por Laura Donaldson

“Si amas a los perros y aún no has oído hablar de la ‘revolución cognitiva’ canina, has estado viviendo en una burbuja”. Así es como comencé mi artículo, “TheCognitiveRevolution and EverydayDog Training: The Case of ‘Look at That’ (“La revolución cognitiva y el entrenamiento diario para perros: el caso de “Mira Eso”), que explora cómo la investigación reciente sobre la cognición canina nos ayuda a profundizar nuestra comprensión y mejorar la efectividad de las prácticas de entrenamiento de perros que muchos de nosotros utilizamos a diario. La cognición en los perros puede definirse en términos generales como procesamiento de información: describe la forma en que los animales adquieren, procesan e interpretan información ambiental a través de mecanismos de percepción, aprendizaje, memoria y toma de decisiones (Shettleworth, 2010). En mi ensayo anterior, examiné cómo el conocimiento emergente sobre estos mecanismos cognitivos podría cambiar la forma en que uno implementa el protocolo conocido como “Mira Eso”. En particular, exploré cómo el protocolo “Mira Eso” depende de varias habilidades cognitivas únicas en los perros: alternancia de la mirada o cambio de enfoque entre el estímulo gatillante y el entrenador; la referencia social, o la capacidad única de los perros de seguir las señales de sus humanos para saber cómo interpretar el medio ambiente. Digo “único” porque este es un talento que pocos animales no humanos poseen. De hecho, los perros, pero no los lobos, comparten esta capacidad solo con humanos y ciertas especies de primates.

Es desafortunado, pero no sorprendente, que gran parte de la investigación reciente sobre cognición canina se encuentre y se produzca en contextos científicos altamente controlados y a menudo inaccesibles. Por el contrario, el mundo del adiestramiento canino cotidiano está lleno de variables impredecibles e incontrolables, como las condiciones de adiestramiento (tanto climáticas como estructurales, como si hay o no 3 metros de nieve en el suelo y uno tiene acceso a un espacio de adiestramiento en interiores); cambios repentinos en el ambiente (un perro que no vio viene a la carrera a la vuelta de la esquina o un automóvil se enciende cerca de donde está paseando a su perro sensible al ruido); compromiso y seguimiento del dueño (“He estado demasiado ocupado para practicar esos ejercicios” u “Olvidé encerrar a mi perro cuando llegaron las visitas”). Tal desorden corrobora mi propia perspectiva sobre la revolución cognitiva: en lugar de un enfoque en el que se inventan nuevos métodos de entrenamiento basados ​​en conocimientos experimentales, exploro cómo la revolución cognitiva puede mejorar la efectividad y profundizar mi comprensión sobre las prácticas de entrenamiento del perro que yo ya uso. Una de estas prácticas es el contra-condicionamiento.

Al igual que muchos adiestradores caninos profesionales, con frecuencia he usado el contra-condicionamiento como una técnica de modificación de conducta. Sin embargo, durante años de experiencia de prueba y error con cientos de perros, he creado una forma híbrida de contra-condicionamiento que llamo Contra-condicionamiento Modificado Cognitivamente o CMC, que combina las técnicas de relajación del contra-condicionamiento tradicional con la visión de la investigación sobre la cognición canina. Es importante tener en cuenta que todo comportamiento en animales –humanos y no humanos— se produce por la vía cognitiva, es decir, filtrado a través de los mecanismos de procesamiento de información según la percepción, el aprendizaje, la memoria y la toma de decisiones. Por el contrario, la frase “modificado cognitivamente” destaca cómo el CMC facilita intencionalmente el desarrollo de habilidades cognitivas que son críticas para los perros estresados por el medio ambiente. El CMC imita el enfoque del contra-condicionamiento tradicional en respuestas de relajación profunda en presencia de un estímulo aversivo; pero a diferencia del contra-condicionamiento tradicional, el CMC también enseña nuevas habilidades cognitivas que ayudan a los perros a procesar información sobre estímulos estresantes sin excitarse. Además, el uso del contra-condicionamiento tradicional en animales no humanos no es consistentemente confiable ni exitoso a largo plazo. Es por eso que el CMC ofrece a los entrenadores de perros una metodología efectiva para el cambio permanente de comportamiento.

