Por Helen Prinold

La continua legalización del cannabis ha dado lugar a un aumento de la oferta de productos de aceite de CBD en la industria de las mascotas, en la que las ventas se han cuadruplicado desde 2017. Los dueños de perros utilizan cada vez más estos productos y pueden pedir opinión o asesoría de su entrenador o consultor de conducta acerca de su uso. Más allá de absurdas afirmaciones, existe poca evidencia científica que respalde la utilización de estos productos y una serie de precauciones y problemas que es conveniente que los entrenadores y especialistas en conducta tengan en cuenta al trabajar con clientes.

¿Perro calmado o sobredosis peligrosa?

Debido a la legalización del cannabis en varios estados y a lo largo y ancho de Canadá, es cada vez más probable que los entrenadores y especialistas en comportamiento animal se enfrenten a las preguntas de los clientes sobre si el cannabis podría ser útil para su perro. Después de todo, el dueño que cree que su perro es “hiperactivo” o “ansioso” podría pensar que es sensato “calmarlo” con un poco de hierba. Esta puede ser la razón por la cual la agencia de encuestas Brightfield Group afirma que las ventas de productos derivados del cannabis para mascotas se cuadruplicaron entre 2017 y 2018 , una tendencia que prevén continuará en los próximos años. 

Lamentablemente, los perros reaccionan mal al THC, el componente psicoactivo de cannabis/ marihuana (Brutlag y Hommerding, 2018). El THC es tóxico para los perros; hay perros que se han envenenado con productos comestibles. En algunos casos, se sumaron ingredientes tóxicos adicionales, tales como chocolate, pasas o xilitol, cuya combinación acabó con consecuencias peores. Los casos de toxicidad por THC han sido denunciados por las Asociaciones de Medicina Veterinaria de Estados Unidos y Canadá (comunicados personales), así como por el Centro de Toxicología Animal de la Sociedad para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales de Estados Unidos (Means y Wismer, 2018). 

Este aumento se atribuye tanto a la creciente legalización de la marihuana como a mayores concentraciones de THC. A medida que los productores han pasado del cultivo de cannabis a la producción de sinsemilla (la parte superior de la planta hembra no polinizada), las concentraciones de THC en una muestra típica han aumentado de un 1,5% en la década de 1960 al 24% en 2014 (Brutlag y Hommerding, 2018). Los gatos no parecen ser tan proclives a las sobredosis de THC; de hecho, uno de los primeros estudios mostró que el THC era apropiado en el tratamiento de la epilepsia en gatos (Wade y otros, 1973).

Los signos típicos de intoxicación por cannabis son un perro deprimido y disperso que “parece borracho” y que a menudo gotea orina (Means y Wismer, 2018). También se ha reportado un número limitado de muertes debido a la toxicidad del cannabis y complicaciones asociadas, como asfixia por vómito (Brutlag y Hommerding, 2018). Por lo tanto, es vital que alentemos a los clientes a que eviten dar productos abundantes en THC a los perros. También es recomendable mencionarles que almacenen el cannabis de manera segura para proteger a sus mascotas y eviten exponerlas al humo.

A pesar de su toxicidad, las aplicaciones clínicas de THC en perros probablemente serán investigadas en el futuro. En la Expo de la Comunidad Veterinaria Norteamericana, en 2018, el veterinario Dr. Robert Silver destacó en su presentación que los perros podrían habituarse al THC si la dosis se titula (aumenta) con el tiempo. Sin embargo, aún no está claro cómo hacerlo de manera segura. Como el Dr. Silver trabaja para Rx Vitamins en Boulder, Colorado, es posible que su compañía lo investigue en el futuro. En la misma conferencia, incentivó el estudio de productos que contienen THC para el tratamiento del cáncer (Silver, 2018). Pero existen algunos productos a base de cannabis que son menos tóxicos para los perros: hay una gran cantidad de productores norteamericanos que hacen productos de cáñamo comercializados como libres de THC; solo contienen cannabidiol. El THC y el cannabidiol son los dos cannabinoides (compuestos activos que afectan el cerebro) más abundantes en el cannabis.  

El CBD para todos los males del perro

El cannabis que tiene niveles muy bajos de THC (menos de 0,3% en peso seco) se clasifica como cáñamo. En este momento, parece ser que los productos más comunes en el mercado para perros son los aceites y masticables de cannabidiol (CBD) derivados del cáñamo. Espero se note la incongruencia: las afirmaciones de que los productos a base de cáñamo son “libres de THC” son esencialmente falsas, ya que la mayoría de los productos de cáñamo contienen algo de THC residual a niveles, con suerte, no tóxicos.

