Por Camille King

En abril de este año, mi hermana murió durante la pandemia de COVID-19. Las cuatro hermanas teníamos un pacto y, por lo general, tomábamos café por conferencia telefónica los fines de semana por la mañana desde diferentes partes del país. Nos reíamos de las cosas más locas: recordar cuando mi hermana mayor arrojó un hueso de pollo en mi leche cuando estaba en tercer grado, y mis otras hermanas se rieron tanto cuando me vieron sacar el hueso de mi vaso que mi hermana media se cayó de su silla! Luego, por supuesto, todas nos reímos de nuevo cuando ella regresó a su silla desde el piso. Eso sucedió hace años, y todavía nos reíamos cada vez que una de nosotras mencionaba el incidente nuevamente. 

Durante una visita matutina en abril de este año, tuvimos nuestro tiempo habitual de diversión. Nos encantó ver fotos de la nieta de mi hermana sentada en una olla de barro a los seis meses de edad con una amplia sonrisa en su rostro. Estábamos llenas de energía acerca de los experimentos que íbamos a realizar con nuevas plantas en nuestros jardines y qué semillas plantaríamos en el interior durante los meses de invierno. Luego hicimos otra taza de café y hablamos y reímos un poco más. Teníamos una conexión fraternal de principio a fin. 

Y luego, ese mismo día, una de nosotras estaba conectada a un ventilador. Y poco después, fue declarada muerta. En un momento preciado coloreó mi vida y luego se la llevaron sin siquiera tiempo suficiente para pensar en ello. En nuestra cultura, no pensamos en la muerte cuando alguien tiene excelente salud, como ella. La muerte inesperada ni siquiera pasa por nuestra mente. 

Este artículo se hizo realidad debido a esta tragedia en mi familia.

La inesperada muerte de mi hermana creó una tormenta. Se puede escribir un libro completo sobre el tema de COVID-19 y el dolor y la pérdida, pero mi experiencia me impulsó a escribir sobre la preparación para un duelo inesperado con un enfoque en los perros. ¿Qué íbamos a hacer con todos los animales de mi hermana? Esa pregunta continuó surgiendo durante todo el tiempo que estuvimos en estado de shock, negación, enojadas y deprimidas… todo el tiempo mientras lloramos a través de las etapas del duelo.

Ninguno de nosotros está a salvo de una tragedia repentina, ya sea por COVID-19 u otro evento traumático. Este año caótico nos trajo un virus sin precedentes. Como especialista en conducta animal aplicada y enfermera, tengo experiencia de primera mano con la disrupción a la que la COVID-19 nos catapultó en mi vida profesional, así como a través de la tragedia de mi familia. Ha traído a casa en términos crudos la necesidad que todos tenemos de estar preparados para eventos repentinos e inesperados en nuestras vidas.

¿Estás preparado? ¿Y si esto te pasara?

¿Te preguntas qué le pasaría a tu perro si ocurriera una emergencia? ¿Qué pasa si terminaste en un hospital durante dos meses con dificultad respiratoria debido a la COVID-19? Dos meses es mucho tiempo para que una persona esté separada de su perro, un perro con el que comparte una relación de unión. Es difícil pensar en ello, pero ¿y si murieras? Muchos de nosotros tenemos familias y asumimos que nuestro perro podría quedarse en casa con el resto de la familia. Pero muchos otros que tienen perros no tienen familiares, cercanos o extendidos, que podrían intervenir durante un momento de necesidad para adoptar ese perro del que alguna vez fuiste dueño y ahora es huérfano. Esta es una de las realidades que viene con COVID-19.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, la pandemia de COVID-19 ha provocado la muerte de más de 202.000 personas en los Estados Unidos al momento de escribir este artículo. En 2019, la Asociación Estadounidense de Productos para Mascotas (APPA) informó que más del 68% de los hogares estadounidenses tenían al menos un perro. Aproximadamente 3,3 millones de perros son entregados a los refugios de EE. UU. cada año (ASPCA). Los abandonos de perros han aumentado con el advenimiento de la pandemia de COVID-19, lo que ha provocado tensiones en el sistema de refugios con respecto a la falta de personal y recursos alimentarios, y otras cargas financieras. 

La pandemia de coronavirus ha causado trastornos en muchas áreas de nuestras vidas y en las vidas de nuestros perros. Jaak Panksepp, en su libro Neurociencia Afectiva, define a los animales como poseedores de emociones de búsqueda, rabia, miedo y pánico.1 La famosa Temple Grandin, en su libro Interpretar a los Animales, afirmó que las personas y los animales nacen con estas emociones y que los perros pueden sentir las emociones principales.2 ¿Puede un perro experimentar el dolor como lo haría un humano? Se necesita mucha más investigación para responder a esa pregunta, pero como asesores de conducta, entrenadores e incluso dueños de mascotas, percibimos a los animales en peligro con frecuencia.