El contra-condicionamiento tradicional funciona en las terapias al representar literalmente lo que dice su nombre: “contrarresta” una respuesta emocional a un estímulo al “condicionar” al sujeto para que adopte una respuesta diferente que interfiera activamente con el original. Joseph Wolpe (1958), uno de los fundadores del contra-condicionamiento moderno, llama a este proceso “inhibición recíproca”. Muy a menudo (pero no siempre), este proceso implica contrarrestar respuestas ansiosas y tensas con relajación muscular profunda y visualización creativa. El modelo de inhibición recíproca de Wolpe se ha convertido en el enfoque preferido para tratar las fobias y otras ansiedades relacionadas con el miedo en los humanos. Quizás la versión más icónica de la inhibición recíproca para perros es la técnica de “bar abierto / bar cerrado” de Jean Donaldson’s (2009), que ella describe como “contra-condicionamiento sin desensibilización”.

Una característica destacada de la técnica de “bar abierto / bar cerrado” es que el “bar” o acceso a la recompensa apetitiva, se abre independientemente del comportamiento del perro hacia el estímulo aterrador. Donaldson ilustra esto con la siguiente secuencia:

  • El bar abre cada vez que el estímulo aterrador aparece.
  • El bar se cierra cuando el estímulo aterrador desaparece.
  • El bar consiste en algo muy especial que el perro estresado no obtiene en ninguna otra circunstancia.
  • Nada más que el estímulo aterrador hace que el bar se abra.
  • Cuando el bar está abierto, la conducta del perro no importa.

No puede haber ninguna duda de que el contra-condicionamiento, como lo representa la técnica de bar abierto / bar cerrado de Donaldson, ha ofrecido a los entrenadores de perros una esperanza muy necesaria para sus perros reactivos y temerosos. Sin embargo, también me pregunto si el comportamiento del perro no hace ninguna diferencia. Me pregunto sobre esto porque varios estudios científicos recientemente publicados han sugerido que el comportamiento de un animal durante el contra-condicionamiento no solo es importante, sino también que el procesamiento cognitivo activo del estímulo aversivo del animal es crítico para un resultado exitoso. El primer estudio relevante sobre estas preocupaciones fue publicado a principios de la década de 1970 por Dennis Delprato.

El estudio de Delprato (1973) intentó producir un “animal análogo” para el uso del contra-condicionamiento para eliminar el miedo en los humanos. Para lograr esto, Delprato indujo el miedo a las descargas eléctricas en ratas de laboratorio al darles primero una señal de advertencia auditiva y luego darle descargas eléctricas a través del piso de la larga caja rectangular en la que estaban encerradas.[1] . Luego contrarrestó con éxito este miedo alimentando a las ratas con pellets de comida solo cuando escucharon la advertencia auditiva de la descarga. Finalmente, las ratas siguieron comiendo incluso después de escuchar la advertencia de que una descarga eléctrica era inminente. Mirado por encima, esto puede sonar como un resultado positivo. Después de todo, ¿no es el propósito del contra-condicionamiento eliminar la ansiedad de un animal en presencia de un gatillante?

Sin embargo, según Delprato, estos resultados positivos también fueron de corta duración, porque cuando la comida desapareció, aparentemente también lo hicieron los efectos del contra-condicionamiento (ver también Capaldi et al., 1983). Sin acceso a la comida, las ratas volvieron rápidamente a sus comportamientos previos para evitar el miedo. Esto hizo que Delprato concluyera que el cambio de comportamiento permanente requiere “técnicas terapéuticas que faciliten la exposición funcional (inducir al individuo a aceptar cognitivamente el estímulo aversivo)”. Para que el contra-condicionamiento logre su máximo efecto, un animal debe “aceptar cognitivamente”, es decir, activamente interpretar y procesar información sobre el estímulo condicionado. Una segunda prueba, más reciente, de contra-condicionamiento corrobora la conclusión de Delprato y nos proporciona más pistas sobre lo que podría significar la aceptación cognitiva.

