Por Judy Puddifoot, MRCVS

“Dar una tableta y media, dos veces al día, por 2 semanas”.

He perdido la cuenta de la cantidad de veces que he dicho esto a mis clientes ante la mesa de consulta y simplemente pasé a ver al siguiente paciente, sin pensar más en ello.

Bueno, el zapato recientemente se pasó al otro pie, y les puedo decir que ¡fue muy incómodo!

Adopté a un Labrador negro hermoso de 11 años a finales de enero de 2018 de la RSPCA en el Reino Unido. Esto fue “culpa” de una enfermera veterinaria con la que trabajaba en ese momento, quien me mostró una publicación en las redes sociales donde se veía a un labrador de aspecto anciano y cuyo dueño había muerto recientemente. La enfermera veterinaria tenía aprehensiones al mostrarme la publicación, ya que yo había perdido mi Labrador negro hacía solo un año. Pero sabía que me gustan las historias tristes, ¡especialmente aquellas con forma de Labrador negro!Los padres temporales fueron a buscar al Labrador negro una tarde de viernes lluvioso en enero 2018. Lo visité el domingo de esa misma semana y el resto, como dicen, es historia. A las 4pm el miércoles siguiente (mi siguiente día libre), Jax estaba echado (totalmente relajado) y roncando en mi alfombra como si siempre hubiera estado allí.

El día que fui a buscar a Jax a su hogar temporal

Como veterinaria, en mi primera visita a Jax, le hice un pequeño examen físico en la cocina de los padres temporales; ya sabes, no puedes dejar de ser veterinaria, vayas donde vayas. Descubrí que tenía una masa relativamente grande en su cadera, en el lado izquierdo. El análisis de una muestra que le tomé en su primer día conmigo (junto con muestras de sangre, solo para chequear) había dado como resultado un tumor mastocitoide maligno. Junto a un colega, removimos este feo tumor solo dos semanas después de que Jax llegara a casa conmigo. También le quitamos un par de bultos pequeños, y le hicimos limpieza de dientes para mejorar un olor un poco desagradable, por higiene oral.

La cirugía de Jax

Su recuperación de la anestesia de 4 horas presentó más desafíos de lo esperado. El cierre de su piel luego de la remoción del tumor estaba un poco ajustado, y se le tuvieron que realizar unas incisiones en ambos lados de la herida, como se puede ver en la foto de más arriba. Esto significó que la recuperación fue un poco más extensa de lo que normalmente se esperaría. Jax tuvo que tomar medicamentos luego del procedimiento, pero se los tomó en su comida como un campeón. Jax se recuperó por completo de su cirugía y estuvo sano hasta hace aproximadamente un mes.

Una mañana de sábado el mes pasado bajé sin encontrar a Jax esperando en el descanso de la escalera, saltando de un pie a otro, emitiendo sonidos de emoción porque Mamá había aparecido maravillosamente de nuevo luego de una larga noche (me apuro en decir que Jax es libre de subir las escaleras cuando lo desee, pero tiene una neuropatía periférica, lo que significa que sus patas traseras no son tan fuertes como antes; por lo que no sube las escaleras tan seguido.) En cambio, se colocó en decúbito lateral en el piso del pasillo. Me recosté a su lado, pero no obtuve la misma respuesta de una lengua en mi cara y una pata en mi ojo; sino que solo se mantuvo echado ahí, luciendo muy abatido. Le ofrecí desayuno, que no quiso y esquivó el bol con su nariz. ¡Ahora realmente me comencé a preocupar! Que Jax no comiera significaba que esto era algo potencialmente muy serio. Después de todo, ¡es un Labrador!

La llevé a la clínica y saqué sangre para un examen completo. Todos los resultados fueron normales excepto por una leve alza en glóbulos blancos. Cuando le hice examen físico, descubrí que tenía la temperatura un poco elevada. Esto sugería una posible infección, así es que le di un opioide para calmar el dolor y una inyección de antibióticos de alto espectro y antibióticos orales para 6 días. Nos fuimos a casa y me tumbé en el piso con él, preocupada todo el día. Él permaneció en el piso y no tenía energía o deseo de hacer nada. El domingo por la mañana solo había comido un poco de comida y casi no había bebido agua. Decidí llevarlo a la clínica de nuevo y le puse fluidos intravenosos por el resto del día, esperando que eso restaurara algo de la energía y lo reavivara lo suficiente para comenzar a comer de nuevo. Le di una segunda inyección del antibiótico porque no había comido nada y por lo tanto no había tomado las tabletas. La movilidad de Jax había declinado incluso más en los dos días previos. Si esto era por progreso natural de su neuropatía periferal o debido a debilitación o dolor, no lo sabía.

Por suerte, tenía el turno de la tarde el día lunes, por lo que tenía la mañana libre. Llamé a un hospital de referencia y nos vieron a las 10.30 am. Ingresaron a Jax y le tomaron rayos X y ultrasonidos, y se lo diagnosticó con ¡abscesos múltiples en el hígado! Le dieron de alta con instrucciones de darle dos antibióticos diferentes dos veces al día por un mínimo de 6 semanas. Esto, además del paracetamol y el meloxicam líquido que ya estaba tomando por su dolor osteoartrítico y una tableta para la insuficiencia del mecanismo del esfínter urinario, significaba un total de 4 tabletas y un cuarto cada mañana, seguido de 3 tabletas y un cuarto cada tarde. Pensé, no hay problema, es un Labrador. ¿Qué podría salir mal? Oh, ¡Cuán equivocada estaba!

