Por Nicole Ribeiro

¿Qué es el dolor?

El dolor, definido de una manera simple, es una experiencia sensorial aversiva. Normalmente, en términos generales se puede clasificar en nociceptivo o neuropático. El dolor nociceptivo es causado por un estímulo nocivo, asociado a un dañoactual o en respuesta a un posible daño tisular, y es procesado por el sistema somatosensorial, que funciona de manera normal la mayoría del tiempo.1 El dolor neuropático, en contraste, es un proceso mal adaptado causado por una amplia gama de condiciones que pueden afectar a cualquier órgano o tejido que posea terminaciones nerviosas. Sin embargo, específicamente es considerado crónico en condiciones en que se involucra el sistema neuromuscular y que puede ser tanto dependiente de estímulo como espontáneo.2

El dolor agudo es el típico dolor que dura un pequeño período de tiempo y que desaparece después de que la inflamación y el proceso de curación se ha completado. Con lesiones agudas, los cambios en la respuesta neurológica a ese estímulo se consideran protectores y se espera que desaparezcan una vez que la curación ha ocurrido.2

Comparado con el dolor agudo, el dolor crónico es más complejo en casi todos sus aspectos. El dolor crónico puede ocurrir con o sin una lesión aguda inicial, puede empeorar progresivamente, puede ocurrir de forma intermitente y dura más que el habitual proceso de curación inflamatoria. Con el dolor agudo, los nocireceptores de los nervios periféricos son activados en respuesta a la lesión o inflamación. Estos nervios envían las señales de dolor desde la rama ganglionar dorsal hacia la médula espinal y al sistema nervioso central, y estas señales habitualmente se detienen una vez que la  experiencia sensorial inicial o el estímulo responsable del dolor ha sido resuelto.3

Sin embargo, con el dolor crónico, una estimulación de los nervios sensoriales de forma repetitiva en el tiempo puede causar cambios en cómo estas señales son procesadas. Bajo condiciones normales, los estímulos disminuyen mientras progresa la curación y la sensación de dolor se reduce; sin embargo, con un dolor crónico persistente, son activados mecanismos secundarios tanto en la periferia como en el sistema nervioso central (SNC), que pueden disminuir el funcionamiento normal.4

Los receptores químicos, mecánicos y térmicos, junto con los leucocitos que generan mediadores analgésicos que contrarrestan el dolor inflamatorio ayudan a determinar la intensidad, ubicación y duración del evento sensorial y activan las señales sensoriales nerviosas del sistema nervioso periférico (SNP).4 Estas señales son transmitidas desde el SNP al SNC. Con el dolor crónico, ocurre la sensibilización periférica, en la que un persistente aumento de los niveles de los mediadores bioquímicos causa un aumento constante en las señales de dolor transmitidas en el SNP.5 En consecuencia, esta sensibilización del SNP lleva a una sensibilización del SNC, en el cual se altera la bioquímica de las neuronas sensoriales; fundamentalmente cambia la forma en la que se procesan las señales de dolor, resultando en un aumento de la percepción de dolor.5

El dolor puede inhibir comportamientos normales y causar comportamientos anormales, y puede interferir fuertemente en la calidad de vida tanto de los perros como de sus dueños.6,7,8 Con los pacientes humanos, la naturaleza subjetiva e intrusiva del dolor, y especialmente de los estados de dolor crónico, están muy bien documentadas. El dolor siempre es subjetivo para el individuo y puede ser descrito en términos de cómo afecta al individuo a través de las dimensiones sensorial, emocional y cognitiva.9

Sin embargo, tanto el dolor agudo como el crónico pueden ser fácilmente pasados por alto en animales de compañía debido a que son maestros en ocultar el dolor y, a diferencia de su contraparte humana, son incapaces de auto informar su dolor. Mientras que el manejo del dolor se ha convertido en una parte esencial de la medicina veterinaria, es igual de esencial en entrenadores y especialistas en comportamiento entender el dolor, su origen y mecanismos, como también su rol en la conducta.

