Por Rachel Zarnt

Ganadora de la beca Rebecca Parks Animal Behavior Consulting: Principles & Practice 2020.

En tiempos de distanciamiento social, la risa puede ser la distancia más corta entre dos personas.

En el marco de la actual crisis pandémica, recuerdo que la mejor resiliencia se construye a través del humor. A pesar de que perdí mi trabajo de tiempo completo, debido a las ordenanzas de distanciamiento social, espero que estos giros traigan cambios positivos duraderos a mi carrera y a la sociedad en general. Estoy utilizando este actual aumento del tiempo libre para ganar experiencia en consultorías virtuales y trabajar en mi acreditación como consultora certificada de conducta animal aplicada. Y algo muy importante, estoy aprendiendo mucho cada día de las humorísticas lecciones que nuestros animales de compañía nos enseñan. Mi objetivo es recibir tutorías y ser mejor tutora para otros, a través de la IAABC; y cuando la pandemia termine, ofrecer clases públicas sobre comportamiento felino a través de la sede local de la Humane Society. Desearía ver que los gatos problemáticos puedan vivir en buenos hogares y reanudar la búsqueda de los gatos extraviados después de los incendios forestales. He aprendido de Pi, mi propio gato problemático y también he aprendido mucho de los gatos rescatados de incendios, cuyos nombres nunca aprendí. 

Los mentores aparecen en nuestras vidas en muchas formas. Cuando somos capaces de reconocer la sabiduría ofrecida, podemos reformar nuestra dirección con una guía sólida. Como un río corriendo entre las resistentes paredes de un cañón, una guía experimentada puede señalar las próximas curvas en el propio curso de nuestra vida. He aprendido, a través de los años, a buscar y escuchar a tutores, y me he encontrado fluyendo fácilmente hacia adelante, generalmente con una nueva perspectiva de las paredes empinadas que parecieran rodearme. 

He tenido la suerte de tener muchos mentores que han formado el viaje de mi vida. Algunos mentores han sido felinos, otros caninos, pero la mayoría fueron humanos. Pi llegó a mi vida un año después de terminar la universidad, un exótico mestizo de segunda generación de chausie, confidente y carismático. Pi es un gatito salvaje criado por un vecino que intentaba obtener una doble cruza de gatos leopardos asiáticos y gatos africanos de la jungla para traerlos de vuelta a la domesticación, con el objetivo final de crear un felino 99% salvaje, «legal en California». En ese tiempo no tenía muchos conocimientos sobre la crianza de gatos y nunca había tenido uno. Me sentí como el personaje ficticio Pi Patel de «La vida de Pi»: atrapada en una balsa en el Atlántico con un tigre de bengala. Hemos estado juntos durante 14 años y tenido incontables aventuras desde su calamitosa adopción. Como el tigre de «La vida de Pi», mi propio Pi atravesó el Río Yellowstone en balsa conmigo, tiene su propia cuenta de Facebook y – he descubierto recientemente – es asombrosamente gentil y cariñoso con gatitos huérfanos. 

La primera vez que supe que quería aprender más sobre la ciencia del comportamiento del gato, fue al regresar de un viaje de investigación de dos meses en África. Este viaje mezcló mi amor por la ciencia y la búsqueda de aventura, pero abandoné a mi gato de 4 años de edad, dejándolo en casa con un colega de trabajo. En ese tiempo, el gato rompió una ventana, la televisión, un récord perfecto de uso del arenero y el temperamento del compañero de casa. Sin ir más lejos, era un maestro de las artes del escape, ganó varios kilos y muchos más enemigos. 

Ese verano Pi obtuvo la reputación de gato ladrón. En sus escapadas, Pi había aprendido que todas las manillas de las puertas del complejo de departamentos se abrían de la misma manera, con un golpe de la pata hacia abajo (a menos que estuvieran con cerrojo). Algunos de estos departamentos tenían otros gatos y – muy importante – comida de gato de mucho mayor valor e interés que mi oferta saludable y  baja en calorías. Él verificaba la cerradura del interior de nuestro departamento y salía en cuestión de minutos de inadvertencia en su vigilancia. Luego se iba a explorar las casas de nuestros vecinos, intimidando a los gatos de esas casas y rehusándose a dejar la fuente de sus comidas, excepcionalmente deliciosas. Podía arañar a cualquiera que intentara forzosamente alejarlo y su aumento de peso (por el aumento de las calorías de sus escapadas) hizo que la posibilidad de enfrentarlo fuera cada vez más aterradora. Se convirtió en una molestia y Control Animal visitaba rutinariamente nuestro vecindario para pegar advertencias rojas en nuestra puerta. Ellos conocían bien a Pi y, pronto, cualquier llamada de un «gato negro grande» traía a Control Animal a nuestro vecindario. Las advertencias eran generalmente las mismas («mantenga su gato dentro de casa»), pero habían escalado en tono y en severidad a través de los años («su gato es una molestia pública y debe mantener cuarentena en casa»). En este punto estábamos claramente en crisis.  