Aquí es cuando comenzó la “diversión”. Jax se rehusaba a comer cualquier cosa sustanciosa por los primeros cinco días luego de llegar a casa. Necesitaba su siguiente dosis de las medicinas la misma noche en que llegó a casa. Puse un bol con comida de lata junto con sus tabletas mezclada con la carne. Simplemente olfateó el bol y apenas pudo moverse al pasillo para recostarse bajo un radiador cálido, donde se quedó hasta que lo tomé y le puse una toalla bajo su vientre como cabestrillo para sacarlo a hacer sus necesidades en el patio antes de dormir. Este escenario se volvió muy familiar a medida que continuó por los próximos días.

Durante la semana siguiente, intenté con lo que sentí fue cada fuente de comida en el planeta para esconder sus medicamentos. Primero, intenté con pechuga de pollo cocida, puse media tableta entre dos piezas pequeñas de pollo tibio y se lo comió. Genial, pensé. ¡Esto va a ser sencillo! Le hice otro envoltorio de pollo/tableta, y lo tomó en su hocico, pero inmediatamente lo escupió. Pensé: no hay problema. Le preparé otro igual y esta vez le ofrecí un trozo de pollo “no contaminado” primero. Lo olió y se alejó.

Lo siguiente fue EasyPill, un producto diseñado específicamente para ser muy fragante y moldeable alrededor de las tabletas – nuevamente, tomó una pieza del trozo “no contaminado” sin problemas, pero escupió el trozo con mitad de una tableta dentro. Noté que parecía como que tan pronto como mordía la tableta, se volvía amarga y la escupía.

Lo siguiente fue Tasty Liver Paste, un premio que mis colegas sugirieron porque lo vendíamos en nuestra oficina y muchos clientes nos habían dado feedback positivo. Esto funcionó con aproximadamente cuatro dosis de tabletas, pero luego Jax se sensibilizó a esta pasta; no la tomaba de mi mano, y se alejaba de un bol de comida una vez que olía la pasta de hígado. ¡Oh, no!

¿Qué sigue? Pensé que podía intentar algo un poco más pegajoso que se adhiriera al paladar o su lengua para que fuera menos probable que lo escupiera. ¡Queso untable! Esto funcionó por dos dosis hasta que notó lo que sucedía.

En ese momento, busqué sugerencias en Twitter, y la horda de amantes de los animales ¡me dio muchas! Pequeñas bolas de pan cubiertas en salsa de carne funcionaron bien, una vez; también la pasta sabor a salmón para sándwiches, de nuevo, una sola vez. Descubrí que Jax es como yo y no le gusta la mantequilla de maní, y que ¡no comería nada que fuera remotamente crujiente! Incluso la comida seca de perro estaba ahora fuera del menú.

Había comenzado a darle trozos de comida de perro enlatada o, para ser honesta, cualquier cosa de mi plato con tal de que comiera algo. ¿Salchichas? ¡Qué perro rechaza las salchichas? ¡Éxito! Le gustó la salchicha y pude esconder las tabletas dentro de trozos de salchicha que puse en su bol, junto con pechuga de pollo cocido. Parecía que le gustaba esto… hasta que…. Ya no le gustó.

Me di cuenta de que estábamos entrando en un circulo vicioso. Si Jax no se tomaba sus medicinas de forma regular, no se sentiría mejor; si no se sentía mejor, no comería de forma apropiada, demorando su recuperación. Si no comenzaba a sentirse mejor, no comería de forma apropiada. Y así siguió. Era frustrante, por decir lo menos. Estaba resintiendo a Jax en algunos momentos y estaba deseando que ¡por favor se tomara las malditas pastillas! Me avergüenzo al admitir que en una ocasión puse la pastilla de forma manual en su garganta. Hice una mueca de dolor y me disculpé con Jax mientras se alejaba de mí, mis manos abriendo su hocico reticente y luego odiándome tanto por hacer eso. Juré no volver a hacerlo jamás.

Forzar a tu perro a tomar medicina de esta forma no es ideal, en muchos niveles. Algunos medicamentos pueden causar esofagitis o inflamación del esófago y es mejor que sean tragadas y no dejadas para posiblemente quedarse en la garganta. El riesgo de poner medicina por la tráquea y no por esófago está siempre ahí, sin mencionar el daño a la relación y vínculo que tiene el forzar a tu mascota a tomar medicina. Jax ya había comenzado a alejarse caminando o incluso corriendo cuando me acercaba con trozos de comida en mis manos, incluso antes de comenzar a dárselas de forma manual. No les puedo expresar lo triste que esto me puso, porque Jax y yo tenemos una relación lo más cercana posible. La emoción y alegría que sentimos y expresamos cuando nos vemos luego de estar solo cinco minutos separados ¡es mutua! No quería dañar o perder esa relación, y no quería que empezara a asociarme con cualquier cosa remotamente negativa. 