Investigaciones han mostrado que el dolor crónico está correlacionado con cambios emocionales y cognitivos y además, puede cambiar fundamentalmente el cerebro tanto a nivel estructural como funcional, contribuyendo al desarrollo de o aumento en problemas emocionales y cognitivos tanto en humanos como en animales.10 Entender la relación entre el dolor físico y problemas en el comportamiento de los animales de compañía es fundamentalmente importante para entregar planes de modificación de conducta lo más funcionales e informados posible.

¿Qué tiene que ver el cerebro con todo esto?

Numerosos estudios en humanos han demostrado la compleja naturaleza del dolor crónico, incluyendo alteraciones en regiones cerebrales involucradas y responsables de las funciones cognitivas y emocionales.8 En humanos, el estado de dolor crónico tiene una alta co-morbilidad con otros desórdenes psiquiátricos como ansiedad y depresión.11 Entender los mecanismos no sólo de cómo el dolor crónico se desarrolla y progresa, sino también cómo puede afectar el comportamiento de animales de compañía, es importante para ayudar a desarrollar planes de modificación de conducta colaborativos. 

Estudios en humanos y otros animales sugieren que las regiones involucradas en los procesos de las emociones, como la amígdala, así como también aquellas que median los cambios marcados de los centros cerebrales; emocionales, motivacionales y relacionados con la recompensa, están asociados con la progresión del dolor crónico y causan desórdenes emocionales en pacientes con la condición de dolor crónico. Las regiones cerebrales involucradas en el procesamiento del dolor son similares a aquellas involucradas en los desórdenes del ánimo. 

La corteza pre frontal medial (CPFm), ubicada en el lóbulo frontal, es una importante región responsable de la toma de decisiones, regulación de la respuesta emocional y el procesamiento del miedo. La CPFm es una región crítica que está involucrada en el proceso emocional y cognitivo del dolor; en la persistencia de la memoria del dolor y en la incapacidad de eliminar la memoria del dolor después de que la lesión inicial ha sido curada, transformando el dolor agudo en un problema crónico.10

El hipocampo y parte importante del sistema límbico están ubicados en el lóbulo temporal medial; es responsable de la memoria episódica y memoria semántica12 debido a sus extensas conexiones nerviosas con otras regiones cerebrales también ayuda a regular, y está involucrado con la emoción y cognición. Cambios en el hipocampo están asociados a un aumento en el riesgo de desórdenes depresivos en humanos. Adicionalmente, investigaciones han demostrado que cambios en la neurogénesis (proceso para la formación de neuronas) del hipocampo están asociados con el desarrollo del dolor crónico. También es responsable cuando hay déficit cognitivo, y está asociado a desórdenes emocionales, como la depresión y la ansiedad, que acompañan al estado de dolor crónico.10

Entender esta particular región cerebral es de gran importancia para especialistas conductuales. Para que ocurra el aprendizaje contextual, los animales deben tener tanto la representación del contexto como también la codificación de los elementos contextuales. Una vez codificados, los elementos contextuales pueden ser asociados con eventos, como la aparición de un shock aversivo. Durante un condicionamiento contextual normal, los animales primero codificarán la representación del contexto. Luego asociarán la representación con estímulos incondicionados. Estos dos procesos de aprendizaje se denominan codificación del contexto y condicionamiento del contexto.12 Los procesos de aprendizaje contextual, memoria episódica y asociaciones son realizados posiblemente por el hipocampo. 