Por desgracia, no hay investigaciones sobre los efectos a largo plazo del uso en perros de los aceites de CBD que contienen pequeñas cantidades de THC. Las regulaciones aún están en desarrollo o recién se están poniendo en marcha y en gran parte de los casos los reguladores no pueden mantenerse al día con la gran variedad de productos que llegan a los estantes de las tiendas de alimentos saludables para humanos o mascotas.

En Canadá, los productos a base de cáñamo para perros son legales y están aprobados para la venta, de conformidad con las Regulaciones de Cáñamo Industrial de la Ley de Productos de Salud VeterinariaEstos productos deben contener menos de 10 ppm de THC y tener un número de registro de productos de salud veterinaria (VHP, por sus siglas en inglés) en la etiqueta (Colegio de Veterinarios de Ontario, 2019). Los aceites derivados de la marihuana, no así del cáñamo, no deben usarse en perros, ya que son ilegales en Estados Unidos y Canadá y por lo general contienen niveles más altos de THC.   

En Norteamérica, los gobiernos no han aprobado los medicamentos que tienen licencia legal para tratar afecciones de salud en animales y esto incluye el aceite de CBD (Asociación de Medicina Veterinaria de Estados Unidos y Canadá, 2018). Por lo tanto, para aclarar el asunto, se puede usar aceite de CBD en un perro con ansiedad leve no clínica, pero no existen medicamentos legales y seguros que contengan cannabis para tratar trastornos de ansiedad generalizada graves diagnosticados por los veterinarios.

Normalmente, tanto en medicina humana como veterinaria, las afirmaciones acerca de los medicamentos y productos para la salud que curan el cáncer u otras enfermedades deben estar respaldadas por investigaciones sólidas y estrictamente supervisadas. Las regulaciones de los productos para perros son bastante menos estrictas cuando se trata de suplementos y productos para mantener la salud. 

Lo más importante es saber que hoy no existen evidencias científicas que secunden las afirmaciones de que los aceites de CBD pueden tratar eficazmente la ansiedad por separación, la fobia a los ruidos, el cáncer o la dermatitis en perros, ni tampoco han demostrado ser buenas “vitaminas” para usar todos los días en las mascotas. Desafortunadamente, todas estas afirmaciones son hechas a diario por fabricantes y asociaciones patrocinadas por la industria.

Sin estudios, por cada anécdota sobre una mascota que ha tenido buenos resultados con el aceite de CBD, se puede encontrar la historia de un dueño que dejó de usarlo porque “nada cambió”. Y hay numerosas historias en el ámbito de la promoción del aceite de CBD. En general, prefiero no hacer recomendaciones a los clientes con base en tan dudosa evidencia.

Actualmente hay dos excepciones recientes a la falta de evidencia. Sin embargo, esto no significa que debería haber luz verde para que aconsejemos a nuestros clientes usar aceite de CBD para tratar estas afecciones.

Gamble y otros (2018), así como McGrath y otros (2019) dieron cuenta acerca del uso exitoso de CBD para reducir el dolor y los episodios epilépticos en pequeños muestreos de perros. Pero, ambos estudios también informaron sobre cambios alarmantes de una enzima clave en la función hepática (que indica enfermedad hepática y disfunción). Asimismo, McGrath indicó que no hubo diferencias con los resultados del placebo en su estudio. De este modo, el CBD podría ser útil para controlar el dolor y la epilepsia, pero se necesitan más estudios para garantizar su uso de forma segura.

Además de las consideraciones relativas a la función hepática, en el caso de los perros que toman medicamentos que son metabolizados por el hígado, la metabolización del CBD podría reducir la efectividad de los medicamentos existentes y aumentar el riesgo de daño hepático (Greb y Puschner, 2018). Es sabido además que el CBD puede suprimir el sistema inmunológico (ibíd.).

También son preocupantes los recientes informes de análisis de laboratorio en Estados Unidos que indican que una parte de los productos actualmente disponibles en el mercado están etiquetados incorrectamente respecto al origen y la cantidad de principio activo que contienen. La Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos envía con regularidad advertencias a los fabricantes. Los productos comercializados que indican no contener THC no están etiquetados con exactitud. Esto podría resultar en intoxicaciones accidentales de las mascotas.

Por último, he escuchado que tanto veterinarios como entrenadores consideran que la recomendación de CDB podría alentar a los dueños a utilizar alternativas más baratas y peligrosas que contengan THC, “drogando” a sus perros con productos comestibles de cosecha propia menos costosos y haciendo sus propios aceites de CBD libres de cáñamo. Esto tiene sentido si se considera el alto valor de muchos de estos productos.

