Por Camille King

En mi último artículo, hablé sobre como entrené a los cuervos que visitaban mi jardín para venir hacia mí bajo una señal, utilizando comida para premiarlos por venir. Ahora que “mis” cuervos visitan confiablemente el jardín y puedo atraerlos cuando yo quiera, pareciera ser un buen momento para comenzar a cambiar el ambiente a fin de poder entender más sobre sus preferencias, comportamiento y estilo de aprendizaje. Lo primero que quiero aprender es cómo reaccionan los cuervos a objetos nuevos. ¿Se pondrán nerviosos o se mostrarán curiosos? ¿Aprenderán los cuervos más cuidadosos de los más atrevidos o viceversa?

Debido a mi trabajo con perros es que estoy muy familiarizada con que los animales tengan reacciones sorprendentemente fuertes a nuevos objetos. Mediante un proceso de desensibilización y contracondicionamiento, conductas que indican miedo irán lentamente disminuyendo en frecuencia e intensidad, y conductas que indican respuestas emocionales positivas tomarán su lugar. La habituación es otro proceso por el cual tenía curiosidad; es la exposición repetitiva a un objeto nuevo que lleva a disminuir conductas relacionadas al miedo o estrés sin que nadie intervenga para entregar un refuerzo.

Coloqué un carrito en el patio, y cada una o dos semanas colocaba un objeto diferente en su centro, rodeado por una mezcla de distintas comidas: cacahuetes, pienso de perro, semillas de girasol, y ocasionalmente fruta o pan. Estaba interesada en ver cuánto tiempo le tomaría a los cuervos retirar y comer algo de la comida del carrito, y si tomarían señales el uno del otro sobre cómo comportarse alrededor del nuevo objeto. Como es de conocimiento general, a los cuervos les atraen los objetos brillantes, por lo que comencé con un tornillo brillante en el centro del carrito.

A pesar de que los cuervos vinieron al jardín cuando los llamé, evitaron el carrito. Cada uno de ellos comenzaría a comer al otro extremo del jardín, lejos del carrito. Después de dos horas, los cuervos lentamente empezaron a ir hacia el final del jardín, donde se encontraba el carrito y a comer la comida que estaba derramada en el suelo. En el segundo día, los cuervos nuevamente evitaron el carrito hasta aproximadamente tres horas de alimentación, momento en que cuatro cuervos caminaron uno al lado del otro hasta el carrito. Se miraron –pienso que nerviosamente– y miraron cómo una ardilla sentada en el carrito rasgaba una semilla de girasol. Después de cinco minutos más, uno de los cuervos se mantuvo en la misma posición, estiró su cuello hacia el carrito y tomó una semilla de girasol pequeña del piso del carrito. 

Perro estirando su cuello para aprender más sobre el nuevo objeto.

He notado que perros que no han sido desensibilizados a un juguete nuevo, túnel de agility o artículos para el hogar pueden mostrar un comportamiento similar de estirarse al intentar obtener mayor información sobre el objeto. En una de mis clases de entrenamiento de perros, en la graduación hacía correr a los perros por un túnel de agility. Perros que nunca habían visto un túnel mostraban dudas al inicio: mantenían sus miembros traseros fijos y estiraban el cuello y miembros anteriores para oler el túnel. Con un poco de persuasión del dueño y refuerzo positivo, no obstante, el perro aprendía rápidamente a disfrutar de correr por el túnel. 

Los otros tres cuervos observaron al primero estirarse hacia la comida. Luego, otros dos cuervos hicieron el mismo movimiento de estirar el cuello mientras mantenían sus pies fijos. Fueron incapaces de alcanzar el carro de esta manera y tuvieron que dar un pequeño paso hacia adelante antes de tener éxito. El cuarto cuervo, luego de mirar a los otros tres, saltó hacia delante y tomó una semilla de girasol sin estirarse e inmediatamente después saltó lejos.

Cuervo colocando su pata en el carrito

Luego, el primer cuervo del grupo decidió colocar una pata en el borde del carrito. Pusieron una pata en el carro e inmediatamente la quitaron, como si el carrito estuviera muy caliente. 

Procedieron de esta forma por tres intentos más antes de colocar sus patas en el carrito y estirarse para obtener más semillas. Como los otros comenzaban a colocar sus patas en el carrito y quitarlas inmediatamente, el primer cuervo saltó encima del carro, y luego se bajó rápidamente, como si se hubiera quemado de nuevo. Después de diez segundos repitieron el comportamiento y se quedaron sobre el carrito, justo a lado de la ardilla y el tornillo brillante. Cada uno de los otros cuervos fue capaz de seguir el comportamiento del primero y eventualmente todos se subieron al carro y comieron. 

El otro objeto que probé era una pelotita brillante con brillantina dentro. 

Cuando le daban los rayos del sol, la pelota brillaba. Coloqué la pelota en el centro del carro, y luego la rodeé de distintos tipos de comida como lo había hecho con el tornillo brillante. Nuevamente, las ardillas y los arrendajos azules no mostraron ninguna reacción hacia el nuevo objeto. En el primer día, los cuervos fueron más rápidos en acercarse al carro con comida que la vez que les había introducido el carro con el tornillo brillante. Una ardilla dejó caer un cacahuete debajo del carro y fue a buscarlo. Cuando un cuervo se acercó al carro, debe haber escuchado a la ardilla debajo porque se agachó y miró debajo del carro, y la ardilla salió corriendo debajo de él. El cuervo saltó del camino de la ardilla y se alejó del carro. Cuando el cuervo regresó al carro, esta vez se agachó y miró debajo. Cuando observó que no había nadie debajo, estiró su cuello y rápidamente tomó una semilla del carrito. Un segundo cuervo se acercó y sorprendentemente se agachó y miro bajo el carrito, igual a como lo había hecho el primero. El primer cuervo luego saltó sobre el carrito, y luego se bajó de él. Después de otra repetición, hizo un círculo alrededor del carrito y luego se agachó, miró bajo el carrito, y saltó sobre él y se quedó ahí para llenarse de semillas de girasol y pienso de perro. 