Estudios recientes han demostrado que cambios moleculares y celulares en el hipocampo de animales con dolor persistente o crónico llevaron a marcados cambios en la conducta, incluyendo un aumento en comportamientos ansiosos y la incapacidad de extinguir el miedo contextual, detonando déficits tanto en la memoria como en el aprendizaje.13 Cambios en esta región cerebral de pacientes con dolor crónico están estrechamente relacionados con ansiedad, depresión, y otras dificultades emocionales y cognitivas, por lo que algunos investigadores plantean la hipótesis de que el dolor crónico por sí mismo puede redefinirse en términos de estados de aprendizaje continuo a través del condicionamiento contextual y extinción, donde asociaciones emocionales aversivas se forman continuamente con eventos que de otra manera son insignificantes debido a la persistencia o presencia crónica del dolor.13

La amígdala, una parte crítica del sistema límbico, ubicada en la porción frontal del lóbulo temporal, es importante en la regulación del impulso, especialmente del miedo y está principalmente involucrada en la motivación, el miedo y comportamientos de evasión.14

La amígdala es la responsable de agregar el contexto afectivo emocional a la información sensorial, que luego es utilizado para regular las respuestas de miedo y dolor. En los estados de dolor crónico existen cambios en la activación de la amígdala, ilustrando el importante rol que cumple en los aspectos afectivo emocional del dolor crónico.10 Investigaciones recientes en animales han demostrado que convergen dos vías cerebrales en la amígdala y que son responsables de la regulación de la ansiedad que acompaña al estado de dolor crónico,15 destacando la importante relación entre el dolor y las emociones. 

El dolor crónico puede asociarse a cambios en la función y estructura cerebral, no así el dolor agudo. Investigaciones han demostrado que el cerebro comienza a procesar diferente el dolor si es que ha estado procesando el dolor por un largo tiempo.16

Se ha asociado los estados de dolor crónico con actividad cerebral en áreas que normalmente son consideradas para controlar o regular las emociones, motivación, y comportamiento; siendo de vital importancia para los especialistas conductuales entender e investigar el posible rol del dolor crónico en los casos de comportamiento. 

Cambios conductuales relacionados con el dolor

Problemas médicos, particularmente los que involucran dolor crónico, pueden contribuir a problemas de comportamiento o aumentar problemas de comportamiento ya existentes en perros.17 Las condiciones de dolor crónico están bien reconocidas en humanos y generalmente tienen criterios claramente definidos para diagnosticarlo. Estos mismos criterios son imposibles de aplicar en su totalidad en perros, ya que requieren de una descripción detallada de la experiencia de dolor del individuo o identificación de los síntomas que son difíciles de reconocer en animales.2

Mientras que los veterinarios son capaces de identificar algunas respuestas de dolor, es frecuente el caso en que el síntoma físico de dolor ocurra después de que la enfermedad haya progresado, y en algunos casos, mucho después de que aparezcan cambios conductuales en relación con el dolor. 

En un estudio del 2012, dueños presentaron a los veterinarios a lo menos un comportamiento específico que les preocupaba durante la consulta, con un total de más de 50 comportamientos preocupantes identificados por los dueños durante todas las visitas. Solo 10 de estos problemas de comportamiento fueron abordados por los veterinarios; cabe destacar que ninguno de los veterinarios buscó facilitar o implementar un plan para manejar el comportamiento problema fuera de la clínica/hospital.17 Esto es preocupante, dado que los cambios conductuales son frecuentemente el primer signo de un problema clínico subyacente como aquellos que involucran estados de dolor crónico.18

Los cambios conductuales relacionados al dolor pueden tomar muchas formas, y los dueños pueden reportar su aparición repentina o gradual. Pueden manifestarse como cambios en la actitud, mentalidad o comportamiento; como el desarrollo o aumento en conductas miedosas, ansiosas, estresantes o evasivas; o como un aumento en conductas de hyperarousal (un estado de estimulación mayor a lo normal), hiperactividad o hipervigilantes.19,20

Algunos de los cambios conductuales más comunes relacionados con el dolor se observan como cambios en conductas que incluyen el miedo y la agresión hacia los dueños u otras mascotas de la casa, como también una aparición gradual o aguda o aumento de conductas de protección de recursos hacia los dueños u otras mascotas, tales como el gruñir cuando se acercan.20 Estudios han demostrado conexiones definitivas entre los estados de dolor crónico en humanos y cambios fundamentales en la actividad cerebral, relacionándose con cambios conductuales. Específicamente, investigadores encontraron que, en humanos con dolor crónico, una región de la corteza que está asociada con la regulación emocional falla en su desactivación normal, llevando a los pacientes con dolor crónico a tener una alta incidencia de conductas de ansiedad o depresivas, como también una marcada dificultad en tomar decisiones simples.11 El dolor crónico por sí mismo es una enfermedad de alteración del neuroproceso, e impone un estrés severo en el cerebro y en sistemas de proceso del dolor, mientras se desarrollan cambios en respuesta al aporte sensorial sostenido.21