Cuando Pi todavía era un adorable gatito ruidoso, me comprometí a mantener a esta criatura feliz y saludable durante toda su vida. Fue un compromiso que muchas veces desafió la lógica práctica y que algunos criticaron debido a su crianza exótica y las intenciones del criador. Entiendo estas preocupaciones más claramente cada año, pero sigo dedicada. En cada interacción con Control Animal mantuve un alto nivel de respeto, transparencia e incluso un optimismo entusiasta con respecto a sus solicitudes. Quizás debido a este profesionalismo, Control Animal trabajó conmigo para comprender tanto el comportamiento felino como el comportamiento del vecindario hacia nuestros compañeros gatos domésticos que escaparon. De hecho, Control Animal me orientó durante un tiempo muy complicado con Pi.

Desafortunadamente, mi siguiente interacción con la agencia de Control Animal fue en las peores condiciones. El 8 de noviembre de 2018, el humo del devastador incendio en Paradise comenzó a llegar a nuestra casa en Reno, Nevada. Nos habíamos mudado, y a pesar de que vivía a 240 km del incendio forestal, supe inmediatamente que sería una catástrofe que necesitaría voluntarios con experiencia. Pocos días después del incendio, me dirigí a Paradise y estacioné afuera del centro principal de operaciones de rescate animal. Como antiguo técnico veterinario, me pusieron a trabajar en organizar los suministros, en la admisión de animales aterrorizados y limpieza de quemaduras en gatos sedados. El Control Animal de Butte County estaba tan sobrepasado con animales, que los voluntarios disponibles terminaban realizando turnos de 22 horas mientras estuvimos en escena. A pesar de que el refugio de cuidados críticos tenía alrededor de unos 1.000 animales, la mayoría de los días había solo dos veterinarios y dos técnicos veterinarios. Dos semanas después del incendio, el comunicado oficial de Control Animal a la comunidad decía «no han sobrevivido más animales en Paradise». Los miembros de la comunidad estaban destruidos y la perspectiva de buscar las cenizas de sus mascotas era completamente abrumadora.   

Sintiendo la urgencia, regresé a Paradise casi todos los fines de semana durante los dos meses siguientes al incendio. Personalmente, fui testigo de docenas de animales – particularmente gatos – que eran llevados a clínicas varias semanas después del incendio. Mi vida fue tocada por cientos de gatos sobrevivientes del incendio y el reencuentro con sus dueños. Dos semanas después del incendio, me encontré detrás de las líneas de evacuación de Paradise ayudando a atrapar gatos caseros que habían sobrevivido al infierno y semanas siguientes en la naturaleza. Encontramos gatos chamuscados, hambrientos y traumatizados escondidos en casas rodantes quemadas, chasis de autos derretidos, drenajes abandonados y chimeneas que eran lo único que se mantenía de pie entre la absoluta devastación. Mientras buscaba entre escombros, encontré notas rojas desvanecidas de Control Animal – tan parecidas a aquellas que dejaban en mi puerta años atrás – dejadas en carteles (a menudo extrañamente todavía en pie) declarando que todos los restos de los animales habían sido removidos del lugar. Sin embargo, usualmente se podían encontrar a los gatos a varios metros de sus casas, aunque ningún edificio quedó en pie por varias manzanas en todas las direcciones. Me preguntaba cuántas mascotas se encontrarían y cuantas más se daban por muertas.   

Aprendí a reconocer la diferencia entre el silencio de un gato feral en una trampa y el maullido hambriento de un gato doméstico. Tuve la satisfacción de ver como los sobrevivientes de Paradise se reunían con sus mascotas perdidas, generalmente la única «cosa» que les quedaba de Paradise. Mi interacción con Control Animal se mantiene respetuosa, transparente, servicial y optimista. Sin embargo, estaba muy preocupada por el comunicado oficial de que «no habían animales sobrevivientes» y me sorprendió cuando detuvieron las operaciones de rescate solo unas semanas después del incendio. Operaciones de rescate no oficiales continúan en Paradise y zonas aledañas a Magalia hasta el día de hoy. El rescate y reunificación más reciente de un «gato de fuego» sucedió después de 300 días del incendio. 

Después de cada fin de semana en Paradise, he regresado a casa con mis propios gatos. Secando mis ojos llorosos en su pelaje, deseando que solo conozcan la vida de casa y que nunca deban experimentar un desastre o la falta de un hogar. Me siento tan afortunada de tener a mis gatos acurrucados conmigo, para darnos calor durante el invierno, y quiero lo mismo para todos los sobrevivientes humanos del incendio.  

Así como las llamas eventualmente arden a través de su fuente de combustible, e incluso las raíces de los árboles ya no albergan brasas encendidas, también mi perspectiva sobre el fuego de Paradise se enfrió y se convirtió en una guía apasionada. Durante la crisis de rápido cambio que enfrenta actualmente el mundo, creo que las lecciones de rescate por desastres me convertirán en una conductista animal resistente, y me gustaría tener la oportunidad de aprender el conjunto de habilidades necesarias para ayudar a las personas individualmente con sus propios animales. 

Crédito de la imagen: NASA, Joshua Stevens