Por Tiro Miller, PhD

“Creo que el futuro incluye mucho más que solo permitirle al alumno optar por participar o no (a pesar de que eso ya está bastante bien, ha estado circulando ya por un tiempo). El futuro incluye preguntarle al alumno por su permiso activo para comenzar y continuar con el entrenamiento. Para dirigir las elecciones sobre lo que se entrena, por cuánto tiempo y bajo qué circunstancias. El futuro entrelaza elecciones y consentimiento en todos los aspectos del entrenamiento, trabajo conductual y competición. El futuro incluye usar el consentimiento activo como reforzador en sí mismo, el derecho de alejarse como una parte significativa del paquete de reforzamiento y el derecho de continuar como un reforzador valioso, en sí mismo. Reforzar por la decisión de participar en la actividad, es algo asombroso realmente.” Denise Fenzi1

La visión de un futuro más respetuoso con nuestros compañeros caninos que describe Denise Fenzi en esta cita, afortunadamente, está siendo más prevalente en el mundo del entrenamiento y refugio de perros. Como entrenadores, personal de refugio y consultores de conducta cada vez se ve más a los perros como alumnos, compañeros y acompañantes que como herramientas, accesorios o “bebés peludos”, se están asumiendo ideas de consentimiento, derechos y respeto.2 Creo que las formulaciones más interesantes y útiles de estos conceptos, sin embargo, pasan desapercibidos para los entrenadores y consultores de comportamiento que podrían preocuparse más por ellos. 

La razón de esto es que estos conceptos están siendo desarrollados por «personas por los derechos de los animales», que desafortunadamente se ha tergiversado como un grupo extremista que quiere abolir los perros para siempre, por lo tanto, son ignorados por algunas personas que podrían beneficiarse de su trabajo3. Pero no todos los defensores de los derechos de los animales están en contra de la tenencia de mascotas y muchos académicos que trabajan por los derechos de los animales se describen como amantes de los perros. 

En este artículo, explicaré cómo una teoría de derecho para los perros, desarrollada por Sue Donaldson y Will Kymlicka en una serie de publicaciones, puede ayudarnos a darle sentido a las ideas de consentimiento y acción, así como también entregar una justificación más sólida de lo que muchos miembros de la comunidad de entrenamiento canino progresivo ya están haciendo para mejorar la vida de los perros y sus compañeros humanos.

Lo que pueden aprender del consentimiento los entrenadores caninos

Los entrenadores caninos han desarrollado un entendimiento sobre el consentimiento que refleja algunas de las últimas investigaciones sobre el tema, centradas en el ser humano. Uno de los elementos claves compartido es que el consentimiento digno de respeto no necesita habilidades cognitivas autorreflexivas complejas, que es lo que mucha gente cree que son necesarias para que un ser tenga una posición moral. Muchas personas entienden que es bueno respetar el consentimiento de niños y humanos con profundas discapacidades intelectuales; los entrenadores caninos progresivos agregarían a la lista a los perros, gatos y animales silvestres. Los perros no tienen que ser capaces de explicar por qué no quieren hacer algo para que su consentimiento importe, ellos solamente necesitan comunicar que no quieren hacerlo. 

Otro enfoque compartido entre los entrenadores caninos y los conocimientos de los derechos de los animales es el costo que significa el elegir alejarse. Los entrenadores caninos y consultores de comportamiento entienden cómo establecer contingencias para hacer más probable que un individuo elija un comportamiento que el humano prefiere sobre uno que no. Entendemos sobre refuerzo diferencial y extinción y, con suerte, somos lo suficientemente sensibles a los intentos de un perro de comunicarse y expresar sus preferencias para hacer lo correcto de forma deseada y entretenida. En estos tiempos, como Denise Fenzi comenta en la cita de arriba, la conversación se ha expandido a una discusión sobre qué pasa si es que el perro no quiere hacer lo correcto. ¿Qué significa que un perro elija salirse del entrenamiento? ¿Cuánta presión podemos aplicar sobre ellos para cambiar sus mentes antes de cruzar la línea de la coerción? ¿Si el costo de decir «no» está prohibido, entonces decir «sí» es realmente algo éticamente significativo?