Mientras que los cambios conductuales pueden ser repentinos o graduales, es importante entender la posibilidad de estos cambios de ser una respuesta al dolor crónico. Animales de compañía que sufren de dolor agudo severo o crónico, generalmente son ansiosos e inquietos y pueden volverse altamente protectores, inmanejables o agresivos, mientras que otros pueden volverse sumisos o depresivos.22En un estudio reciente de perros que presentaban una severa sensibilidad a ruidos en los que los dueños reportaron a lo menos un signo de conductas de miedo, ansiedad o fobia, fue investigada la relación entre la sensibilidad a ruidos y el dolor crónico.22

Los investigadores encontraron que en los  casos de dolor crónico, la edad de inicio de la sensibilidad a ruidos y conductas asociadas fueron de cuatro años antes, y todos los casos respondieron bien al tratamiento conductual, una vez que el dolor crónico musculoesquelético subyacente fue identificado, sugiriendo que la sensibilidad a ruidos se desarrolló como una conducta relacionada al dolor.19

Los cambios conductuales relacionados al dolor crónico no son únicos de animales de compañía viejos o que están envejeciendo. Con enfermedades ortopédicas del desarrollo, tales como enfermedad del ligamento cruzado craneal, displasia de cadera, displasia de codo y enfermedad de luxación/dislocación patelar, identificadas cada vez de forma más temprana en perros jóvenes, es importante para los especialistas en comportamiento entender el posible rol del dolor crónico en cambios conductuales y trabajar tanto con los dueños como con los veterinarios para crear planes de manejo conductual más holísticos. 

Cambios conductuales relacionados al dolor crónico tampoco son comunes solo en perros. Estudios recientes investigaron la relación del dolor crónico y problemas conductuales en felinos, encontrando que las cirugías de deungulación que resultaron en el desarrollo de dolor crónico de espalda, aumentaban la incidencia de comportamientos indeseados de felinos.23 La investigación encontró que las cirugías de deungulación en donde quedaban fragmentos de la 3ra falange (F3) tenían impacto a largo plazo en la marcha y desplazamiento del peso en las caderas, que llevaba a dolor crónico de espalda. Este dolor estaba asociado a un aumento de conductas agresivas, eliminación inapropiada, acicalamiento excesivo y mordidas; cuando se comparaban con felinos sin dolor crónico de espalda debido a fragmentos de la F3.23

Cuando tratamos con nuestros amigos felinos, es importante para un especialista en conducta entender que los cambios conductuales asociados al dolor crónico pueden ser aún más sutiles que con los caninos y los cambios conductuales felinos generalmente se atribuyen de forma errónea a la edad.24

Para los felinos, signos comunes de dolor crónico pueden incluir tanto un aumento o disminución en la actividad normal de acicalamiento, eliminación inapropiada (defecación y/o micción), aumento de conductas de esconderse o cambios emocionales más marcados como aumento en el miedo o agresividad. Para los felinos, muchas condiciones comunes médicas pueden generar estados de dolor crónico, incluyendo la osteoartritis, problemas urinarios típicos tales como piedras o cristales e incluso la diabetes, como también muchos otros desórdenes que pueden tener pocos signos clínicos evidentes pero causar estados de dolor crónico.24

Frecuentemente los dueños notan en casa signos de dolor que los veterinarios no pueden ver en la clínica8 lo que hace vital que los dueños de animales de compañía que sufren de condiciones de dolor clínico tengan apoyo conductual fuera del alcance de la consulta veterinaria. Los cambios conductuales debido al dolor crónico pueden ser altamente individuales, y pueden variar desde cambios sutiles no específicos a cambios más evidentes, variando desde una reducida actividad general y reducida sociabilidad a un aumento en la incidencia de conductas ansiosas o agresivas; la presentación de la conducta puede ser intermitente y dependiente de la severidad del dolor al momento en el que se produce la conducta.25

