Por Raúl Maroto

Los cachorros de perro nacen ciegos y sordos hasta los 14 días aproximadamente y su vida depende de encontrar el pezón de la madre a través de su olfato. Esta estimulación de los órganos olfativos desde etapas iniciales les permite llegar a adultos con la capacidad de oler cantidades comparables con una cucharadita de café en dos piscinas olímpicas.

A mediados del siglo XVII, unos monjes en un hospicio situado en el paso de montaña del Gran Monte Saint Bernard, en los Alpes italianos, emplearon perros para el rescate de montañeros extraviados entre la nieve y la niebla. Desde entonces, el hombre ha utilizado el olfato del perro en actividades tan diversas como la búsqueda de personas, drogas, explosivos, animales en peligro de extinción para su cuidado y conservación, hasta detectar cambios significativos en nuestras células, alertándonos de enfermedades como diabetes tipo 1 o cáncer.

La alta precisión de perros entrenados y su aplicación en el diagnóstico de diversas enfermedades, ha sido documentada en los últimos años y en Fundación Waybi y la Escuela de Nutrición UFM hemos querido aprovechar esta cualidad de la especie para trabajar en conjunto un proyecto de biodetección que consiste en el entrenamiento de perros que, a través de su olfato, puedan detectar cáncer de próstata en muestras de orina.

Fig. 1. Asociación de olor: Tixtan en la primera fase asociando el olor que tendrá que buscar más adelante.

Fig. 2. Contenedor: El trabajo en contenedor facilita el aprendizaje del perro para empezar a discriminar el olor asociado en la fase anterior.

Fig. 3. Soporte Araña: Con el juego claro Tixtan y Giselle empiezan a trabajar en la araña que contiene las 8 muestras.

El estudio se inició con dos perras, Tixtan, una Golden Retriever de 7 años y Giselle, una Labrador Retriever de 4 años. Ambas iniciaron su proceso de entrenamiento asociando el olor a encontrar (muestra de orina con cáncer de próstata diagnosticado) con un juego. Este olor se presentaba en un contenedor pequeño que facilitó las etapas iniciales. Una vez hecha la asociación clara, tuvieron que discriminar el contenedor con la muestra positiva entre contenedores vacíos, dando inicio al juego de tener que “buscar y encontrar” para poder acceder al reforzador. Con las reglas del juego establecidas, Tixtan y Giselle tuvieron que aprender a jugar en otro soporte, una “araña” de 8 brazos en los que poco a poco se añadieron muestras control con otros olores parecidos (muestras de orina de personas sanas, y de otras patologías asociadas a la próstata como prostatitis e hiperplasia) hasta llegar a la proporción 1:7, siendo 1 la positiva y 7 los controles. El entrenamiento, es percibido por las perras como un juego reforzante, en el que mientras ellas juegan nos indican las muestras positivas y las que no lo son.

Fig. 4 Soporte Araña: Con el juego claro Tixtan y Giselle empiezan a trabajar en la araña que contiene las 8 muestras.

Actualmente nos encontramos a mitad de camino en la investigación, y hasta ahora tenemos datos muy positivos: 97.3% de sensibilidad (la capacidad de que el perro nos indique la muestra positiva) y 96.8% de especificidad (la proporción de muestras negativas identificadas correctamente).

Durante este tiempo hemos ido perfeccionando nuestra técnica y estamos convencidos de que los próximos resultados serán aún mejores. Este proyecto nos ayudará, de forma menos invasiva, accesible y económica, a detectar el cáncer de próstata en etapas tempranas y facilitar con esto el acceso a tratamiento y recuperación de personas que viven en el interior de Guatemala y que, muchas veces por cultura y otras por recursos, no tienen la facilidad de acceder a un diagnóstico y posterior tratamiento.

Fig. 5.  El equipo de investigación después de una sesión de entrenamiento.

Hoy en día son varios los investigadores que emplean todos sus esfuerzos en lograr narices robóticas tan precisas como la del perro en la detección precoz de enfermedades, pero hasta el momento no lo han logrado. Como dice el inventor Andreas Mershin, “Los perros son los detectores de cáncer con menos falsos positivos, menos falsos negativos, más baratos y rápidos que tenemos.”

 

 

Raúl Maroto ha coordinado durante más de 10 años programas de Terapias Asistidas por Animales desde el análisis aplicado del comportamiento, y ha colaborado en el entrenamiento de los animales y formación a personal de varios zoológicos en Guatemala. Actualmente participa en dos investigaciones en detección a través del olfato canino y es Coordinador de Entrenamiento de los animales de granja de Fundación WAYBI, en Guatemala.