Joseph Fischel discute sobre el costo de decir que no en sus clases legales sobre consentimiento en niños y personas con profundas discapacidades cognitivas.4 Argumenta que si hay un desequilibrio de poder tal que la persona que da su consentimiento cree que decir «no» provocará daños graves, ya sean psicológicos o físicos, directa (p.ej. violencia) o indirectamente (p.ej. descuido, abandono), entonces el consentimiento no puede usarse como justificación de por qué un acto no está mal. El consentimiento hace una intervención ética solo si es que el individuo al dar su consentimiento siente que está seguro y puede decir que no. 

Entrenadores caninos y consultores de comportamiento deben ser especialmente sensibles a estas percepciones de poder, porque incluso el entrenamiento en base a refuerzo positivo puede perderse en la coerción.5Los perros mantenidos en casas como mascotas son dependientes de sus cuidadores humanos para su supervivencia. Si un perro cree (o más bien, si tenemos buenas razones para pensar que creen) que serán abandonados, heridos o de otra manera dañados significativamente si se alejan, entonces su consentimiento no hace que lo que estamos haciendo por ellos esté bien o sea adecuado para nosotros. 

Desde el consentimiento a los derechos

Respetar el consentimiento significa entender que el perro que está frente a nosotros tiene el derecho de irse y el derecho de sentirse seguro si lo hace. Para entender lo que significa para un perro tener el derecho de dar consentimiento, necesitamos entender lo que significa ser alguien que su consentimiento nos debería importar.Cuando reconocemos que necesitamos respetar el consentimiento de alguien, reconocemos que es capaz de desarrollarse como individuo y tener el derecho de tomar decisiones sobre cómo debería ser su vida. 

No entraré muy en detalle en la pregunta de si y por qué los perros tienen derechos, pero incluiré al final de este artículo algunos de mis recursos favoritos sobre la teoría moderna de los derechos de los animales. Para ser preciso, la teoría de los derechos de los animales comienza de la premisa de que cada criatura viviente con un punto de vista subjetivo único sobre el mundo importa moralmente de la misma manera básica. Cualquier ser con una vida que pueda ir bien o mal, que tenga la capacidad de tener esperanza, deseo, decepción, en fin, cualquiera con los rasgos que vemos en nuestros perros todos los días, que los hacen ser compañeros tan queridos, debe esperar ser considerado como parte de «alguien que importa». Esto es cierto para todos los seres humanos independientemente de sus habilidades y debería ser cierto para todos los animales independientemente de las suyas. Si nos preocupamos por hacer lo correcto, por actuar de una manera que promueva la justicia y el desarrollo y nos aleje de la crueldad y el sufrimiento, entonces no tenemos una buena razón para excluir a los animales no humanos de nuestra cosmovisión moral. Aprender a escuchar y respetar el consentimiento donde sea que se pueda dar es bueno para los individuos que se expresan y es bueno para sus cuidadores y el resto de la sociedad (el paternalismo y la opresión perjudican a todos los involucrados, aunque de diferentes maneras).

Quiero indagar qué significa para los perros y los humanos que aceptemos que hay algunas cosas que los perros tienen derecho a esperar de sus compañeros humanos y de las comunidades a las que han sido traídos. Pero primero, dejemos clara una cosa: creer que los animales tienen derechos no significa creer que los animales debiesen ser tratados igual que a los humanos o que cada interacción entre humano y animal es moralmente sospechosa. Muchos entrenadores caninos expresan sus preocupaciones sobre «personas por los derechos de los animales» que les dicen que sus perros viven vidas miserables, comparándola con la de los esclavos o incluso de que la especie canina no debería seguir existiendo.7 Esta visión abolicionista extrema, que dice que no existe forma ética para que los humanos y perros vivan juntos, es comprensiblemente horrorosa para cualquiera que viva con perros y los ame y, en última instancia, contraproducente para el movimiento por los derechos de los animales.8

Es posible estar comprometido con los derechos de los animales sin desvincularse por completo del mundo canino y de las relaciones con los perros. De hecho, como dice Barbara Smuts, sentimos la presencia de otro yo en un animal más profundamente que simplemente saber que está allí.9 Para muchos profesionales en comportamiento animal y muchos activistas por los derechos de los animales, nuestra primera chispa de conexión genuina con un animal vino a través de nuestra relación con un perro de compañía.2Es porque reconocemos al individuo animal no humano con el que nos comprometimos para hacer del mundo un lugar mejor para los perros y sus familias humanas.En lugar de darle la espalda a la idea de que el momento tuvo un significado moral (por el bien del reduccionismo científico fuera de lugar10) o por vergüenza a nuestra vulnerabilidad emocional, debemos apoyarnos en ella y nunca olvidar cómo se siente mirar a un perro a los ojos y sentir que hay alguien allí.