Esta compleja naturaleza del dolor crónico y la relación entre éste y el comportamiento significa que los especialistas en conducta deben tener conocimientos de múltiples áreas, tener un enfoque del comportamiento más holístico, mirar el comportamiento como una función del proceso corporal como un todo, y tomar un enfoque más multidimensional a la evaluación conductual y planes de manejo conductual. 

¿Qué pueden hacer los especialistas en conducta?

Como especialistas conductuales, lo primero y más importante de todo es que debemos estar abiertos a trabajar con los dueños como también con los veterinarios para evaluar e identificar cambios comportamentales que podrían estar asociados con o en respuesta a alguna condición médica subyacente y estado de dolor crónico. No solo deberíamos tomar un detallado historial médico en conjunto con la evaluación comportamental, sino que también familiarizarnos con otros signos posibles de una condición de dolor crónico y tener en cuenta cambios en la actividad, cambios o anormalidades al andar, indicaciones de rigidez o cojera que podrían ser indicativos de enfermedades comunes de dolor crónico del sistema musculoesquelético. Aprender a identificar estos cambios físicos en conjunto con la evaluación de cambios conductuales puede ayudar potencialmente a los dueños a identificar en una etapa temprana enfermedades de dolor crónico. El reconocer el dolor crónico puede ser un desafío, particularmente porque incluso los dueños y veterinarios pueden no darse cuenta que los cambios comportamentales pueden ser un signo posible de dolor crónico.  

Como especialistas en conducta, también podemos incluir evaluaciones enfocadas en el dolor como el Canine Brief Pain Inventory (CBPI) que es una herramienta muy útil para cuantificar la severidad de enfermedades musculoesqueléticas; como la osteoartritis u otras condiciones de dolor crónico. Otra herramienta muy valorada es la parte psicológica/conductual de la  Escala de Dolor Agudo de la CSU. Para un plan efectivo de manejo conductual, es necesario información detallada tanto de conductas normales como también de cambios conductuales descritos por los dueños; sin embargo, debe ser considerado de igual manera el conocimiento detallado y entendimiento de la salud física general de los caninos y cambios en la salud. Usualmente se necesita un enfoque colectivo, con aportes y colaboración del veterinario actual y/o veterinarios especialistas en rehabilitación. 

Otra posible herramienta de evaluación para incluir podría ser el Índice de Dolor Crónico Helsinki, que puede ser una herramienta muy útil para la evaluación conductual. Estas evaluaciones permiten ayudar a los dueños a identificar cambios generales del comportamiento; en términos de cambios en la actitud o ánimo, como también identificar conductas posibles asociadas a estados de dolor crónico como la frecuencia de vocalizaciones o manifestaciones de incomodidad y la disposición de participar o jugar con los dueños. Estas mediciones también facilitan a los dueños el identificar posibles déficits funcionales que pueden ser indicativos de enfermedades musculoesqueléticas o dolor crónico, como son los cambios en la movilización y ejercicio. 

Especialistas en conducta pueden acortar esta brecha al buscar veterinarios especialistas en rehabilitación o veterinarios ortopedistas para derivar posibles casos conductuales a una evaluación médica, y para ofrecer el apoyo conductual necesario en casa para dueños de perros que sufren de enfermedades con dolor crónico. Generalmente, la enfermedad más común asociada a dolor crónico en perros es la osteoartritis (OA), que es típicamente diagnosticada en estados tardíos cuando el tratamiento veterinario solo puede ayudar a disminuir el dolor.26

