por Adria Karlsson

Tuvo que aparecer un brote de coronavirus para recordarnos que nos tocamos la cara con demasiada frecuencia. Y que cesar esa conducta nos ayudará a detener el contagio del virus, según dicen las autoridades de la salud. En 2015, una universidad en Sydney efectuó una observación de estudiantes de medicina mediante video y grabó cuántas veces se tocaban la cara. Cada uno de los 26 futuros doctores incluidos en el video, tocó su cara un promedio de 23 veces por hora. Casi la mitad de esas veces –el 44%– incluía contacto con sus ojos, nariz o boca”. 

Tomado de CNN, 9 de marzo de 2020

No te toques la cara. Está por todos lados. En las portadas de los medios de noticias más prestigiosos, compartido ampliamente en las redes sociales y hasta convertidos en gifs o memes en tiempo récord. COVID-19 tiene a todo el país finalmente siguiendo el consejo que ya lleva décadas diciéndonos que nos lavemos las manos. E intentemos no tocar nuestras caras. Esto está bien,  pero como cualquier buen consultor de conducta te diría: no hacer algo es una cosa muy difícil de hacer.

A nosotros, como animales, nos gusta actuar. Nos gusta hacer cosas. Y lo hacemos mejor cuando nos dicen qué hacer y no qué no hacer. Cuando no queremos que los perros nos salten encima, decirles que no lo hagan suele ser inútil y frustrante, pero reforzarlos para que mantengan sus patas en el piso es una receta de éxito.Estudiar para evitar el fracaso es una tarea estresante y usualmente mediocre, pero estudiar una materia porque te interesa o porque el resultado final te hará acreedor de una recomendación o ascenso, cambia inmensamente la respuesta emocional y la inversión que se destina a esa labor. Se ha comprobado científicamente que el refuerzo positivo –obtener algo bueno por efectuar una conducta deseada— genera cambios en la conducta a todo nivel, desde abejas detectoras de bombas hasta perros ingobernables o atletas de élite. Cuando estamos pensando sobre cómo dejar de tocarnos la cara, entonces, deberíamos pensar sobre cómo usar el refuerzo positivo para alcanzar esa meta.

Nuestra otra opción es esperar que todos continúen evitando tocar sus caras a fin de impedir una enfermedad con la que tal vez nunca entren en contacto ni experimenten sus síntomas. Este tipo de entrenamiento se denomina castigo negativo. Se da cuando un animal disminuye una conducta para evitar un resultado negativo. Puede ser tan estresante como difícil mantener esa actitud sin una consecuencia punitiva perceptible. De manera que mientras puede funcionar durante una semana, o dos, o en tanto el COVID-19 esté en los titulares, no resultará a largo plazo.

 ¿Cómo cambiamos esta conducta a largo plazo? ¿Cómo mantenemos la salud de la gente?

Reforzamos la conducta alternativa. Este tipo de entrenamiento tiene un largo historial de éxito sin el estrés y sin el uso de una amenaza o castigo constante. ¿Qué te parece?

Primero hay que identificar una conducta alternativa. Cuando camines por la calle, pon tus manos en tus bolsillos. ¿Puedes llevar algo en tu bolsillo que te recuerde que tus manos están ahí? ¿Una pelota anti estrés? ¿Un manojo de llaves? Algo para ayudarte a darte cuenta si mueves tus manos.En segundo lugar, hay que identificar un refuerzo. Tal vez para ti sea suficiente el orgullo de lograr llegar adonde te diriges teniendo tus manos en los bolsillos. Tal vez eso no sea suficiente para ti. Si no es eso, ¿qué tal una golosina que te guste, un caramelo, una paleta? Si realmente quieres “aumentar la presión”, usa algo como eso y cómetelo cuando logres llegar a destino sin sacar tus manos de los bolsillos.  Lo que una persona considera refuerzo es muy particular y darte cuenta de eso ¡solo depende de ti! 

También hay otros aspectos en el cambio de nuestra conducta, más allá de solo “no tocarnos la cara”. Uno de ellos es prestar atención a cosas en el entorno que te impulsan a tocarte la cara, consciente  o inconscientemente. Tal vez rascarte el caballete nasal es algo que realmente *tienes que hacer* como parte de tu proceso de concentración, tanto que lo haces sin pensar, o contenerte conscientemente de hacerlo puede hacerte sentir horrible y arruinarte el día. Si ese es el caso, ¿cómo puedes pensarlo a futuro de manera que efectuar esa conducta no resulte riesgoso? ¿Puedes reforzar un toque de alcohol en gel o lavar tus manos antes de comenzar a trabajar? Tal vez puedas colocar un recipiente con golosinas junto al lavabo que no puedas tocar hasta que tus manos estén limpias. Tal vez sea tu costumbre no abrir la laptop hasta que no hayas lavado tus manos. Establecer una serie de referencias personales durante el día –las puertas por las que pasas, las aplicaciones que tienes que abrir, los ascensores que debes usar— hace que éstas sean los antecedentes (las pistas o recordatorios) que tengas para llevar a cabo estas conductas de lavarte las manos. 

En tanto tal vez no podamos evitar tocarnos la cara en forma permanente o tener siempre nuestras manos recién lavadas, ¿podemos evitar tocar a otras personas u otras superficies donde el virus pudiera estar presente? En lugar de un apretón de manos, ¿cuál es tu conducta alternativa? ¿Cómo la reforzarías? Algunas personas podrían experimentar un recuerdo fugaz del Dr. Spock y tal vez la consternación de quienes estuvieran a tu alrededor sería el refuerzo. Para otros sería suficiente que la otra persona notara y apreciara la conducta de distanciamiento social en un saludo. Los botones de los ascensores, los picaportes, los mostradores compartidos… todo esto puede ser difícil de evitar, pero piensa en ello a lo largo del día. ¿Qué cosas pueden ser abordadas de manera diferente? ¿Cómo puedes darte cuenta de tu conducta exitosa cada vez que la lleves a cabo?

Podemos actuar mejor como sociedad al detener estos virus, pero se necesitan cambios en nuestra conducta. Y la conducta se modifica fácil y exitosamente a largo plazo con refuerzo positivo para conductas alternativas.

(Traducido por Pierinna Isis Tenchio, IAABC Español)


Adria Karlsson es consultora de conducta en perros y gatos, con experiencia en análisis de conducta aplicada. Actualmente es editora de contenido, trabaja en la elaboración de un libro de fotografía y controla la conducta de cinco niños, dos perros, dos gatos y un jerbo muy anciano.