Por Sally Foote, DVM

La agresión entre compañeros es un problema conductual serio en muchos perros que viven juntos. Un informe preciso de la incidencia de agresión entre compañeros caninos es desafiante. Pocos dueños informan al veterinario de las peleas entre sus propios perros. La solicitud para el cuidado de heridas por mordida es generalmente el primer indicador para el equipo veterinario, sobre agresión entre compañeros. El pronóstico médico para una mordida nivel 3 es bueno; sin embargo, existe poca información del pronóstico conductual para la situación en que la agresión entre compañeros terminó en una mordida nivel 3.

Usualmente los dueños tratan estas heridas en casa. Sin intervención, la conducta agresiva generalmente suele continuar escalando, dando como resultado mordidas más perjudiciales. Como veterinaria general con experiencia en comportamiento, advertiría de que cualquier agresión es preocupante y necesita de una intervención inmediata.

Hasta hace poco, había poca información sobre los riesgos y factores de pronósticos para agresión entre compañeros. Se realizó una publicación sobre un estudio retrospectivo sobre casos de agresión canina entre compañeros en el Journal of the American Veterinary Medical Association (Diario de la Asociación Médica Veterinaria Americana) en febrero de 2020.1

Los doctores Feltes, Stull, Heron, y Haug revisaron 305 pares de compañeros y analizaron varias características y resultados conductuales. Los datos de encuestas previas indicaban que los pares de hembras y una nueva incorporación al hogar eran la situación más común de conducta agresiva.2 Esta encuesta analizó los resultados de la conducta y los criterios de presentación de los casos para determinar qué factores fueron positivamente indicativos de un resultado exitoso. Los resultados de la encuesta son los siguientes

  • El 70% de los pares tenía una hembra, con un 61% siendo pares del mismo sexo.
  • La protección de recursos fue un disparador en el 72,8% de los casos.
  • En el 59,3% de los casos el agresor fue adquirido después que la víctima.
  • En promedio, los agresores eran 16 meses menores, y 1.5 kg más pesados que el afectado por la agresión.
  • Mordidas nivel 3 y ataques sin provocación fueron resultados deficientes para el éxito conductual.

Las mordidas que rompieron la piel eran un factor importante para determinar posibles ataques y mordidas futuras, a pesar de que los miembros humanos de la casa intentaban manejar activamente los disparadores del agresor. La correlación entre las mordidas y la ruptura de piel, con un bajo éxito en prevenir futuras agresiones, significa que los veterinarios deberían considerar las heridas por mordida como una señal para derivar de forma inmediata a un especialista conductual e intervención.

Aunque un perro requiera asistencia veterinaria por un problema médico no relacionado, si tiene cortes cicatrizados y heridas que pudieran indicar una historia de pelea con otro perro de la casa, yo sugeriría que el equipo veterinario inmediatamente lo derive a un veterinario certificado en conducta o a un especialista en conducta animal y lo documente en su historial médico.

Es de igual importancia que los consultores de conducta que no son veterinarios deriven el caso al veterinario de primeros cuidados cuando se presenta una situación que involucra agresión entre compañeros, ya que podría existir una posibilidad de que los ataques a pesar del manejo conductual sean un riesgo para la salud y bienestar del perro víctima.

Como veterinaria, busco evidencia que apoye mi evaluación, consejo y prescripción para el cuidado de los problemas médicos y conductuales. La ciencia del comportamiento veterinario continúa creciendo con estudios e investigaciones para mejorar nuestro conocimiento. Los resultados de esta encuesta retrospectiva entrega criterios específicos para el equipo veterinario general y de emergencia para que deriven estos casos a un consultor conductual. La salud y bienestar de los caninos puede mejorar con este conocimiento adicional.

Los refugios pueden utilizar la información del estudio de Feltes, et al. sobre cómo mejorar los criterios para adoptar un compañero. La agresión entre compañeros es un problema conductual común citado por dueños que entregan a sus perros en refugios.4 Muchos perros han sido colocados en hogares de acogida debido al confinamiento por covid-19, lo que ha llevado a que haya más gente trabajando desde casa y siendo capaz de ser hogar de acogida, trabajando junto con los refugios en reducir la población para mantener al equipo sano y que puedan continuar trabajando, a pesar de que no tener voluntarios. Los refugios debiesen tomar esto como una oportunidad de evaluar el comportamiento del perro en estos lugares, y buscar cualquier problema inminente de agresión entre compañeros para poder ofrecer apoyo y consejos. El equipo veterinario también debiese utilizar la información del estudio para un mejor manejo de los recursos a la hora de aconsejar sobre cómo prevenir la agresión, siendo la protección de recursos uno de los predictores más potentes de agresión, pero también correlacionado con un exitoso resultado al manejar el problema.

Estoy muy animada con este estudio y estoy esperando más encuestas en el futuro. Los datos de factores de riesgo y pronóstico de problemas conductuales entregan a los veterinarios los números que necesitan para aconsejar consistentemente la derivación a un profesional de conducta. Los especialistas en conducta animal pueden utilizar los mismos datos para informar y aconsejar apoyo veterinario en el plan de trabajo conductual, sabiendo el impacto en la salud y bienestar de la víctima en casos de agresión entre compañeros. Esta es una manera de continuar tendiendo el puente entre veterinarios y especialistas en conducta.

Referencias

[1] Feltes, E., Stull, J. Herron, M. and Haug, L. Characteristics of intrahousehold interdog aggression and dog pair factors associated with poor outcome. American Veterinary Medical Association website, accessed 6/2020.

[2] Dodman, N. (2011) Interdoghouseholdaggression: 38 cases.Journal of the American Veterinary Medical Association 238:6, 731-40.

[3] Donaldson, J. (2000) Behavior problems and long-term housing .Maddie’s Fund website, accessed 6/2020.

[4] Gates, M., Zito, S., and Dale, T.A. (2018). Post-adoption problem behaviours in adolescent and adult dogs rehomed through a New Zealand shelter. Animals 8:6, 93.


(Traducido por Pamina Horlacher)