Por Silvia Vai

El tiempo pasa inexorablemente para todos y también para el gato, nuestro compañero de cuatro patas. De repente nos preguntamos su edad, hacemos cálculos y no podemos creer cuánto envejeció, casi sin darnos cuenta. Clío, mi compañera de vida, ya cumplió 17 años; muchos para ella.

El envejecimiento es un proceso biológico complejo, lento y progresivo, con cambios fisiológicos y adaptativos,en el cual disminuye la capacidad del sujeto de mantener el equilibrio interno y de responder adecuadamente a cambios del entorno físico y social.

El 50 % de los gatos de entre 11 y 15 años, y el 75 %  de más de 16 muestran, además de dificultades físicas, problemas de deterioro conductual y cognitivo; este porcentaje es mayor en hembras.

Actualmente, en las grandes ciudades aumentó notablemente la esperanza de vida del animal de compañía, así también se incrementó el riesgo de desarrollar trastornos físicos y del comportamiento relacionados con la edad, pero un bajo porcentaje de tutores reporta a su médico los cambios conductuales que observan en el animal porque suponen que al deberse al proceso natural no se puede hacer nada para mejorar su condición.

No hay que olvidar que el gato añoso necesita más cuidados que antes. Requiere alimentación –casera o comercial– de calidad y bien balanceada, vacunación anual, desparasitación frecuente; y es imprescindible realizar controles frecuentes con el médico veterinario para detectar en forma temprana la aparición de patologías propias de la vejez y tomar las medidas necesarias para preservar su bienestar. Neoplasias, enfermedades neurológicas o endócrinas, patologías del hígado, riñón o corazón y otras tantas pueden presentarse en forma aislada, o en combinación con desórdenes cognitivos y emocionales en el anciano. 

El viejito puede estar menos activo, ya no corre o sube a determinados muebles como antes, se altera la calidad del pelaje, y la sordera puede facilitar su respuesta con agresión ya que, al no oír, puede sorprenderse y reaccionar mal cuando alguien se acerca y lo toca por sorpresa. Los miedos extremos y la ansiedad también suelen evolucionar con la edad si no recibieron el tratamiento adecuado con anterioridad; y puede presentarse un cuadro depresivo crónico caracterizado por una menor respuesta a diferentes estímulos habituales en su entorno físico y social.

Una condición patológica del comportamiento geriátrico es el Síndrome de Disfunción Cognoscitiva, un desorden neurodegenerativo que se manifiesta con pérdida de las capacidades cognitivas que no son solo atribuibles al deterioro físico y se evidencia por cambios en diferentes patrones de conducta. Los signos clínicos, leves al principio, progresan con el tiempo, y es necesario tenerlo en cuenta dentro de los diagnósticos diferenciales de las patologías propias de la edad.

El paciente puede no responder al llamado, lo que se confunde con sordera; y mostrarse indiferente cuando sus tutores regresan al hogar. Se relaciona poco o nada con su familia humana u otros animales con quienes convive, está más irritable y responde en forma agresiva cuando lo acarician o pasan cerca de él. O, por el contrario, puede evidenciar menor tolerancia a la separación, con hiperapego y ansiedad cuando la persona sale de su vista. 

No aprende cosas nuevas y olvida lo aprendido, vocaliza frecuentemente en forma intensa, puede mostrarse desorientado en su propia casa, lo que puede confundirse con ceguera. No reconoce lugares habituales y camina sin descanso, día y noche, sin objetivo y dirección, formando círculos u ochos hacia uno u otro lado. 

Si siempre fue limpio, puede verse que últimamente orina o defeca en cualquier lugar; y hay aumento, disminución o falta de acicalado. Presenta cambios en su apetito, empieza a ser selectivo con el alimento, o muerde e ingiere cosas no comestibles.

Pero algo que afecta seriamente a quienes conviven con él, porque impide el descanso, es que manifiesta alteración del ciclo sueño-vigilia, permanece despierto durante la noche, cuando deambula y vocaliza.

El síndrome de disfunción cognoscitiva es una patología que no tiene cura, pero mediante el tratamiento temprano es factible hacer más lento su progreso y retrasar la aparición de los síntomas más severos, mejorando así la calidad de vida del paciente y la convivencia con él en detrimento de su abandono o eutanasia. Consultar con el veterinario especialista en etología clínica permitirá tener las herramientas necesarias para acompañarlo en este proceso de vida.

Soy Silvia Vai, médica veterinaria, especialista en etología clínica (medicina comportamental), rama de la medicina veterinaria que se ocupa de prevenir comportamientos indeseables para la convivencia, por lo que aconsejo que si están  presentes estos signos, consideren buscar ayuda para detectar la causa y diseñar un plan de tratamiento para mejorarlos o resolverlos y recuperar el bienestar emocional del paciente y de su entorno social.


La Dra.  Silvia I. N. Vai es médica veterinaria, especialista en etología en pequeños Animales CPMV; especialista en Clínica Médica de pequeños animales FCV UBA; diplomada en Etología Clínica CEMV. Pueden apreciar más de su trabajo en http://silviavai.blogspot.com