En su estudio de 2012, Thomas, Cutler y Novack señalan que el contra-condicionamiento ha sido mucho más confiable en humanos que en animales no humanos. Especulan que una de las principales razones de esto son las diferentes expectativas que subyacen al uso de esta técnica. Los estudios científicos y las técnicas terapéuticas que utilizan animales no humanos generalmente presentan el estímulo apetitivo no condicionado (la recompensa en comida) independientemente de su comportamiento, mientras que los dirigidos a los humanos piden respuestas intencionales, como la relajación muscular profunda o la visualización creativa para acceder a la recompensa. La conjetura de Thomas et al.  es que la mayor confiabilidad del contra-condicionamiento en humanos se debe a este refuerzo diferencial de una respuesta instrumental, y diseñaron un estudio para probar esta tesis.

En base a los datos generados, Thomas et al concluye que el contra-condicionamiento efectivo requiere que los animales no humanos se “ganen” el estímulo no condicionado (la recompensa alimentaria) al igual que sus contrapartes humanas. Contra-condicionaron a un grupo de ratas con temor a una descarga eléctrica al permitirles siempre recibir una recompensa apetitosa, leche con chocolate, en el momento que aparecía la señal de advertencia para la descarga inminente; un segundo grupo solo recibió acceso a la leche con chocolate si presionaban una palanca durante la advertencia. El objetivo principal del estudio de Thomas era investigar si exigir a las ratas que hicieran una conducta, en este caso, presionando una palanca, reduciría sus niveles de miedo de manera más efectiva que darles la leche con chocolate sin importar lo que hicieran. Es significativo, entonces, que la tasa de renovación del miedo en las ratas en las que se les requirió presionar la palanca fue sustancialmente menor que la del grupo que recibió acceso incondicional a la leche con chocolate. Según los investigadores, estos resultados sugieren que transformar un estímulo aversivo temido en un “estímulo discriminativo positivo mediante una conducta instrumental”, como presionar la palanca, puede prevenir la renovación del miedo de manera más efectiva que cuando la recompensa apetitiva no está relacionada con el comportamiento del sujeto. Lo que vincula los estudios de Delprato y Thomas, Cutler y Novack es su énfasis mutuo en la importancia del trabajo cognitivo al usar el contra-condicionamiento para producir un cambio de conducta permanente.

Estos estudios apuntan a varias razones importantes por las que he encontrado que el contra-condicionamiento modificado cognitivamente (CMC) es más efectivo que el contra-condicionamiento tradicional, y quiero ilustrar este punto con un escenario que los entrenadores de perros enfrentan con bastante frecuencia: los perros que se alteran ante la presencia de otros perros. Mi sujeto en este escenario es Emmett, un Pastor Alemán macho muy inteligente y muy atlético, de 1 año de edad. El dueño de Emmett originalmente se contactó conmigo porque su perro comenzó a abalanzarse y ladrar a otros perros después de que otro perro lo atacara en el parque local para perros. Cuando comencé a trabajar con Emmett, mostró signos de gran ansiedad, como hipervigilancia (siempre estaba escaneando), piloerección, gruñidos, ladridos y embestidas a otros perros, a menudo a una distancia de 30 metros o más. Sin embargo, después de varios meses, Emmett pudo mirar a otros perros sin alterarse emocionalmente, con poco o ningún lenguaje corporal reactivo. Así es como sucedió esto.

Durante varias semanas antes de usar mi protocolo de contra-condicionamiento modificado cognitivamente, hice que el propietario trabajara con Emmett en comportamientos como relajarse en una colchoneta y biorretroalimentación. Condiciono a los perros para que consideren la alfombra como una señal ambiental para acostarse sobre ella y asumir una postura corporal tranquila. Esto es muy similar a la construcción de contra-condicionamiento de Wolpe como relajación muscular profunda. Luego, el CMC “toma prestado” el historial del perro de respuestas emocionales condicionadas positivas a la colchoneta y las despliega para ayudarlo a relajarse con los desencadenantes previamente preocupantes. También uso la biorretroalimentación como una forma de inhibición recíproca de la conducta de excitación y ansiedad. Más específicamente, enseño el “Protocolo para enseñar a su perro a respirar profundamente” de la Dra. Karen Overall (“Protocol for Teaching Your Dog to Take a Deep Breath.”, 2014). Los perros que respiran profundamente experimentan no solo profundos beneficios emocionales y físicos, sino que también crean una zona natural de amortiguación contra una respuesta de excitación a cualquier estímulo estresante. En lugar de “el perro ve a otro perro y se lanza, gruñe o ladra”, tenemos “el perro ve a otro perro y respira profundamente”. Pruébelo. Realmente funciona.

