Por Irene Perrett

¿Qué tan frecuentemente usamos la observación como herramienta? Tendemos a monitorear, evaluar y ponderar si lo que observamos es lo que nos gustaría ver. Nos cuestionamos a nosotros mismos y juzgamos las respuestas que obtenemos para evaluar si nos estamos acercando a nuestra meta o al resultado de nuestra agenda. ¿Cómo nos hacen sentir estas observaciones? ¿Mejoran o quitan valor, crean conocimiento o una barrera?

Ténganme paciencia, por favor, he estado reflexionando sobre esto. Al sacarme percepciones preconcebidas de la observación, podemos desarrollar la habilidad de la observación pasiva; esto es, observar sin horarios o juicio, sino simplemente usando nuestros sentidos para absorber la actividad de la vida que está teniendo lugar a nuestro alrededor. Gradualmente las cosas que inicialmente parecen tan obvias e importantes comienzan a pasar a un segundo plano a medida que aprendemos a notar el micro mundo que existe junto a nosotros y que, a través de la sutileza, nos ofrece regalos que agudizan nuestra conciencia.

A medida que el ruido de la actividad humana se va calmando, nos damos cuenta que estamos rodeados del canto de los pájaros, el viento en las hojas de los árboles, el sonido de los insectos, los pasos de un escarabajo, la vibración de la tierra a medida que cada nivel de sonido disminuye, nos volvemos más conscientes de la capa mas silenciosa que está más abajo hasta que nos absorbe dentro de los mismos sonidos. No tenemos un plan específico para que los pájaros canten una determinada canción, o para que el escarabajo escoja tomar un camino determinado y, aún así, encontramos fascinantes a cada uno en su forma particular. Viven sus vidas, tal como los árboles arriba y el suelo debajo de nosotros tienen millones de vidas dentro de sí. Estas vidas son seres por sobre la mano humana, aunque es nuestra opción si destruimos o mejoramos, o simplemente observamos. Las observaciones pasivas nos dan la oportunidad de bajarnos de la carrera que es la vida en que frecuentemente nos encontramos, y maravillarnos de la belleza y la conectividad de los habitantes de la tierra.

El día en que Martha llegó desde Rumania. (Fotografía Irene Perrett)

¿Cómo es relevante esto para los perros y, en particular, para un perro rescatado como Martha, que sufrió trauma y aprendió a alejarse de la interacción con humanos? En una u otra medida, todos usamos la observación a lo largo de nuestro día; es una parte de nuestro proceso de aprendizaje continuo. Si lo pensamos, cuando observamos, estamos sumándole a esa observación, nuestros propios prejuicios, historia y expectativas. Nuestros pensamientos e interpretaciones darán forma a lo que vemos, la acción que observamos crea una respuesta emocional dentro de nosotros. Ninguno de nosotros es un observador neutro. Cada uno está hecho de la genética que heredamos de nuestros ancestros y de las experiencias que hemos tenido en nuestras vidas. Algunas veces es difícil dejar la parte emocional de nosotros que juzga y simplemente observar sin agregar significado o expectativa a lo que estamos absorbiendo. Quizás podemos recordar nuestra niñez y la fascinación de descubrir, en una época donde las observaciones se notaban y las dejábamos volar.

Imagínate observando tranquilamente un perro desde una distancia, leyendo un libro y mirándole de vez en cuando, sintiendo su presencia sin ninguna expectativa, alejándose para crear espacio – hasta que un día notas que está echada un poco más cerca de ti, que no siente la necesidad de moverse cuando tú te mueves ni contiene el aliento cuando pasas por su lado. Las sutilezas de la respiración, los movimientos de la piel bajo el pelaje, la ubicación del peso del cuerpo sobre sus pies a medida que se mueve, el ritmo con que bebe el agua – cada uno lo observamos sin expectativas.

Dentro de este contexto, comenzamos a observar los matices de las conversaciones entre un perro y otro. Un perro traumatizado frecuentemente se echará y observará, no queriendo involucrarse, pero aprendiendo gradualmente sobre lo que sucede a su alrededor. A medida que se familiariza con el flujo de las cosas, comienza a asimilar información sobre otros en su entorno, viendo las rutinas y relaciones, las dinámicas que crean una familia. Observa a los otros perros, aprende de sus acciones, su lenguaje corporal, su estado emocional, hasta que se siente listo para intentar interactuar. Desde pasos tentativos, comienza a encontrar el valor, las respuestas que obtiene de los otros le muestran cómo adaptarse dentro de su nuevo mundo. Cada día que observo pasivamente, noto cómo ella deja ir, deja ir pequeñas piezas de su historia de trauma, los años que pasó mientras crecía encadenada en un patio junto a su madre, el trauma de la separación y de años arreglándoselas por ella misma en un refugio en Rumania y los capítulos secretos que solo ella conoce. Recuperándose del trauma, ella aprende primero que puede encontrar seguridad, y desde ese lugar seguro, puede comenzar a confiar en sí misma, para ganar resiliencia y autosuficiencia. Dudo que este viaje hubiera sucedido como está pasando sin los otros perros que viven aquí: Maggie, que supervisa calmadamente y que lee cada situación en su totalidad e interpreta el estado emocional de otros en un lenguaje que entiendo; Walter, el guardián sabio e independiente y Tibsy, quien es tranquilamente amigable y gentil. Trabajan al unísono para permitirle a un perro traumatizado entender que los humanos pueden ser amables y confiables.