En contra de la visión abolicionista

Mientras que algunos activistas por los derechos de los animales reclaman por cómo son tratados los perros, basados en verdades incómodas sobre opresión y paternalismo, el punto de vista abolicionista no es la única conclusión que podemos sacar de la premisa de que los perros son una especie de seres que importan moralmente. De hecho, dar a los perros el respeto que merecen significa traerlos más hacia la sociedad, no abandonarlos o permitir que se extingan. 

«No existe una razón para asumir que el remedio a la injusticia original de la domesticación es extinguir a las especies domésticas. De hecho, bien podríamos pensar que esta propuesta abolicionista podría agravar la injusticia original, dado que la única forma de lograrla es restringiendo coercitivamente a los animales domésticos (p. ej. impidiendo que se reproduzcan). El remedio, más bien, es incluirlos como miembros y ciudadanos de la comunidad.»11

Sue Donaldson y Will Kymlicka han desarrollado una teoría sobre los derechos de los animales que argumenta en contra de la abolición, trabajando desde una concepción de derechos relacionales y membresía comunitaria.11,12 Independientemente de lo que pensemos sobre la moralidad de domesticar una especie de animal salvaje como lo hicieron los humanos con los cánidos en el pasado distante, los perros ahora viven como parte de nuestras comunidades. Mientras que nuestros deberes con los animales salvajes se resumen mejor como «dejarlos vivir libremente en sus propias comunidades», para los animales domésticos como los perros, su comunidad es nuestra sociedad. Dependen de nosotros y tenemos un conjunto especial de obligaciones para con ellos porque, para ser francos, los hicimos de esta manera. Encontrar una forma más justa y amable de convivir con los perros de compañía no significa desconectarnos de nuestra relación con ellos. De hecho, significa encontrar nuevas formas de vivir con ellos que sean menos opresivas y, con suerte, más complejas y alegres. Esto comienza con la incorporación de los perros a la sociedad de forma más completa, dándoles reconocimiento social.

Reconocimiento social para los perros

A pesar de que aún nos queda un largo camino, antes de que todas las personas acepten que los perros tienen derechos que deben ser protegidos por la sociedad, ya estamos viendo signos de un gran cambio en la percepción pública de los perros. Las mascotas caninas están cada vez viéndose más como miembros de la familia que como propiedad – los expertos en derecho animal citan una serie de casos legales relacionados con el divorcio, mordeduras de perro y herencia en que los solicitantes han exigido que los perros sean tratados de la misma manera que un niño humano.13,14

Las familias y comunidades tienen obligaciones con sus miembros, cosas que sus miembros tienen el derecho de esperar, como cuidado médico, suficiente comida y enriquecimiento especie-específica. Los entrenadores caninos y consultores conductuales saben de esto porque a menudo los traen no solo porque un perro se está comportando de una manera molesta para los humanos, sino que también porque nuestros clientes tienen un sentimiento de responsabilidad de ayudar a su perro a prosperar en casa.  

No necesitamos pedir que los perros sean personas completamente legales para argumentar que ellos no son propiedad. Aunque la personalidad es el objetivo de casi todas las teorías de los derechos de los animales, Kymlicka incluye que reconocer el derecho de los perros de ser miembros sociales es todavía un paso importante para avanzar. El reconocimiento social es una manera de entender tanto sobre cómo debemos responder a los perros como criaturas inteligentes capaces de amar a otros, como también explicar que ya vemos a los perros como algo más que solo cosas.

Traer a los perros más explícitamente en nuestra sociedad como miembros de la comunidad no es algo fácil de hacer. Tal vez el cambio más fundamental necesitará que los humanos crean que tienen la obligación de escuchar a los perros y respetarlos cuando se comunican. Eso no significa que debamos hacer todo lo que ellos dicen (¡nadie está diciendo que instalemos una dictadura canina!) pero sí significa que, como humanos, solo deberíamos restringir su libertad para elegir lo que les sucede si tenemos una buena razón para hacerlo.