Cuando el dueño de una mascota se aísla en una habitación de su casa después de recibir un resultado de prueba positivo, está hospitalizado con un diagnóstico de COVID-19 o ha fallecido a causa del virus, el perro va a experimentar el estrés de la pérdida de esa persona. Otros miembros de la familia en el hogar pueden brindarle consuelo al perro en algún nivel, pero ellos mismos necesitarán consuelo. Esto, a su vez, afectará la cantidad de tiempo de conexión que el perro recibe a diario y, créeme, el perro notará la pérdida. Si el perro tenía conductas  problemáticas antes de la pérdida, estos comportamientos pueden empeorar cuando la persona no está en el hogar, ya sea por enfermedad o muerte.

Otras pérdidas pueden surgir para el perro durante la vigencia de las disposiciones gubernamentales de distanciamiento social y cierres de lugares de trabajo. El distanciamiento social afectará a los perros que asisten a las sesiones de juego, ya que a las personas no se les permite reunirse en grupos grandes, o puede obstaculizar las oportunidades de jugar con un “mejor amigo” perruno, porque las personas son cautelosas al salir de sus hogares durante la pandemia. El cierre de las guarderías para perros reducirá la exposición social rutinaria para muchos de ellos. 

Otra interrupción que nos provocó el virus es que muchos dueños de mascotas han perdido sus trabajos y tienen problemas económicos. Algunos dueños de mascotas no han podido pagar el alquiler o comprar comida, por lo que los perros han sido entregados a refugios. Esta renuncia, esperada por nadie hace unos meses, provoca una importante fractura en el vínculo humano-animal. El estrés de perder una mascota debido a los problemas económicos de la pandemia de COVID y el estrés que soporta la mascota en un futuro incierto puede ser insoportable para ambas partes.

Cuando las personas pierden a un ser querido humano a causa de COVID-19, existen muchas vías para obtener apoyo. Las llamadas telefónicas a familiares y amigos en momentos de necesidad, los funerales virtuales y memoriales celebrados en el honor de la persona, y las fotos/cartas compartidas para definir la memoria de la persona pueden ser útiles durante un momento de duelo, pero claramente no son comprensibles para el perro que también está sufriendo la pérdida. Estas tradiciones sociales históricas son muy familiares para la gente, pero no existen para los perros. La conexión del perro es a menudo con una única persona en su vida, aunque el perro pueda tener relaciones con varias personas. El perro mascota notará un cambio en la rutina, ya sea que su humano esté aislado en una habitación, en el hospital o ausente de forma permanente. El dolor es muy real y puede ensombrecer a los individuos durante mucho tiempo, oscureciendo esa sombra en los momentos en que menos se espera.  

Qué hacer si estás en una emergencia

Para evitar entregar un perro a un refugio, hay pasos que puedes seguir.

En primer lugar, mantenerte saludable. Sigue las pautas establecidas por los organismos de salud para el distanciamiento social, usa una máscara en áreas públicas y realiza la higiene de manos con frecuencia. Estar sano te permite mantener a tu mascota.

Para aquellas personas que han perdido su trabajo y sus ingresos estables:

  •  Mantén una actitud positiva y da pequeños pasos para seguir adelante.
  •  Evalúa para ver si hay algún miembro de la familia que pueda ayudar temporalmente, ya sea ayudándote económicamente o cuidando a tu perro.
  •  Busca un banco de alimentos para mascotas local que te ayude a obtener alimentos para tu perro.
  • Consulta con tu veterinario y compañías farmacéuticas veterinarias para obtener muestras de medicamentos. 

Ten un plan de seguridad para emergencias impredecibles: 

  • Agrega a tu mascota a tu testamento legal o desarrolla un fideicomiso de tutor de mascotas. (Nota: las decisiones y compromisos que involucran a las partes que cuidarán de tu perro, en caso de que tú seas hospitalizado o quedes incapacitado, deben resolverse antes de una situación de crisis).
  • Mantén una lista de recursos disponibles para que cualquier persona pueda intervenir en cualquier momento y cuidar a tu mascota:
    • El número de teléfono de tu veterinario
    • Número de teléfono del cuidador de mascotas local (a quien tu perro ha conocido y/o tiene una relación)
    • Números de teléfono del oficial de control animal/sociedad humanitaria local
  • Mantén un suministro de tres semanas de cualquier medicamento del perro disponible para emergencias.