Walter y Martha caminando en Exmoor cuatro semanas más tarde. Ella hacía check-in (contacto visual y acercarse) cuando estaba insegura, y prefería que él se quedara bastante cerca de ella. Ella ganó confianza cuando absorbía aromas en cada entorno y teniendo tiempo para procesar lo que había aprendido de esto. (Fotografía: Irene Perrett)

A través de mi autenticidad, puedo ayudar a Martha a entender que está bien que los humanos estén cerca. Ella tiene autonomía de escoger cómo avanza su viaje. Mi rol es de observación sin juicios y de guiar. Las revelaciones que obtengo a través de periodos de observación pasiva me permiten entenderla más completamente, simplemente estar en lugar de hacer.

Si reflexionamos sobre el trabajo con humanos, tanto la observación infantil como la terapia psicoanalítica que utiliza mecanismos no interpretativos se basan en un patrón similar en cierta medida. Daniel Stern y sus colegas (1998) nos dicen que ocurre una acción terapéutica poderosa dentro del conocimiento relacional implícito. Aunque nuestra comunicación con animales no humanos hasta cierto grado carece de la dudosa claridad del lenguaje hablado, la esencia de la autenticidad de cada momento de persona a persona crea lo que Stern llama “moments of meeting”, o momentos donde tenemos una conexión y entendimiento mutuo con otro ser. En ocasiones las fluctuaciones de estos momentos nos permiten hacer que la relación avance; son frecuentemente pasajeros, pero pueden traer una claridad intensa al precipicio donde nos paramos por aquel pequeño momento, las veces cuando sabemos que nuestro siguiente pensamiento, movimiento o acción influenciará el balance fundamental de nuestra relación. En estos momentos intuimos cómo responder, y solo a través de la empatía –al reconocer el mundo a través de los ojos de otro }– nuestros pensamientos pueden sintonizar con sus necesidades.

Cada uno puede recordar momentos cuando nuestra intuición los llevó a aquellos escasos segundos donde nuestra vida parece hacer una pausa mientras que el mundo sigue girando a nuestro alrededor, cuando la intensidad del presente enlentece nuestras acciones, pero acelera nuestra mente. La doctora Rachel Clarke (2020) lo describe de una hermosa manera:

Hay momentos en medicina cuando lo que quieres decir se siente tan lleno de riesgo como la primera incisión de un cirujano. Las palabras precisas, usadas sabiamente, pueden ser el puente que llenen ese espacio vacío entre tú y tu paciente; pero si calculamos mal, puede destruirlo todo.

Una acción mal calculada puede hacer que cualquier tenue destello de confianza se disuelva ante nuestros ojos, pero a través de la observación pasiva somos capaces de construir un entendimiento de otro dentro de nosotros mismos; nos permite intuir y responder a las necesidades emocionales de otro.

Una caminata por un páramo un par de semanas más tarde justo antes de que Martha fuera adoptada. Había pasado varias semanas observando y absorbiendo su entorno a su propio ritmo, y desarrolló las habilidades para interactuar con confianza ¡y divertirse!

Cuando vivo temporalmente con un perro rescatado, solo hay una cosa que sé: que cada uno me enseñará algo más acerca de mí misma, casi por ósmosis y sin pensamiento consciente. A través de la observación pasiva somos capaces de absorber la claridad de pensamiento que es la sabiduría de los animales no humanos. Sospecho que ninguno de nosotros que tenga el honor de trabajar con un animal que haya sufrido trauma se olvidará de los momentos que reflejan su valentía a medida que comienzan a explorar y expandir su mundo, el mundo que por necesidad ha reducido como parte de su mecanismo para afrontarlo. El arte de combinar observación, guía y monitorear factores medioambientales es clave para generar sentimientos de seguridad, pero más allá de esta aplicación práctica, podemos mantener la consideración a través de una intención tranquila, consciente y sin prejuicios. No podemos poner una fachada y esperar que el perro responda, tenemos que ser genuinos y auténticos por nuestra parte, o darles espacio y volver en otro momento. Las lecciones que nos puede enseñar un perro rescatado pueden ser profundas. Nos muestran cómo estar en paz con nosotros mismos, aunque sea por un rato. La observación pasiva es simplemente un término que uso para describir aquellos momentos cuando nos sentimos completos dentro de nosotros mismos y tenemos la capacidad de tener una conciencia íntima del mundo que nos rodea.

References

Clarke, R. (2020) Dear Life. London: Little, Brown.

Stern, D.N. et al. (1998) Non-interpretive mechanisms in psychoanalytic therapy: The ‘something more’ than interpretation.TheInternationalJournal of Psychoanalysis 79, 903-921.


Irene ha pasado toda su vida trabajando y estudiando a equinos, y en los últimos años ha sido hogar temporal para perros rumanos rescatados. Ha escrito y dictado cursos para The DoGenius,y actualmente está estudiando una Maestría en Artes en Antrozoología en la Universidad de Exeter en Inglaterra. En su “tiempo libre”, ella y sus perros disfrutan explorando Exmoor.

(Traducido por Wen Bautista, IAABC Español)