Luego emparejo estas técnicas de relajación con la enseñanza de habilidades cognitivas específicas que los perros reactivos a otros perros (o cualquier estímulo aterrador) necesitan desesperadamente, pero no poseen. La más importante de estas habilidades es enseñarle a un perro cómo procesar información sobre un estímulo aterrador sin alterarse, así como cómo desconectarse de él. En la pedagogía de CMC, los perros aprenden a reconocer y luego a apartarse, tanto física como emocionalmente, de los factores gatillantes que se encuentran frente a ellos. La secuencia precisa de CMC sería:

  • El perro se relaja en una colchoneta, respira profundamente, y mira al estímulo aterrador (en este caso, el otro perro).
  • El perro recibe premios de comida en la colchoneta por mirar, pero no reaccionar, al estímulo aterrador.
  • El perro mira en otra dirección del estímulo aterrador para acceder al premio en la colchoneta, y si lo hace, empieza a aprender cómo desconectarse del estímulo gatillante.
  • ¡La conducta del perro importa!

Los dos videos que acompañan este artículo demuestran esta secuencia con Emmett y su dueña. Grabé los videos en el estacionamiento del parque local para perros, lo que facilitó el ajuste de variables como la distancia de los estímulos estresantes (otros perros corriendo por el parque para perros, así como entrando y saliendo de la puerta).

Este primer video muestra a Emmett a una distancia de aproximadamente 25 metros del área cercada del parque para perros. Organicé el entrenamiento para que la colchoneta y la posición del cuerpo de Emmett se opusieran a la cerca. Esto haría que Emmett practicara tanto la memoria muscular como la habilidad cognitiva de desconectarse del medio ambiente de una manera casi exagerada. El segundo video fue tomado más tarde durante la misma sesión.

Esta vez preparé la posición de la colchoneta y el cuerpo de Emmett para que estuviera directamente frente a los perros corriendo dentro de la cerca del parque para perros. Esto fue más difícil para él (como lo sería cualquier vista frontal), aunque al final del segmento del video, Emmett pudo reconocer con calma a los perros del parque y luego desconectarse de ellos mirando hacia abajo y buscando los premios en la colchoneta.

Es importante tener en cuenta que el CMC es un protocolo híbrido que combina algunos aspectos del contra-condicionamiento tradicional (relajación profunda en la colchoneta y biorretroalimentación) con la capacidad cognitiva de los perros para utilizar las referencias sociales. Imagino a CMC como un método precursor, o más exactamente, como una especie de protocolo intermediario para un comportamiento completo de “Mira Eso”, que no tiende a usar accesorios de contra-condicionamiento como una colchoneta o técnicas como la relajación muscular profunda. Por ejemplo, el contra-condicionamiento modificado cognitivamente comienza a enseñar una mirada no excitada y luego a mirar hacia otro lado colocando premios de alto valor en la colchoneta de un perro.

Los perros aprenden a desconectarse cuando quitan de su vista los estímulos relacionados con comer las golosinas. Esto es lo que sucede en los dos videos. Emmett todavía necesitaba el soporte y la estructura de la alfombra como un ancla en un entorno de parque muy excitante. No fue capaz, en ese momento, de hacer un comportamiento completo de “Mira Eso” mientras caminaba con correa. Lanzar premios en la colchoneta cada vez que Emmett miraba a los perros del parque era una forma de decirle: “Estás anclado aquí y, al igual que con cualquier otra experiencia que hayas tenido en la colchoneta, esos perros no van a interactuar contigo. Estás a salvo”. Una de las reglas del entrenamiento con colchonetas de CMC es que, cuando un perro está en su colchoneta, todos los estímulos se basan en “mirar pero no tocar”. La recompensa en los videos es que Emmett permanezca tranquilo en la colchoneta y mirar hacia otro lado ante los perros que le dan miedo, corriendo detrás de la cerca.