El siguiente objeto que coloqué en el carrito fue una tabla de madera de 2 x 4 pulgadas.

Este fue el más sorprendente de todos, ya que les tomó cuatro días enteros a los cuervos abandonar sus conductas vacilantes y comer normal. A pesar de que las ardillas y los arrendajos azules no se vieron molestados por ellos (las ardillas se arrastrarían sobre la madera para obtener la comida), los cuervos ignoraron completamente el carrito por dos días. Se comieron toda la comida que estaba en el suelo cerca del carrito pero no se acercaron a él hasta el tercer día. El grupo de tres cuervos observaban con atención a la ardilla que se sentaba en sus caderas sobre el carrito y comía un cacahuete. Dos de los cuervos dramáticamente se agacharon y miraron bajo el carrito, solo para no encontrar nada. Luego los tres estiraron el cuello –cuidadosamente para no tocar la madera– tomaron un cacahuete y comieron pienso de perro del suelo del carrito. Ninguno de ellos puso una pata en el carrito. Al cuarto día, llamé a los cuervos, y se comieron casi toda la comida esparcida por el patio, acercándose al carrito al final. Un cuervo miró debajo del carrito antes de acercarse un poco más. Otros cuatro cuervos hicieron la rutina de estirar el cuello, o colocaban una pata y la retiraban rápidamente. Después de unos 20 minutos, finalmente saltaron sobre el carrito. Luego se colocaron sobre la madera y se bajaron de ella varias veces antes de permanecer sobre ella y comer los últimos cacahuetes. Me sorprendió de que no se acercaron a un objeto no brillante por mucho tiempo. 

Los siguientes tres objetos obtuvieron mucho menos interés de parte de los cuervos; posiblemente debido a que ahora estaban acostumbrados al carrito con su extraña superficie de metal y ya habían experimentado el poner sus patas sobre él para sacar comida, u observado a sus compañeros hacer lo mismo. El próximo objeto fue un florero de vidrio negro. La mayoría de los 40 cuervos del jardín ignoraron el carrito. Mientras yo los observaba, uno miró bajo el carrito antes de colocar una pata sobre él y sacar algunos cacahuetes del florero. Luego otros cuervos saltaron al carrito y engullían los cacahuetes que se encontraban sobre el florero sin ninguna duda. 

El siguiente objeto era un florero de plástico rojo. Los cuervos no se vieron molestos por este objeto. Se acercaron al carrito de forma más rápida que con otros objetos. Durante el tiempo que los observaba, algunos cuervos completaron dos repeticiones de colocar la pata sobre el carrito, y tres o cuatro cuervos estaban parados sobre el carrito y comiendo. También noté que ninguno de los cuervos había realizado la conducta de mirar bajo el carrito mientras yo los observaba.  

El último objeto que puse sobre el carrito era una cadena de plata brillante y un gancho en forma de “S”. Los cuervos estaban menos intimidados por este montón de metal. Después de una hora comiendo en el patio, se acercaron al carrito sin dudar. Un cuervo hoy miró bajo el carrito, y luego saltaron sobre él y comieron. 

De ver a los cuervos reaccionar a estos objetos, pude concluir que la mayor causa de duda era probablemente la textura de la superficie del carrito más que la vista de los objetos en el carrito. También concluí que pareciera que los cuervos obtienen información de cada uno de ellos sobre la seguridad del carrito y cómo comportarse al estar cerca de él. La forma en que los cuervos se acercaban en grupo, casi como un espectáculo de fuerza, pareciera indicar que se sentían más seguro en grupo. 

Acercándose en grupo

El aumento de cuervos que deliberadamente agachaban la cabeza para mirar bajo el carrito, que lo noté por primera vez en solo uno de ellos después de haber sido sorprendido por una ardilla, sugiere que los otros cuervos observaron e imitaron el comportamiento. El hecho de que muchos cuervos diferentes estuvieran en el jardín mientras yo los observaba, pero el tiempo que se tomaban para acercarse al objeto novedoso y comer disminuía considerablemente, sugiere que todo el grupo se estaba habituando a la presencia del carrito y de los objetos, no solo los cuervos que interactuaban directamente con él mientras los observaba. Una anécdota ilustra ambas de mis conclusiones muy bien: un cuervo saltó sobre el carrito, y un poco de hierba estaba atascada en su pata. Parecía muy asustado; inmediatamente se bajó del carrito y lo rodeó antes de volver a saltar sobre él y nuevamente se bajó, demasiado rápido como para sacar algo de comida. Luego un cuervo más grande se acercó, comenzó a graznar, saltó sobre el carrito y comió. Él miró. Después, saltó sobre el carrito y también comió.  

Camille King, EdD, ACAAB, CDBC, es especialista en análisis del comportamiento aplicado, es dueña de Canine Education Center, LLC en Colorado. Se especializa en la evaluación y tratamiento de perros con desórdenes de ansiedad y agresión severa. Camille dirige estudios profesionales sobre estrés canino y problemas de salud mental. Cuando no está trabajando con perros, trabaja como enfermera registrada de práctica avanzada. 

Traducido por Pamina Horlacher, IAABC Español