Por Lisa Desatnik

Si alguna vez compartió su hogar con un amigo emplumado, es más probable que entienda por qué le agregué dos signos de exclamación al título. Para nosotros los humanos, los gritos constituyen uno de los comportamientos naturales más molestos, dolorosos y completamente inaceptables de nuestros compañeros los pájaros. Es fuente de mucha frustración, vuelve irritables a miembros de la familia y vecinos y, por último, genera la búsqueda de nuevos hogares. 

También es uno de los problemas más frecuentes por el cual son contactados los consultores de conducta de loros. 

Mi interés es uno muy personal. 

Chester, Barnaby, Dreyfuss, y yo

Hace 18 años, mi pequeño amigo gris emplumado llegó a pertenecer a mi bandada. Barnaby tenía solo 3 meses de edad cuando fui a buscarlo al aeropuerto. Me enamoré desde ese primer momento en que abrí la puerta de su jaula. Ese dulce chico salió y se subió a mi mano y, desde ahí, estiró su cabeza para poder tocar mi mejilla con su pico. Se subía a las manos de otras personas de la misma manera. Como si nada, caminó hacia el interior de su jaula para mirar su nuevo hogar sin vacilación alguna. 

De la misma forma, miró a mis otros dos pájaros, con sus plumas relajadas, antes de seguir con lo que estaba haciendo. Chester, mi cotorra alejandrina, seguía a Barnaby por el suelo y Barnaby seguía ignorándolo. Más tarde, solía llevar conmigo a los 3 por toda la casa. 

Nuestra luna de miel terminaría alrededor de 6 meses después que Barnaby llegara, cuando decidió que el sonido agudo que ocasionalmente hacia Chester era realmente genial. Las primeras vocalizaciones de Barnaby fueron en realidad su propia versión del grito de Chester… solo que fue unos 100 decibeles más potente. ¿Mencioné que Barnaby practicaba este sonido muchas veces, todos los días?

Barnaby

En ese tiempo no existía mucha información sobre la aplicación de la ciencia para solucionar problemas conductuales de las mascotas y, definitivamente, mucho menos sobre el uso de refuerzo positivo. Para enseñarle a Barnaby a que no gritara, intenté distintas estrategias que había leído, como cubrir su jaula, gritarle e «intentar» ignorarlo, pero nada ayudaba. Recuerdo estar llorando un día, pensando en que no podría quedarme con él, porque simplemente no podía tolerar sus vocalizaciones. 

Fue en ese momento cuando descubrí por primera vez a la Dra. Susan Friedman. Sus enseñanzas no sólo me ayudaron a resolver este problema (y es la razón de que Barnaby sea un conversador prolífico hasta el día de hoy, porque los sonidos humanos son fuertemente reforzados), sino que cambiaron toda mi visión sobre el comportamiento y abrieron las compuertas del aprendizaje para mí. Finalmente, fue esa experiencia la que cambió el rumbo de mi vida y que también me llevó al camino del entrenamiento canino. 

Primeros pasos

A pesar de lo doloroso para los oídos que pueden llegar a ser los gritos incesantes, como consultores debemos recordar que el comportamiento de vocalizar de esta manera es de gran valor para el ave. Está teniendo un propósito para él. De otra forma, el comportamiento se debilitaría o extinguiría. 

Para resolver el problema de la forma más positiva, debemos primeramente hacer preguntas y observar, para llegar a la raíz del problema. Siempre hay factores ambientales que rodean el comportamiento y que impactan en su ocurrencia y las consecuencias que provocan que se mantenga, fortalezca o debilite.

El primer paso es evaluar de cerca el comportamiento específico observable y medible. Como la Dra. Friedman ha mencionado, en el Chat Grupal de la División de Loros de la IAABC, esto evita «tirar espaguetis a la pared», intentar diferentes cosas todas juntas esperando que alguna de ellas funcione. Además, sin este paso, su plan puede incluso reforzar inadvertidamente ese comportamiento con el que su cliente encuentra difícil vivir. 

Una evaluación funcional es un proceso sistemático de obtención de información de los eventos ambientales que tanto predicen como debilitan, mantienen o fortalecen comportamientos específicos. Incluye el preguntar: “¿Qué antecede al comportamiento que establece la ocasión para que se presente (antecedentes) y qué ocurre después del comportamiento (consecuencia) que le da valor al comportamiento?”.