Entrenadores caninos y consultores de conducta ya pueden entender mucho de lo que quieren los perros y por qué. Podemos jugar el rol de interpretador y defensor de los perros, trabajando para crear dinámicas familiares y ambientes hogareños más adecuados para ellos, como también enseñarles a encajar y expresarse de forma socialmente apropiada. 

Más allá de la obligación general de respetar a los perros como miembros de nuestra sociedad mixta de humanos y animales, Donaldson y Kymlicka describen tres áreas en las que nuestro trato a los perros debe cambiar: socialización, entrenamiento y accesibilidad.

Socialización

La socialización es el proceso por el cual un animal joven aprende los comportamientos que son aceptados en su comunidad. La Asociación Americana de Medicina Veterinaria define socialización como «el proceso de preparar a perros o gatos a disfrutar de las interacciones y estar cómodos con otros animales, personas, lugares y actividades». Con la llegada de Puppy Culture y otros programas de socialización temprana, los criadores de perros están prestando más atención que antes a la socialización. Los entrenadores caninos también tienen clases especializadas para cachorros, algunas muy estructuradas y otras más libres y varios estudios han demostrado que son efectivas en cuanto a promover la integración social y prevenir problemas de comportamiento. 15,16

En el libro Zoopolis, de Donaldson y Kymlicka, comentan que, si queremos respetar a los perros como ciudadanos compañeros, necesitamos desarrollar relaciones con ellos que no sean opresivas y paternalistas. Los perros adultos no son «bebés peludos» y clasificarlos como niños eternos les da licencia a los humanos de dominar e invalidar sus deseos en una forma que es incompatible con el reconocimiento como co-ciudadanos (p. 125). Continúan argumentando que la socialización necesita enfocarse en entregar a los cachorros las herramientas para navegar en el mundo con la mayor capacidad posible, para que no necesiten estar sujetos a restricciones y confinamiento constante. 

La cultura canina progresiva está trabajando duramente para crear individuos que sean capaces de desarrollarse en una sociedad mixta humano-animal. Una comprensión más profunda de los motivadores éticos para la socialización, más allá de formar perros agradables que se integran bien a las familias humanas, podría incluso informar el desarrollo de mejores programas para criadores. 

Entrenamiento

El respetar el derecho de consentimiento del perro está íntimamente relacionado con el entrenamiento en dos formas. Primero, tanto perros como sus compañeros humanos necesitan ser educados en un idioma en común, para que ambas partes puedan comunicar lo que necesitan y desean de cada uno. Ya sea presionando una timbre para salir de casa o entregar una señal verbal para que se baje del sillón, el entrenamiento permite a los perros a expresarse de forma proactiva y a los humanos a comunicarse de forma clara cuando necesitan hacerlo. 

Segundo, el objetivo del entrenamiento debería ser ayudar a los perros a desarrollarse en su mundo. El entrenamiento no debería hacerse por razones especistas, es decir, solo por el bien de la comodidad, conveniencia o disfrute del humano. El objetivo del entrenamiento debiese ser aprender nuevas habilidades que son compatibles con respetar el derecho del perro de decidir no participar. En Zoopolis, Donaldson y Kymlicka, sugieren que no hay nada inherentemente malo en entrenar perros en obediencia básica, deportes o realizar trabajo emocional o físico para los humanos. Sin embargo, los perros de trabajo necesitan participar en términos muy diferentes a como los que se tratan ahora. 

Para que dicho uso no sea de explotación, el animal debe estar en condiciones de dar una indicación clara de que disfruta de la actividad, que prospera con la estimulación y el contacto y que el trabajo no es un precio que debe pagar para recibir el amor, la aprobación, los premios y el cuidado que se merecen (y necesitan) … Si la única forma en que un perro recibe premios, tiempo de juego o afecto de los demás es realizando tareas para complacerlos, esto es chantaje, no educación.11

Algunas organizaciones de perros de servicio ya están progresando en la selección de solo aquellos perros que realmente prosperan en su trabajo y en desarrollar programas de entrenamiento que no cruzan la línea de la coerción.17Una concepción más clara de los derechos de estos perros de trabajo (condiciones de trabajo justas y renunciar a sus trabajos sin temor a represalias, a medida que los académicos se están desarrollando en el campo emergente de los estudios sobre el trabajo animal),18-20 podría ayudar a los entrenadores de perros de servicio a hacer aún más para cambiar sus prácticas de manera que beneficien a nuestra sociedad mixta de humanos y perros. 