En casos conductuales donde se sospecha de OA o de una condición de dolor crónico, tener una comunicación abierta con veterinarios especialistas puede ayudar a facilitar la intervención médica necesaria y posiblemente ayudar a disminuir la progresión de la OA cuando se busca el tratamiento de forma temprana. En estos casos, utilizar el cuestionario de Osteoartritis en Perros de la Universidad de Liverpool (LOAD) y que los dueños se lo entreguen a los veterinarios puede ayudar a identificar los cambios conductuales como un síntoma previo de dolor crónico en la OA. El cuestionario LOAD es una evaluación del dueño para medir desórdenes caninos como la OA, como también la posible severidad de los síntomas y puede ser una herramienta muy útil para que los dueños la entreguen a los veterinarios cuando los cambios conductuales puedan representar una condición médica crónica subyacente. 

Otra herramienta útil para los especialistas conductuales que sospechan de una enfermedad de dolor crónica subyacente es el Formulario de Sospecha de Dolor Crónico del Manejo de la Artritis Canina que puede ser rellenado con ayuda del dueño y entregárselo al veterinario. Este sencillo formulario puede ser incluido en la evaluación conductual. Evalúa 4 áreas claves para identificar un posible dolor crónico asociado a una enfermedad musculoesquelética, incluyendo los cambios en la capacidad física general del canino, como también identificar cambios en la marcha o patrones de marcha anormales, cambios posturales y cambios conductuales. Este sencillo formulario, en conjunto con un historial conductual detallado, puede ayudar a los dueños a tener una conversación más informada con los veterinarios sobre las posibles causas médicas a los cambios conductuales. 

Mientras los veterinarios deberían familiarizarse más con los posibles cambios conductuales que caracterizan enfermedades con el componente de dolor crónico, es de igual importancia para los especialistas conductuales entender posibles problemas médicos, particularmente condiciones de dolor crónico que se pueden manifestar en cambios conductuales. Especialistas conductuales deben estar abiertos a trabajar con veterinarios y veterinarios especialistas en rehabilitación para entregar orientación a los dueños al ayudar a manejar en casa conductas relacionadas al dolor crónico, como también en ayudar a desarrollar enfoques multidisciplinarios en los planes de conducta, incluso en animales de compañía jóvenes que se sospecha que tengan una condición de dolor crónico. 

Para acortar esta brecha, es importante que los especialistas conductuales entiendan el dolor,  su progresión, las complejidades de los cambios cerebrales relacionadas al dolor y como se manifiestan las conductas vinculadas con el dolor. También es importante trabajar con los dueños y veterinarios para una mejor identificación de estos cambios conductuales como una función del dolor crónico, y así desarrollar planes de tratamiento más exhaustivos. Especialistas conductuales también pueden trabajar con los dueños para identificar mejor, entender y manejar cambios conductuales relacionados al dolor crónico en animales de compañía, cuando enfermedades de dolor crónico pueden ser diagnosticadas. Los especialistas conductuales pueden buscar clínicas veterinarias y ofrecerles sus servicios para pacientes con dolor crónico, ayudando a fomentar una relación colaborativa para un mejor cuidado general. Los especialistas conductuales pueden ayudar a acortar la brecha entre el tratamiento veterinario y el manejo conductual para dueños de animales que sufren de dolor crónico subyacente o donde se sospecha de dolor crónico, destacando la importancia de acercarse y tratar enfermedades y dolor crónico, como también conductual, desde una perspectiva multimodal y multidisciplinaria. 