Existen 3 cosas a considerar, que pueden afectar la conducta de un pájaro, antes de que ocurra por primera vez. Señales o estímulos discriminativos, que indican que el comportamiento probablemente será reforzado. Un teléfono sonando, el sonido del timbre de la puerta, la persona favorita saliendo de la habitación o visitas ingresando a la habitación; pueden ser señales para que un pájaro grite.

Operaciones de establecimiento son condiciones existentes que cambian temporalmente la efectividad de la consecuencia. El acceso a su comida favorita tendrá un impacto en el valor de ese alimento para el animal. El descanso o la fatiga también afectarán al deseo del pájaro de moverse o quedarse quieto. Y el establecimiento de eventos son el contexto o las circunstancias en las que ocurre la relación ambiente-comportamiento.

Ambientes ruidosos, jaulas en zonas con mucho tráfico y la ubicación de la percha son algunos ejemplos. Es menos probable que el ave grite, si por ejemplo, su jaula está o no ubicada cerca de una ventana o en una habitación donde usted pasa la mayor parte del tiempo. 

Las consecuencias son las que manejan la futura fuerza del comportamiento observable y medible. Si un comportamiento se mantiene o incluso aumenta en intensidad, frecuencia y duración, entonces sabemos que el comportamiento está siendo seguido por un refuerzo. Si la intensidad, frecuencia y duración de la conducta están disminuyendo, entonces ha sido seguido por un castigo. 

La información importante para reunir comienza con cuál es el comportamiento exacto específico observable y medible que el cliente quiere cambiar. Luego juntar información de cuándo el comportamiento problema es más o menos probable que ocurra (¿cuáles son los antecedentes de la conducta?); y qué ocurre inmediatamente después del comportamiento problema que le da valor para el pájaro (en otras palabras, ¿cuál es el «pago» del pájaro por esa vocalización?).

El ABC de Barnaby

En mi caso, el comportamiento objetivo de Barnaby eran sus fuertes vocalizaciones con, tal vez, uno o dos segundos entre las llamadas fuertes. Esto podía seguir por largos períodos de tiempo y durante todo el día. Ocurría tanto cuando estaba solo en una habitación separada con televisión, como cuando estaba en la habitación de los pájaros con los otros dos. También ocurría cuando yo estaba en la habitación con él, pero no estaba dándole atención, cuando me alejaba de él o cuando Chester hacía una vocalización ruidosa o (me enteré después) cuando Chester se ponía en su puerta o al lado de su jaula. Barnaby no hacía sus vocalizaciones fuertes cuando estaba encima mío, cuando estaba prestándole atención de forma activa, cuando estaba ocupado haciendo forrajeo u otra actividad o cuando estaba durmiendo. 

Las consecuencias de las fuertes vocalizaciones de Barnaby incluían atención o interacción conmigo, proximidad a mí, refuerzo sensorial automático por vocalizar o interacción con Chester (algunas veces Chester hacía una vocalización fuerte inmediatamente después de Barnaby). 

Sabía que la mejor opción para un comportamiento de sustitución era uno que pudiera satisfacer las mismas necesidades que el comportamiento objetivo, como también adecuándose a mis necesidades. El comportamiento de sustitución que elegí fue una vocalización más placentera. 

Mi plan de modificación de conducta incluyó muchos elementos, tanto cambiar el antecedente como la consecuencia de los gritos de Barnaby. 

Como las vocalizaciones y lenguaje corporal de Chester eran tanto antecedente y consecuencia para los gritos de Barnaby, me di cuenta que también necesitaba darle mucho enriquecimiento a Chester, para evitar que realizara comportamientos que pudieran causar que Barnaby vocalizara. Comencé a llenar la jaula de Chester con más objetos de enriquecimiento como bloques de madera, que modifiqué  para que fueran actividades de forrajeo, cajas de cartón y guías telefónicas enrolladas. 