Plan de entrenamiento:

  • Entrena al perro para que se sienta cómodo en una jaula, de modo que la contención sea una opción para el perro si está alojado en otro lugar o con una persona menos familiar. (Si alguien no está tan familiarizado con el perro, poder ponerlo en una jaula mientras está en el trabajo o haciendo mandados, por ejemplo, puede brindarle una mayor flexibilidad para seguir cuidándolo).
  • Entrena al perro para que tenga una respuesta sólida a las señales de obediencia (recordar, quedarse quieto, contacto visual, déjalo y caminar con correa). El cumplimiento de las señales por el perro facilitará que una persona sustituta comience a cuidarlo.

Plan de entrenamiento continuo:

  • Contratar a un especialista en comportamiento animal aplicado o un entrenador de perros profesional para trabajar en los problemas de conducta, de modo que el problema se resuelva o se maneje adecuadamente con un programa de modificación conductual antes de que surja una emergencia.

Ten en cuenta que tu perro puede experimentar estrés por separación una vez que se levanten las  cuarentenas por COVID-19. Si el perro ya tiene ansiedad por separación, busca ayuda de un profesional. A un perro le encantará tenerte en casa las 24 horas del día, los 7 días de la semana, durante las cuarentenas obligatorias por la pandemia. Posteriormente, el perro sentirá el duro cambio una vez que regreses al trabajo o a su rutina normal. Un profesional de conducta puede ayudarte a evaluar la ansiedad por separación y desarrollar un plan de desensibilización / contracondicionamiento para tu perro. Un veterinario también puede evaluar la necesidad de medicación.

Mientras estés en casa, intenta mantener una rutina tanto como sea posible. Si el perro está en una jaula cuando estás en el trabajo,  intenta mantener esa rutina durante períodos cortos de tiempo mientras dure la cuarentena. Respalda a tu perro. Este podría ser un período ideal para aplicar masaje táctil para calmar a tu mascota antes de pasar a la jaula, estimulación mental o una breve sesión de entrenamiento. Fortalece tu relación a través del entrenamiento mientras tu perro es educado en casa. Trabaja en cualquier señal de obediencia que tu perro necesite perfeccionar. Equilibra sus actividades para que el perro tenga tiempo con su dueño y para relajarse.

Mientras dure la cuarentena, aprovecha la oportunidad para pasear a tu perro a diferentes áreas del vecindario, especialmente si está normalmente en una jaula mientras estás en el trabajo. Esto proporcionará una salida emocional y estimulación mental. Los niños que están en casa después de la escuela y los perros con energía acumulada pueden sobreestimularse. Saca a los perros del juego brusco y prepáralos para el éxito organizando juntos actividades supervisadas para niños/perros. Tómate el tiempo para enseñar juegos saludables para perros y niños.

Con la próxima temporada de gripe y la posibilidad de otra oleada de la pandemia a finales de este año, despeja un camino en tu vida para que la tormenta no te interrumpa. Prepárate. Mantén la mejor atención preventiva para mantenerte saludable y asegúrate de que tu mascota también sea atendida. 

Volviendo a la tragedia de mi familia, las mascotas de mi hermana estaban bien cuidadas y se han quedado con familiares. Todos somos “animaleros”, así que esta fue una decisión fácil. Estamos agradecidos de que sus mascotas hayan sido bien recibidas en una situación de convivencia con miembros de la familia con los que ya estaban familiarizados. Toda la familia había conocido a cada una de las mascotas antes. Los lazos se mantienen estables y a todos les va bien. Si algo le sucediera durante la pandemia de COVID-19 a uno de los familiares actuales que acogieron a estas mascotas de la familia, todos volveríamos a unirnos para asegurarnos de que todos fueran cuidados y amados.

Agradecimientos: 

La autora desea agradecer a Eileen Anderson por sus atentos comentarios sobre este artículo. 

Referencias:

  1. Panskepp, J. (1998). Affective neuroscience. Oxford University Press.
  2. Grandin, T., & Johnson, C. (2009). Animals make us human. Houghton, Mifflin, & Harcourt Publishing.

Camille King, EdD, RN, ACAAB, CDBC, es especialista en análisis del comportamiento animal aplicado, propietaria de Canine Education Center, LLC en Colorado. Se especializa en la evaluación y el tratamiento de perros con trastornos severos de agresión y ansiedad. Camille realiza investigaciones profesionales sobre el estrés canino y los problemas de salud mental. Cuando no está trabajando con perros, trabaja como enfermera clínica psiquiátrica de práctica avanzada.

(Traducido por Manuel Tenchio, IAABC Español)