Algunos podrían llamar al CMC “contra-condicionamiento operante”(Dr. Sophia Yin) o “contra-condicionamiento con una base operante” (Ramirez, 2017a), y esto ciertamente considera el repertorio híbrido de comportamientos instrumentales y de respuesta de CMC. Sin embargo, acuñé (y prefiero fuertemente) el término Contra-condicionamiento Modificado Cognitivamente, para enfatizar la importancia no solo de la inhibición recíproca a través de técnicas de relajación, sino también de enseñar las habilidades cognitivas de la desconexión ambiental y el procesar información sin excitarse.

El entrenador de animales Ken Ramirez (Ramirez, 2017b) notó que el protocolo de “Mira Eso” no proporciona un enfoque de comportamiento completo por sí solo, especialmente cuando se abordan cuestiones como la agresión en los perros. Para ser efectivo, según Ramírez, “Mira Eso” debe usarse junto con otras herramientas. Se podría decir lo mismo del contra-condicionamiento tradicional con animales no humanos. En mi experiencia, CMC mejora significativamente el contra-condicionamiento tradicional, y no solo con problemas de perro-perro. CMC moldea varias técnicas ya existentes en una estrategia de comportamiento inclusiva y, al hacerlo, aumenta la efectividad de cada técnica individual.

El contra-condicionamiento modificado cognitivamente ofrece un ejemplo poderoso de cómo la integración del conocimiento sobre la cognición canina puede transformar la forma en que entrenamos y nos asociamos con los perros que comparten nuestras vidas. Sigo viviendo en el mundo desordenado y aplicado del entrenamiento diario de perros. En este mundo, la evidencia verdaderamente anecdótica del éxito de CMC, perfeccionada por cientos de perros en la última década, me ofrece suficiente validación. Si alguien formulara la pregunta sobre por qué CMC importa, mi mejor respuesta sería: porque los perros con miedo, reactivos o que están ansiosos por los estímulos aversivos en su entorno también son perros que están sufriendo. Si el contra-condicionamiento modificado cognitivamente puede aliviar este sufrimiento más rápido, de manera más confiable y más permanente que el contra-condicionamiento tradicional, podría valer la pena intentarlo.

Referencias

Capaldi, ED, Viveiros, DM & Campbell, DH (1983). Food as a contextual cue in counterconditioning experiments: Is there a counterconditioning process? Animal Learning & Behavior 11, 213-222.

Delprato, DJ (1973). An animal analogue to systematic desensitization and elimination of avoidance. Behavior Research and Therapy 11(1), 49-55.

Donaldson, J (2009). Dogs are from Neptune, Wenatchee, WA: Dogwise.

Donaldson, L (2017). The cognitive revolution and everyday dog training: the case of Look at That. The IAABC Journal, Spring 2017 .

Overall, KL (2014). Manual of clinical behavioral medicine for dogs and cats, St. Louis, MO, Elsevier Saunders.

Ramirez, K. 2017a. Aggression in Dogs. Aggression in Dogs Seminar. Exton, PA: Puppyworks.

Ramirez, K (2017b). PuppyWorks Seminar Outline 2017.

Shettleworth, SJ (2010). Cognition, evolution, and behavior. Oxford University Press.

Wolpe, J (1958). Psychotherapy by reciprocal inhibition. Stanford University Press.

Desde 2006, Laura Donaldson, PhD, CDBC, KPA-CTP ha sido propietaria de Four Paws, Four Directions Dog Training & Behavior Consulting, LLC, ubicada en la hermosa región de Finger Lakes en el norte del estado de Nueva York. Cuando no está trabajando con perros y sus compañeros humanos, se la puede encontrar pastoreando ovejas con sus Border Collie, atendiendo a Thelma y Louise, sus gallinas Barred Plymouth Rock, entrenando con clicker a Obi, su loro gris africano y siguiendo las instrucciones de sus tres gatos domésticos (los verdaderos “jefes” de la familia). Se puede contactar a Laura por correo electrónico a fourpaws@twcny.rr.com.

[1] Encuentro el experimento de Delprato, y muchos experimentos históricos y contemporáneos que utilizan configuraciones similares, bastante preocupantes debido al dolor y el sufrimiento que infligen habitualmente en animales no humanos. Sin embargo, también creo que podemos convertirnos en entrenadores de animales más humanos al estudiar y aprender de ellos a pesar de estas objeciones éticas.

Traducido por Francisco Montt, IAABC Español