Otros cambios de antecedentes, para evitar el comportamiento de Barnaby, incluyó involucrar más a Barnaby en mis actividades en casa, cambiar la disposición de su jaula, para aumentar la probabilidad de que usara los juguetes, realizara actividades de forrajeo y darle más oportunidades de ello. Como una de las ocasiones en las que Barnaby comenzaba a vocalizar era cuando me alejaba de él o le daba la espalda, me aseguraba de –antes de hacer eso– darle algo para que se distrajera, como un juguete de cuentas (que lo mantenía ocupado brevemente) o el propio forrajeo. 

Además, pasaba de 10 a 15 minutos con Barnaby (y todos los pájaros) por la mañana y por la tarde, con ellos sobre mí, como también aprendiendo y practicando comportamientos novedosos. A esta estrategia se le llama establecimiento de operaciones, lo que significa que le daba a Barnaby (y a todos los otros pájaros) tanto mi atención como ejercicio, lo que hizo que fuera más reforzante el descansar tranquilo o enfocarse en conductas de forrajeo que la atención que recibía por los gritos.

Mientras tanto, utilicé una estrategia sistemática que se llama refuerzo diferencial de un comportamiento incompatible (DRI – differential reinforcement of an incompatible behavior), que involucra reforzar un comportamiento deseado que no pueda hacer simultáneamente con el comportamiento indeseado, mientras que también se elimina total y completamente el reforzamientodel comportamiento no deseado. 

Busqué otra vocalización que Barnaby hacía, que fuera aceptable para mí, y que no pudiera hacerse de forma simultánea con sus gritos de pájaro de más de 110 decibeles, algo que pudiera reforzar de gran manera. Al comienzo, era un silbido, pero rápidamente aprendí que él podía ponerle un increíble volumen a ese sonido. «¡Uff!» A veces me avergüenzo de admitir esto, pero yo decía «mami aquí» cuando entraba en su habitación y, una vez, él lo repitió. ¡Bingo! Esa frase se volvió la vocalización de reemplazo. El primer segundo en que él dijo la frase, estaba preparada para correr dentro de la habitación donde él se encontraba y darle una semilla y atención. Si es que le daba la espalda y él decía «mami aquí», inmediatamente me giraba y le daba un poco de atención. 

Si es que él hacia ese fuerte grito de pájaro, mientras yo estaba fuera de la habitación, inmediatamente me quedaba quieta para evitar reforzarlo de forma inadvertida con el sonido de mis movimientos. Si es que estábamos en la misma habitación, le daría la espalda y me quitaría de su vista. 

Obtuvo mucho refuerzo por decir:«mami aquí», y ningún refuerzo –a veces un pequeño castigo negativo en la forma de darle la espalda-  por su grito. Aprendió rápidamente. Y, al inicio, repetía esa frase una y otra vez durante todo el día (¡¡¡una y otra vez!!!). 

Hice muy poco esos días al dejar todo tirado para ir hacia él cuando escuchaba el «mami aquí».

Sin embargo, al pasar el tiempo, mientras reconocía el «mami aquí» respondiéndole algo desde el lugar donde me encontraba, fui agregando más tiempo, aumentando gradualmente el tiempo entre mi respuesta a su llamada y el entrar en la habitación. Adicionalmente, dándole más actividades de enriquecimiento, era menos probable que  vocalizara con la misma frecuencia. 

Este enfoque multinivel es la razón por la que ahora vivo con un conversador prolífico que tiene conversaciones conmigo durante el día. Hace varios años que Chester ya no está con nosotros y Barnaby ha aprendido especialmente a utilizar su lenguaje humano para satisfacer sus necesidades. Claro que hay momentos en los que Barnaby deja escapar una de sus vocalizaciones altas que yo llamo GRITOS, pero no es muy frecuente. Ahora estoy consciente de la importancia de no darle ningún tipo de atención por ello. 

En cambio, todos los días me levanto silenciosamente para comenzar mi trabajo en el computador en el sótano hasta que escucho su voz resonando por toda la casa “¡mami aquí!”. 

¡Y con eso, mis dos amigos emplumados comienzan su día también!


Lisa Desatnik, CPDT-KA, CPBC, es una entrenadora canina certificada y consultora certificada de comportamiento de loros de Cincinnati, Ohio. Descubre más sobre ella en www.SoMuchPETential.com

Traducido por Pamina Horlacher, IAABC Español