Accesibilidad

Yendo más allá, comenzamos a entender que ser miembro de una sociedad que incluye individuos con diferentes capacidades y modalidades de desarrollo significa que debemos construir una comunidad que proporcione herramientas para que todos tengan la oportunidad de realizar su propio bien subjetivo a través de su propia capacidad. Usar el confinamiento y evitar que los perros compartan nuestros espacios son formas de afirmar nuestro dominio sobre los perros y deberíamos ser mucho más reflexivos acerca de por qué necesitamos darles tan poca libertad.

Reconocer a los animales como ciudadanos tiene 3 implicaciones claves para los derechos de movilidad. Primero, significa extender a los animales domésticos la misma presunción general contra la restricción/confinamiento, y el derecho positivo para la movilidad suficiente para liderar una vida floreciente. Segundo, la teoría de la ciudadanía nos anima a atender cuestiones de desigualdad estructural (es decir, ¿está la sociedad construida de manera que se limite innecesariamente la movilidad de ciertos individuos o grupos?). Finalmente, nos pide que prestemos atención a cuestiones de reconocimiento y respeto, es decir, ¿hay formas en las que la sociedad utiliza restricciones arbitrarias a la movilidad como una forma de marcar un estatus inferior?11

En Estados Unidos, restringimos a nuestros perros de muchas formas, mucho más que en Europa u otro lugar del planeta y, sin embargo, muchos americanos han mencionado lo bien que se portan los perros europeos cuando los ven silenciosos en un café de París.21 La excepción a esta regla son los perros que viven con personas sin casa (estos perros tienen más libertad que los que viven en casas y muestran menos problemas conductuales que la contraparte que está en hogares).22

Una vez más, muchos entrenadores caninos ya están trabajando para lograr un mundo en el que dejarlos en jaulas durante períodos prolongados (o nada),23 quedarse solo todo el día, con correas cortas y caminar solo cuando y donde el ser humano elige son cosas del pasado. Ya sabemos el valor de las caminatas sin correa, paseos de olfato24 y dejar al perro elegir su propia ruta de paseo. Hacer el mundo lo más accesible posible para que los perros no necesiten confinamiento en absoluto es un sueño lejano, por supuesto, pero entrenadores caninos y consultores de comportamiento pueden hacer su parte al promover entrenamiento que entregue a los perros las habilidades que necesitan para navegar en el mundo y convencer a sus familias humanas de reducir el confinamiento y restricciones lo que más puedan. 

Conclusión

Los perros nos necesitan. Sabemos que, si los tratamos con respeto y atendemos sus capacidades individuales y especie específicas, son capaces de experimentar buenas vidas, llenas de alegría. Sabemos que a algunos de ellos les encanta trabajar con y para nosotros, ya sea entregando trabajo emocional a sus familias o como perro de terapia, dirigiendo sus conductas hacia cosas como la protección de recursos y territorialidad, cosas como cuidar ganado o realizar tareas altamente especializadas en detección, deportes o servicios para personas con discapacidades. Sabemos, a través de nuestro trabajo con ellos o de la diaria convivencia, que es posible tener una relación con un perro que no sea paternalista o dominante, sino una que sea formada sobre el amor y respeto mutuo entre dos seres con capacidades diferentes, pero que ambos tienen el mismo interés fundamental en compartir una buena vida juntos. 

Los entrenadores caninos realmente pueden cambiar el mundo para perros y humanos en cuanto a hacerlo más alegre y más justo. También pueden ser una rica fuente de experiencia, conocimiento y visión que les permite defender el derecho de los perros de vivir en una sociedad que es tanto suya como nuestra. El simple hecho de que los perros sean seres sintientes es suficiente para que algunas personas sepan que no podemos usarlos, explotarlos o matarlos para «un bien mayor». Pero para muchos otros, se necesita tanto un momento de reconocimiento mutuo con un animal como la educación sobre cuán cognitivamente complejos son los animales para que vean este momento como algo más que una «tontería» y un «exceso de emocionalidad». Los entrenadores caninos están perfectamente ubicados para facilitar estos momentos: pueden utilizar métodos científicos que se basan en la inteligencia de los perros para crear situaciones familiares más armoniosas donde el amor y el respeto pueden florecer.