Inquietudes en la consultoría

Todas estas inquietudes no significan que el próximo dueño del perro que asista a la consulta no le esté dando ya aceite de CBD o productos relacionados a su perro, o al menos lo esté considerando.

Como consecuencia del aumento en las ventas de estos productos, ahora siempre les pregunto a mis clientes nuevos si están usando productos a base de cannabis con sus perros. Se ha demostrado que la exposición al cannabis, a los sintéticos y al aceite de CBD acrecienta la agitación y la agresión por irritabilidad (Brutlag y Hommerdang, 2018), y quiero estar bien enterada de todos los factores que podrían tener influencia en el perro que está frente a mí. 

El uso de estos productos también puede reducir la efectividad del entrenamiento. Entrenadores de perros cuyos clientes usan aceite de CBD han informado que los perros presentan sequedad en la boca y somnolencia; ambos efectos secundarios conocidos del CBD que pueden interferir con el entrenamiento y la modificación de conducta (Means y Wismer, 2018).

Puesto que siempre comienzo mi consultoría de comportamiento recomendando un control, también he empezado a animar a mis clientes a que informen a sus veterinarios si están usando estos productos, para consultar sobre posibles interacciones con otros medicamentos y solicitar un análisis de sangre de inmediato (y periódicamente en el futuro), para estar seguros que la función hepática del perro sea estable.

Según los veterinarios con los que he hablado sobre este tema, se debe preguntar a los clientes si en los últimos días sus perros han sido expuestos a THC, en caso de que se muestren demasiado somnolientos, sensibles a la luz o al sonido, con pupilas dilatadas y salivación excesiva, agresión por irritabilidad o agitación. Siempre empiezo preguntando: “¿Es posible que su perro haya tenido acceso a algún producto de marihuana?, ¿tal vez un amigo haya dejado algo por ahí?”. Eso le da al cliente la oportunidad de mencionar una posible exposición, sin sentirse juzgado.

Después de abordar cualquier preocupación sobre la toxicosis por THC, de vez en cuando los clientes me preguntan si el CBD podría ayudar a sus perros. Tomando en cuenta todas las inquietudes mencionadas, no ofrezco ninguna recomendación positiva generalizada. No entrego volantes y no hago comentarios sobre ningún producto disponible en el mercado local. 

Hace poco, un inspector veterinario me recordó que las recomendaciones de productos pueden implicar cierto grado de responsabilidad de los veterinarios y los especialistas en comportamiento. En su ejemplo, un médico que recomienda un buen trago para la ansiedad social, no es responsable por la seguridad o la venta de alcohol, pero puede resultar responsable si el paciente se vuelve alcohólico o desarrolla cirrosis hepática. Espero que lo mismo sea aplicable si los consultores de conducta animal sugieren aceites de CBD para la ansiedad y el perro desarrolla una enfermedad hepática. Este hecho me da un poco de tranquilidad.

En lugar de decir “adelante”, lo que hago es indicar a los clientes que ya hay productos bastante buenos, eficaces y bien regulados que un veterinario puede recetar para problemas médicos, como el control del dolor, la ansiedad y la fobia a los ruidos. Sugiero que si el perro muestra síntomas significativos de un trastorno, los medicamentos veterinarios podrían ser una mejor opción en este momento, sobre todo hasta que el mercado del aceite de CBD se estabilice en los próximos años y se resuelvan los problemas asociados. A decir verdad, mi postura bien podría cambiar dentro de pocos años, a medida que la ciencia reconozca la realidad de lo que nuestros clientes prueban con sus perros. 

Si los clientes quieren seguir adelante y probar el aceite de CBD, les propongo que lean la versión de este artículo que uso como folleto. También los animo a que hagan su propia investigación sobre el producto que están pensando comprar y verifiquen si la empresa está dispuesta a proporcionar alguna información sobre el producto y su composición, lote por lote. Les digo que eviten tinturas de CBD que contienen alcohol (ya que el alcohol tampoco es bueno para los perros). Posteriormente, les aclaro que la decisión es completamente suya y que trabajaré con ellos de cualquier forma.

Esto puede ser un poco exagerado, pero creo que los clientes están siendo bombardeados por otros dueños de mascotas bien intencionados y mensajes publicitarios en las tiendas. La presión social por probar estos productos no es menor. La mayoría de los clientes parecen aliviados al obtener una perspectiva más amplia y conocer otros asuntos relacionados. Sospecho que el radar “demasiado bueno para ser verdad” inconscientemente los ha estado alertando de que podría haber un problema con los rutilantes testimonios que han estado escuchando. Algunas veces, el cliente se siente lo suficientemente cómodo como para contar que le ha estado dando algunos de sus propios productos de CBD a su perro. Tanto si el cliente ha expresado interés o no, en la conversación me he puesto de su lado, como un socio atento que actúa a su favor y en quien puede confiar para brindarle una asesoría seria y de calidad. He descubierto que la relación con mis clientes se fortalece después de estas deliberaciones.

