he preparado. Una serpentina de conos se convierte fácilmente en una ribera sinuosa y los postes en el suelo a menudo se convierten en troncos de árboles caídos en un bosque. Como instructora, he llegado a amar este ejercicio. 

En mi tiempo en la escuela de equitación, veía a los niños entusiasmarse con ojos brillantes, y los ponies siempre tenían las orejas hacia adelante con cuerpos y rostros igualmente relajados.

Aquí es donde mi tributo a Topaze en particular pasa a primer plano, aunque hubo muchos otros equinos maravillosos con los que trabajé, como su hermano Pégase, Lucky, Blacky y muchos otros. Con el tiempo, Topaze se involucró tanto en este trabajo que se convirtió en una sesión de cooperación tan combinada entre él, el niño y yo que realmente se puede decir que él era mi compañero de equipo con cada niño con el que trabajamos juntos. 

Pude preparar a los niños para saltos (pequeños, por supuesto, hasta que fueran mayores y con más experiencia) sin guiarlo con la cuerda auxiliar, siempre que lo estuviera esperando del otro lado a una distancia segura para felicitarlo y acariciarlo, mientras el niño en cuestión lo abrazaba con una risa exultante.

Esto comenzó a construirse cuando noté la tendencia que Topaze tenía de virar hacia mí cuando lo elogiaba por la respuesta correcta, incluso con un estudiante en su lomo. Con el tiempo me di cuenta de que había instalado una palabra marcadora, por accidente. Él había aprendido que cuando decía “¡buen chico!” recibía muchas caricias y abrazos cuando venía a verme. Aunque inicialmente esto fue completamente accidental, rápidamente me di cuenta de que era realmente útil para enseñar a los estudiantes, ya que Topaze estaba enfocado en cómo conseguir caricias. Esto significaba que la primera vez que dejaba a los estudiantes sin sostener yo la cuerda de guiado auxiliar, podía colocarme un par de pasos por delante de ellos y pedirles que caminaran hacia mí, aplicando las ayudas de ciertas formas. Sabía que había una gran probabilidad de éxito y, por lo tanto, una gran experiencia de aprendizaje para el niño, porque Topaze sabía que venir hacia mí siempre era una respuesta que se reforzaba positivamente. 

Las primeras transiciones hacia el galope sin la cuerda auxiliar se realizaron sin problemas por la misma razón. Ejecutaría la transición al galope perfectamente, sin importar dónde se encontrara en la arena, y luego me buscaría para la siguiente pregunta. 

Refiné mi comunicación con él hasta el punto en que sabía exactamente cómo configurar los ejercicios de salto iniciales para generar experiencia y confianza en sus jóvenes jinetes, al mismo tiempo que me aseguraba de que Topaze disfrutara de sus sesiones y obtuviera algo que valoraba mucho de ellas: caricias y abrazos.

Con jinetes más experimentados que necesitaban menos de mi seguridad y proximidad, Topaze aprendió que los mimos y las caricias vendrían después de cierta cantidad de esfuerzo. Se mantendría comprometido durante todas las sesiones siempre que hubiera descansos regulares en los que su jinete y yo lo rascáramos y acariciáramos mucho.

Debido a estas experiencias, sé que esta es una forma mejor, más holística y más segura de trabajar con niños y caballos, y está muy lejos de muchas de mis propias experiencias cuando era niña, que estaban cargadas de ansiedad y miedo. Continuaré con este enfoque a lo largo de mi carrera y, a medida que gane en conocimiento y experiencia, podré incluir más entrenamiento basado en recompensas y refuerzo positivo de una manera más estructurada.

Enseñar a los niños acerca de los caballos, ya sea puramente montando o con un enfoque más global, es una responsabilidad que debe tomarse en serio de muchas maneras. No solo somos responsables de enseñarles a estar seguros con animales tan grandes, sino que también estamos transmitiendo la verdadera naturaleza del caballo a una nueva generación, dentro de la cual muchos se convertirán en amantes de los caballos de por vida que darán un hogar a nuestros caballos. En los niños a los que enseñamos también hay futuros médicos veterinarios, herradores, terapeutas físicos, mozos de cuadra, jinetes profesionales, etólogos, medallistas olímpicos, entrenadores…

Es esencial que reconozcamos que estamos en una posición única para comenzar sus viajes entendiendo la importancia de darle una opción al caballo y reconociendo que al solicitar con amabilidad y paciencia, respetar las respuestas que recibimos y recompensar al caballo por lo que nos dan, en lugar de forzar un resultado, construimos mucho más con estos animales que todos amamos tan profundamente.

No hay comparación y no hay mayor placer como instructora que presenciar la felicidad de un niño bajo su tutela, mientras descubre la verdadera alegría de estar con los caballos y es testigo de la verdadera cooperación y disposición del caballo. Nunca olvidaré la expresión del rostro de Topaze mientras cabalgaba con niño tras niño en saltos con tanta facilidad y con riendas largas y guiado defectuoso de sus jóvenes e inexpertos jinetes, solo para detenerse en silencio y recibir los cariños de sus compañeros humanos. Realmente era un pony maravilloso y me siento honrada de haber trabajado con él durante tanto tiempo. Que descanse en paz junto con todos los otros maravillosos caballos que han estado en este planeta.


Nadia Hernández es entrenadora y especialista en comportamientode equinos, así como entrenadora de Dressage. Tiene una Licenciatura en Psicología y una Maestría en Ciencias Equinas de la Universidad de Edimburgo. Dirige un sistema de apoyo ecuestre integral con un enfoque en los problemas de conducta y la creación de vínculos entre el caballo y el ser humano. Vive en Luxemburgo con su pareja, su perro y sus cuatro caballos.

(Traducido por Nancy Treviño, IAABC Español)