Referencias 

  1. Fenzi, D. (2018) The future of progressive dog training.
  2. Brown, C.M and McLean, J.L. (2015) Anthropomorphizing dogs: Projecting one’s own personality and consequences for supporting animal rights. Anthrozoös 28:1, 73-86
  3. Dolby, N. and Litser, A (2019) Animal welfare and animal rights: An exploratory study of veterinary students’ perspectives. Society & Animals 27:5-6, 575-594.
  4. Fischel, J.J. (2019) Screw Consent: A Better Politics of Sexual Justice. University of California Press.
  5. Stremming, S. (2020) When positive reinforcement is coercive. Cog-Dog Radio, Feb. 18, 2020.
  6. Goodman, D.J. (2011). Promoting Diversity and Social Justice: Educating People from Privileged Groups. NJ: Taylor & Francis,
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  9. Smuts, B. (2001) Encounters with animal minds. Journal of Consciousness Studies 8:5-7, 293-309
  10. Lepeltier, T. (2020) A critique of some appeals to science in animal ethics. Journal of Animal Ethics 10:1, 33-40
  11. Donaldson, S. and Kymlicka, W. (2014) Zoopolis: A Political Theory of Animal Rights. Oxford University Press.
  12. Donaldson, S. and Kymlicka, W. (2014) Animals and the frontiers of citizenship. Oxford Journal of Legal Studies, 34:2, 201-219
  13. Bartlett, S.J. (2002) Roots of human resistance to animal rights: Psychological and conceptual blocks. Animal Law 8, 143-176.
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  16. Duxbury, M.M. et al (2003) Evaluation of association between retention in the home and attendance at puppy socialization classes. Journal of American Veterinary Medicine 221:1, 61-66.
  17. MacPherson-Mayor, D., van Daalen-Smith, C, and Poodle, B. (2020)  At both ends of the leash: preventing service-dog oppression through the practice of dyadic-belonging. Canadian Journal of Disability Studies 9:2, 73-102.
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  19. Porcher, J. and Estebanez, J. (2019) Animal Labor: A New Perspective on Human-Animal Relations. Columbia University Press. 
  20. Porcher, J. (2017) The Ethics of Animal Labor: A Collaborative Utopia. NL: Springer International
  21. Brown, K. (2016) Why are European dogs so well behaved? The Bark magazine.
  22. Williams, D.L. and Hogg, S. (2016) The health and welfare of dogs belonging to homeless people. Pet Behavior Science 1, 23-30.
  23. Sleiman, J. (2019) Is a dog crate really a den? How this very American practice took off. WHYY The Pulse, October 10 2019.
  24. Horowitz, A. (2014) Inside of a dog: What dogs see, smell, and know. New York: Scribner.

Algo de literatura sobre los derechos de los animales

Esta no es de ninguna manera una lista exhaustiva, solo una pequeña colección de libros de los que personalmente obtuve algún conocimiento o percepción.

Francione, G. L. (2007) Rain Without Thunder: The ideology of the Animal Rights Movement. Philadelphia: Temple University Press

Gruen, L. (2015) Entangled Empathy: An Alternative Ethic for our Relationships with Animals. NY: Lantern

Korsgaard, C. (2018) Fellow Creatues: Our Obligations to the Other Animals. Oxford University Press

Nibman, D. (2010) Animal Rights/Human Rights: Entanglements of Oppression and Liberation. Lanham, MD: Rowman and Littlefield.

Palmer, C. (2010) Animal Ethics in Context. NY: Columbia University Press

Regan, T. (1983) The Case for Animal Rights. Berkeley: University of California Press

Steiner, G.  (2008) Animals and the Moral Community: Mental Life, Moral Status, and Kinship.NY: Columbia Univeristy Press

Torres, B. (2007) Making a Killing: The Political Economy of Animal Rights.Edinburgh, Scotland: AK Press.


Tiro Miller Phd, es el jefe de edición del Journal de la IAABC. Tiene un doctorado en bioética de la Universidad de Edimburgo y ha escrito en varias revistas sobre el comportamiento canino y ética, incluyendo en la revista The Bark. Es también colega revisor del Journal of Critical Animal Studies, activista por los derechos de los animales y voluntario de refugio. Tiro vive en San Francisco y comparte su vida con Edie, adorable chihuahua.

(Traducido por Pamina Horlacher, IAABC división español)