Referencias

  1. Moore, S.A. (2016) Managing neuropathic pain in dogs. Frontiers in Veterinary Science, 3:17.
  2. MacFarlane, P.D., Tute, A. S., & Alderson, B. (2014) Therapeutic options for the treatment of chronic pain in dogs. Journal of Small Animal Practice 55:3, pp. 127–134.
  3. Johnston, S.A. (1997) Osteoarthritis. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 27 (4).
  4. Voscopoulos, C., & Lema, M. (2010) When does acute pain become chronic? British Journal of Anaesthesia 105, i69–i85.
  5. Woolf, C.J. (2011) Central sensitization: Implications for the diagnosis and treatment of pain. Pain 152(Supplement), S2–S15.
  6. Downing, R. (2011) Managing chronic maladaptive pain. NAVC Clinician’s Brief, August 2011.
  7. Downing, R. (2013) Options for treating pet pain continue to expand. Veterinary Practice News
  8. Davis, K.N. et al, (2019) Qualitative study of owner perceptions of chronic pain in their dogs. Journal of the American Veterinary Medical Association 254:1, pp. 88–92.
  9. Crofford L.J. (2015) Chronic pain: Where the body meets the brain. Transactions of the American Clinical and Climatological Association 126, pp. 167–183.
  10. Yang, S., & Chang, M.C. (2019). Chronic pain: Structural and functional changes in brain structures and associated negative affective states.International Journal of Molecular Sciences, 20:13, p. 3130.
  11. Northwestern University. (2008) Chronic pain harms the brain. Science Daily, 6 Feb 2008.
  12. Maren, S., Phan, K.L., & Liberzon, I. (2013) The contextual brain: implications for fear conditioning, extinction and psychopathology. Nature Reviews Neuroscience, 14:6, pp. 417–428.
  13. Mutso, A.A., et al (2012) Abnormalities in hippocampal functioning with persistent pain. Journal of Neuroscience 32:17, pp. 5747–5756.
  14. Goddard, G.V. (1964) Functions of the amygdala. Psychological Bulletin 62:2, pp. 89–109.
  15. Cai, Y-Q et al (2018) Brain circuits mediating opposing effects on emotion and pain. Journal of Neuroscience 38:28, pp. 6340-6349.
  16. Ahmed, A. (2013) Brain activity shifts as pain becomes chronic. Pain Research Forum, Oct. 2013.
  17. Becker, M. (2015) Fear-Free tip: Know who’s training your patients. DVM360.
  18. Roshier, A.L., & McBride, E.A. (2012) Veterinarians’ perceptions of behaviour support in small-animal practice. Veterinary Record 172:10, pp. 267–267.
  19. Lopes Fagundes, A.L., et al. (2018) Noise sensitivities in dogs: an exploration of signs in dogs with and without musculoskeletal pain using qualitative content analysis. Frontiers in Veterinary Science 5:17
  20. Balakrishnan, A. & Benasutti, E. (2019) Pain assessment in dogs and cats. Today’s Veterinary Practice.
  21. Allweiler, S. (2019) Pain perception. In: Merck Veterinary Manual.
  22. Wiese, A.J. (2018) Canine and feline pain scales. Clinician’s Brief, Oct. 2018.
  23. Martell-Moran, N.K., Solano, M., & Townsend, H.G. (2017) Pain and adverse behavior in declawed cats. Journal of Feline Medicine and Surgery 20:4, pp. 280–288.
  24. Gottlieb, A. (2018) Me-oww. Managing chronic feline pain. Today’s Veterinary Nurse.
  25. Belshaw, Z., & Yeates, J. (2018) Assessment of quality of life and chronic pain in dogs. The Veterinary Journal 239, pp. 59–64.
  26. University of Missouri-Columbia. (2009) Early detection of osteoarthritis in dogs could open doors for a cure. Science Daily, 11 Jun 2009.

Nicole Ribeiro, MBM es una Veterana Estadounidense, especialista conductual y entrenadora de animales, y copropietaria de adASTRA Canine Co de Massachussetts. Tiene un máster en psicología y medicina conductual con una investigación centrada en la indefensión aprendida en casos de agresión, y se especializa en planes holísticos de modificación de conducta que ayuda a los propietarios y sus mascotas a crear vínculos positivos para toda la vida. Actualmente, le pertenece a dos perros viejos rescatados, Zed y Charlie, que disfrutan de una vida de ocio y viajes, un gato adolescente rescatado llamado Huckleberry, dos ranas regordetas y una tortuga rescatada llamada Óscar. Para el próximo año, se concentrará en desarrollar un programa de bienestar para perros mayores, para ayudar a perros viejos y a sus dueños a vivir una mejor vida. 

(Traducido por Pamina Horlacher, IAABC Español)