Por Sylvia Vai

El médico veterinario debe hacer lo imposible para preservar la salud física y emocional de su paciente. Asesorar al propietario sobre cómo llevarlo en el vehículo es imprescindible, ya que es frecuente que perros y gatos acudan a la consulta clínica por este medio de transporte, donde si su tenedor no toma los recaudos necesarios puede hacer que sufra heridas de diferente gravedad, e incluso mueran, en caso de una colisión.

Una pregunta que no debiera faltar durante la anamnesis del paciente es “cómo se comporta en el domicilio y durante las salidas”, ya sean estas últimas mediante caminatas en la vía pública o durante los paseos en coche. Respecto de esto último, es necesario averiguar si en el vehículo viaja suelto (sentado, echado o deambulando de uno a otro lado), en brazos del propietario, sujeto mediante un cinturón de seguridad, o en una caja transportadora atada al habitáculo. Estas dos últimas opciones son correctas y esenciales para evitar que en una frenada brusca el animal se lesione y/o lastime a otros en función de la velocidad de desplazamiento del automóvil, la desaceleración repentina, y la fuerza de inercia propia de todo cuerpo en la Tierra.

Hay que considerar que lo que se encuentra en el interior de un auto en movimiento, personas, animales, objetos, se desplaza con él y a su misma velocidad; si éste se detiene bruscamente, lo que no esté correctamente sujeto seguirá la trayectoria hacia adelante y chocará con lo primero que se interponga a su paso. Así, el elemento o individuo impulsado golpeará con fuerza sobre la parte frontal o el parabrisas del coche, o la persona que se encuentra sentada en los asientos delanteros generando –a sí mismo y a otros– consecuencias más o menos graves según su tamaño y la velocidad de circulación. Si por el golpe se abre la puerta, o el vehículo marchaba con las ventanillas bajas, quien no esté sujeto puede ser despedido hacia el exterior, lo que aumenta seis veces la posibilidad de muerte al impactar contra el suelo.

Representando lo citado en números, si el auto circula a 60 kilómetros por hora, velocidad permitida en avenidas (en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por lo que puede cambiar en otras partes del mundo), y choca bruscamente contra un obstáculo detenido se produce una desaceleración violenta e instantánea, pero lo que está en su interior sin sujeción sigue desplazándose a dicha velocidad con una fuerza que equivale aproximadamente a 56 veces su peso. Considerando los pesos frecuentes de los animales de compañía, uno de de 5 kilos que viaja suelto en el auto saldrá proyectado hacia adelante con una fuerza equivalente a 283 kilos, uno de 10 kilos a 567 kilos, uno de 17 kilos a 850 kilos y uno de 20 kilos a 1 tonelada, por esto es importante tomar recaudos para minimizar las consecuencias en caso de un accidente de tránsito.

Otro dato interesante citado en publicaciones especializadas sobre el tema es que el 70% de los accidentes automovilísticos ocurren en trayectos breves, a menos de 15 kilómetros del domicilio y cuando el auto se traslada a poca velocidad. Sucede que el viaje corto lleva a que el conductor no tome medidas preventivas y el “no importa, vamos hasta allí nomás” puede resultar fatal, ya que, según diversos estudios, un choque a 50 kilómetros por hora sin estar sujeto tiene consecuencias semejantes a la caída desde un 4º piso.

Al circular por las calles de la ciudad observo frecuentemente a perros o gatos descansando sobre la luneta trasera del coche que seguramente impiden la visibilidad de quien conduce, y otros parados o recostados sobre la falda del conductor o el acompañante. Aunque se suponga que el animal está seguro entre los brazos de la persona, en el momento de un choque es instintivo liberarlo para protegerse a uno mismo facilitando así que sea despedido por el impacto y se lastime.

También veo perros asomando la cabeza a través de la ventana o moviéndose inquietos de uno a otro lado, incluso abalanzándose contra la ventanilla mientras ladran a personas o congéneres extraños. Esto, que genera incomodidad y distracción a quien conduce el vehículo, sumado a la ausencia de contención apropiada que lo resguarde frente una frenada brusca, lleva a que cualquier maniobra del conductor pueda tener consecuencias incluso fatales.

Por lo tanto es fundamental que personas y animales de compañía viajen siempre sujetos por el cinturón de seguridad que, en el caso de perros de gran tamaño, debe ser lo suficientemente fuerte para sostenerlo del pretal, nunca del collar, sin romperse durante la colisión. Si se encuentra en el interior de una caja transportadora ésta deberá estar bien sostenida al asiento mediante la bandolera de seguridad del vehículo para evitar así su desplazamiento. Si el auto es monovolumen y se desea que viaje en la parte de atrás es recomendable utilizar divisiones o redes, o atarlo seguro a sus puntos de sujeción.

También hay que considerar que un animal libre en el interior del vehículo distrae al conductor con sus movimientos, y puede hacer que la persona sienta la necesidad de sujetarlo durante una maniobra de frenado, para lo cual debe soltar el volante desviando aún más su atención; lo mismo sucede si se ubica entre los pies y los pedales, en ambos casos, si alguien o algo se cruza de repente delante del auto es factible que se produzca un accidente por la imposibilidad de reaccionar en forma y tiempo para evitarlo.

Si el comportamiento del animal es equilibrado, puede aprender fácilmente a viajar tranquilo y atado o en el interior de una caja transportadora, que deberá permanecer siempre sujeta. Lo ideal es habituarlo desde cachorro. Si viaja sujeto por el cinturón de seguridad, también es importante enseñarle a esperar la orden de descender del coche para evitar que al soltarlo se abalance bruscamente al exterior, cruce la calle y genere un accidente de tránsito.

Si durante el viaje en vehículo el perro o gato evidencia vómitos, náuseas, jadeo, secreción nasal, miedos, temblores, vocalización, defecación o micción, está inquieto, hiperactivo, se muestra esquivo para ascender o descender del mismo, o agresivo durante el viaje, el examen clínico etológico es imprescindible para evaluar su comportamiento, arribar al diagnóstico de la causa de los signos citados y diseñar un plan de tratamiento adecuado al paciente con el fin de alcanzar su bienestar, y el de los otros ocupantes de un vehículo en movimiento.

Un viaje en auto puede empezar y terminar bien o mal; los animales nunca deben viajar sueltos independientemente de su edad y tamaño.

Como expresé anteriormente, cuidar la vida del paciente dentro y fuera del consultorio es importante para su médico de cabecera, y el traslado en un medio de transporte no debe ser menospreciado. Asesorar bien al cliente respecto de cómo hacerlo y como enseñarle al animal de compañía a comportarse bien durante el mismo y en la vida diaria asegura su satisfacción y conserva al paciente.

Una lesión grave acarrea gastos, pero lo más importante es que una vida, cualquiera sea, tiene un valor incalculable.


La doctora Silvia I. N. Vai es M. V. FCV UBA, especialista en Etología Clínica caninos y felinos CPMV, especialista en Clínica Médica de pequeños animales FCV UBA. (Buenos Aires, Argentina)