La desesperación puede hacer que hasta el mejor intencionado se prenda de lo que encuentre. Me senté en el piso de la cocina una tarde, cercana a las lágrimas con la frustración y el miedo de que  no mejoraría porque yo le había fallado no solamente como dueña sino ¡como veterinario también! 

Mis palabras a los dueños de simplemente darle las tabletas dos veces al día volvieron para perseguirme en ese momento, y sentí empatía con todos y cada uno de ellos y sus problemas por cinco días o dos semanas para medicar a sus mascotas enfermas.

Dos semanas después de haber sido dado de alta, Jax dejó de comer cualquier cosa que no fuera pollo o salchicha y aun no quería tomarse sus tabletas. Estaba al final de mi paciencia. Podía ver que había perdido peso y que ya no era ese perro feliz y sin preocupaciones que yo conocía y amaba. Por desesperación incluso ¡casi me consigo un segundo perro para ver si un poco de competencia alrededor de la comida lo hacía comer!

Un par de personas en Twitter me habían mencionado un producto llamado Pill Pockets, por lo que ordené varias con entrega al día siguiente. Moldeé un trozo de este bolsillito lo más pequeño humanamente posible alrededor de las tabletas partidas por la mitad. En ese momento, Jax había ya comenzado a pedir comida (pollo y salchicha) a diferentes horas del día y había comenzado a darle pequeñas cantidades cuando pedía para asegurarme que tuviera hambre para cuando le tocara tomarse las pastillas por la mañana y por la tarde. Esto pareció funcionar y en este momento, estoy 3 semanas post diagnóstico y a la mitad de su periodo de medicamentos, haciendo pequeñas bolas con los Pill Pockets y tratando de esconderlas en sus comidas de pollo y las salchichas dos veces por día. Ocasionalmente se atreve a comer un bocado de pellets o una lata de comida húmeda novedosa que no haya probado antes, ¡pero no le gusta!¡ Me temo haber convertido a este Labrador en un mañoso!

No estoy segura si fueron los Pill Pockets que fueron la solución al final o simplemente que a Jax le volvió algo de su apetito y estaba más dispuesto a probar comidas “extrañas” mezcladas con su comida. Solo estoy agradecida que haya empezado a tomarse esas malditas pastillas y que luego de más de cuatro semanas de su curso de antibióticos parece que ya hemos comenzado a mejorar. Ya no tengo que pasar dos horas diarias jalándome del cabello pensando en nuevas formas de engañarlo ¡para que se tome sus medicamentos!

En total, intenté que Jax se tomara sus tabletas dentro o con:

  • Pollo
  • Salchicha
  • Pan
  • Pasta de Hígado
  • Pasta de Pescado
  • Salsa de Carne
  • EasyPill
  • Queso Untable
  • Queso
  • Marmite
  • Chocolate Untable
  • Mantequilla de Maní
  • Atún
  • Pill Pockets

Las cosas que venían en mi lista “para probar” incluían miel, cápsulas de gelatina, paté, helado, comida de bebé, pedazos de dulces, moler y mezclar en una jeringa o mezclarlo con salsa de carne, y pasta de cachorro marca Kong. Pero ninguna de estas era ideal, obviamente.

A un mes desde su diagnóstico, una vez más, Jax se da vueltas en el piso, queriendo jugar, y ayer fue su primera salida a caminar por el parque disfrutando del sol ¡en casi un mes! Y su mamá/dueña/veterinaria ya no tiene que tomarse ¡doble ración de su medicina para la presión arterial!

Jax sintiéndose mucho mejor

Espero que el compartir mis experiencias de tratar de hacer que Jax se tome sus medicamentos y tener muchos problemas al hacerlo, incluso como veterinaria, ayude a otros dueños de mascotas a entender que no están solos en esta lucha y que no hay varita mágica o respuesta divina para darle la medicina a nuestras mascotas. Cuando están enfermos y pierden el apetito, ¡puede parecer una tarea imposible! Nuevamente, no estoy abogando por el método de “metérselas en la garganta”; esto puede ser más aceptable para una tableta desparasitaria ocasional, pero no para dosis dos veces al día por varias semanas. Es, en mi opinión, innecesario y una de las formas más rápidas de arruinar el vínculo entre tu leal perro y tú. 

Tan frustrante como parezca, solo tengo en mente las palabras de un colega con el que estaba hablando, cuando estaba exasperada por esto, quien dijo: “no te des por vencida con él”. Nunca tuve dudas de que fuera a rendirme, pero te diré esto: ¡casi me destruyó! ¡Lo bueno es que amo a ese perro!


Judy Puddifoot, MRCVS, ha sido veterinaria de animales pequeños por cerca de 6 años. Siente pasión por el bienestar de los animales y la conducta canina. Tiene un cariño especial por los Labrador y actualmente comparte su vida con Jax, Labrador negro, de 13 años. La puedes encontrar en Twitter e Instagram en @judythevet.

Traducido por Wen Bautista, IAABC Español