Finalmente, siempre les pido a los clientes que han decidido usar productos de CBD que eviten administrarlos por lo menos 24 horas antes de venir a clases o de participar en las sesiones de modificación de conducta. Y me aseguro de tener agua disponible para los perros en el consultorio, por si acaso.

Fuentes:

American Veterinary Medical Association, (2019). Cannabis use and pets [WWW Document]. URL (accessed 7.3.19).

Brutlag, A., Hommerding, H., (2018). Toxicology of Marijuana, Synthetic Cannabinoids, and Cannabidiol in Dogs and Cats. Veterinary Clinics of North America Small Animal Practice 48, pp.1087–1102.

Canadian Veterinary Medical Association, n.d. Veterinarians Caution: Medical Cannabis Exposure in Pets. Accessed 7.4.19.

Cannabisoilresearch.com, n.d. Informative Websites—Cannabis Oil Research. Accessed 7.3.19.

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Food and Drug Administration, n.d. Warning Letters and Test Results for Cannabidiol-Related Products | FDA. Accessed 7.3.19.

Gamble, L.-J., et. al (2018). Pharmacokinetics, Safety, and Clinical Efficacy of Cannabidiol Treatment in Osteoarthritic Dogs. Frontiers in Veterinary Science 5:165.

Greb, A., Puschner, B., (2018). Cannabinoid treats as adjunctive therapy for pets: gaps in our knowledge. Toxicology Communications 2, pp.10–14.

Kogan, L.R., et. al (2016). Consumers’ perceptions of hemp products for animals. Journal of the American Holistic Veterinary Medical Association 42, pp.40–48.

LaVito, A., (2019). Pets are hot new customer for CBD market as owners use it for anxiety. CNBC.com. Accessed 7.3.19.

McGrath, S., et. al (2019). Randomized blinded controlled clinical trial to assess the effect of oral cannabidiol administration in addition to conventional antiepileptic treatment on seizure frequency in dogs with intractable idiopathic epilepsy. Journal of the American Veterinary Medical Association 254, pp.1301-1308.

Means, C., Wismer, T., (2018). An Overview of Trends in Animal Poisoning Cases in the United States: 2011 to 2017. Veterinary Clinics of North America Small Animal Practice 48, pp.899–907.

Meola, S.D., et. al (2012). Evaluation of trends in marijuana toxicosis in dogs living in a state with legalized medical marijuana: 125 dogs (2005-2010). Journal of Veterinary Emergency and Critical Care 22, pp.690–696.

Silver, R. J. (2018) The anti-neoplastic activity of cannabis sativa l.: explained and case-illustrated and Cannabis sativa l. As an emerging veterinary therapy for cancer, pain, appetite, neurodegenerative conditions and behavior. Proceedings of VMX 2018, Small Animal /Alternative Medical. pp. 44 – 50.

Wada J.A., Sato M., and Corcoran, M.E. (1973). Antiepileptic properties of D9-tetrahydrocannabinol. Experimental Neurology 39, pp.157–65.

 

(Traducido por Consuelo López – IAABC Español)


Helen Prinold es dueña de 
Dog Friendship en Ontario, Canadá, donde imparte clases de socialización de cachorros, ayuda a criar excelentes mascotas familiares y apoya a los clientes a medida que desarrollan habilidades caninas deportivas. Ofrece consultoría de comportamiento, es la voluntaria especialista en conducta en el refugio de animales local y también ha dirigido el programa de entrenamiento de cachorros para una organización benéfica de perros de servicio. Tiene un máster en comportamiento y bienestar animal, una certificación como CPDT-KA y es Consultora Certificada de Conducta Canina a través de IAABC. Actualmente, es presidenta de la Asociación de Entrenadores Profesionales de Perros de Compañía de Canadá). Helen tiene dos perros: un American Eskimo con enfermedad de Lyme, que rescató de un refugio, y un YorkiePoo poco socializado, que fue rescatado después de vivir en el interior de una habitación por dos años. De vez en cuando, se recuerda a sí misma que, a pesar del alto costo de trabajar con perros, siguen siendo más baratos y portátiles que los caballos que entrenó durante muchos años.   

 

Traducido por Consuelo López