Por Trish McMillan

(Publicado originalmente en la Revista de Refugios, 2003)

Rosie era una perra cariñosa, hermosa y con dueños que la amaban pero, pese a todo eso, su instinto depredador la hacía muy peligrosa para la sociedad humana. Su ataque a otro perro fue la gota que rebasó el vaso para sus dueños, quienes juraron nunca más adoptar de un refugio.

En 1998 yo llevaba un buen par de años como voluntaria en los refugios de perros y estaba firmemente convencida de que había un hogar para cada perro… en algún sitio. Con entrenamiento, trabajo y amor ¡podíamos salvarlos a todos!

Una hermosa perra cruza pitbull con labrador fue devuelta al refugio por gruñirle a uno de sus nuevos adoptantes. Le pregunté a mi amiga Mindy si  podía llevarse a Rosie por un par de días, observarla y ver si era algo en lo que pudiéramos trabajar. Ella y su esposo John se enamoraron de Rosie y decidieron adoptarla. Nunca le gruñó a nadie en su casa, pero pronto se volvió evidente que Rosie no tenía ninguna habilidad de autocontrol cuando estaba rodeada de otros animales. De hecho, ella daba un poco de miedo.

Para no preocuparse, no la dejaban estar cerca de otros animales. Y pasó el tiempo y yo estaba muy feliz acerca de haber “salvado” a otro perro de esa gente malvada de la perrera que solo quería matarla, y seguí feliz por mi camino.

Ahora ubiquémonos cinco años más tarde en el tiempo. Estoy en otro país y he aprendido mucho, he asistido a muchas conferencias y trabajado con algunos de los mejores en nuestro rubro. A lo largo de estos años, juzgando por el contacto esporádico que he tenido con ellos, mis amigos han puesto mucho esfuerzo y tiempo en la señorita Rosie. Contrataron entrenadores, paseadores, intentaron varios métodos, desde premios de galletas hasta ahorcamiento con collares. Rosie siempre era un perro de ensueño en casa, pero una pesadilla cuando estaba en modo de caza; nadie, incluyéndome, tenía la respuesta para eso, además de solo manejarlo en términos de prevención.

Sabemos que el manejo siempre falla en algún momento. Aquí está el correo electrónico que recibí de John hace poco, lo comparto con su permiso:

Hola, Trish:

Espero que todo esté bien contigo y tus cachorros.

Pensé que apreciarías saber que Rosie ya no está con nosotros. Habiendo pasado por esto mismo con Chinook, sé que tal vez lo entenderías.

No fueron los dos zorrillos o el cuervo que pasó volando que atrapó en el aire o la cola que arrancó a mordidas a esa ardilla. Ni siquiera fueron los tres gatos de la misma casa que mató en nuestro jardín, habiendo matado al segundo a plena vista de nuestros vecinos, los dueños del gato, desde su balcón.

La gota que rebasó el vaso fue cuando nuestro paseador estaba paseando a Rosie con su correa, hace alrededor de cinco semanas por la calle Nanaimo. Un pequeño cocker spaniel sacó la cabeza por debajo de una reja y le ladró a Rosie. Gran error. Con la velocidad del rayo, Rosie tenía al perrito por la cabeza y lo tiró y arrastró por debajo de la reja, sacándola de las bisagras. Al final el perrito sobrevivió (gracias a Dios) y yo llevé a Rosie al veterinario para una cita con el líquido del sueño. Mindy estaba en Ontario, para el funeral de su abuelo, así fue que me quedó la tarea de encontrar a un buen veterinario que hiciera el trabajo. Muchos lugares simplemente no realizan eutanasia de un perro físicamente saludable.

Encontré un veterinario joven y muy compasivo en Granville, quien escuchó mi larga historia sobre Rosie y leyó la carta de su entrenador, Scott. El Dr. Clancy accedió a hacerlo. Estaba muy impresionado con Rosie. Ella estaba por supuesto muy sana, bien entrenada, amorosa. Cuando el momento llegó le dije que estaba todo bien (¡qué mentira tan grande!) y me dio esa mirada de confianza. El doctor presionó la jeringa.

Rosie se puso en pie, se deslizó a los brazos del Dr. Clancy y para el momento en que la puso sobre la mesa, ya se había ido. Fue como si alguien pasara una mano sobre mi cara y cuando pasó, Rosie ya no estaba más y otra perra yacía ahí. Una perra muy bella, podría agregar, pero no era Rosie.

De todos modos, ofrecimos pagarle al dueño del cocker la mitad de su gasto veterinario de $550 dólares. Pero se siente muy ofendido, rechazó nuestra oferta de la mitad y nos está demandando por el valor total de los gastos veterinarios y reparación de su reja por un valor de $785 dólares.

De cualquier manera, hemos cumplido con nuestra responsabilidad social para con los perros rechazados de la perrera, así es que esperamos obtener un cachorro de una camada de Viszlas, de color cobre, perros señaladores. Muy bien parecidos, amigables, predecibles. Oh, sí, y muy costosos [se agrega énfasis, ya que esta gente no está interesada en adoptar un perro de la perrera otra vez. El rescatar perros con problemas y ubicarlos en la comunidad no ayuda en nada al esfuerzo de rescate y adopción animal].

Entonces Trish, ahí lo tienes. Un cuento tan triste. Quisimos muchísimo a esa perra, pero no había nada que pudiéramos hacer al final para prevenir este desenlace. Es de hecho un gran alivio, pero es como perder a un miembro de la familia. Bueno, no tan malo, pero es algo muy parecido. Sé que también has pasado por esto.

John B.

Quisiera agregar que a lo largo de estos cinco años mis opiniones sobre reubicar a un perro marginal han cambiado, y mucho. Me he alineado mucho más con el pensamiento de Sue Sternberg, de que los refugios debieran ser lugares donde la gente viene a conseguir los mejores perros, y no para convertirse en entrenadores expertos o que se les agote la cuenta bancaria.

Miren lo que logré conseguir al “salvar” a ese perro. John y Mindy me han dicho que jamás van a adoptar un “perro de perrera rechazado”. ¿Ustedes creen que sus vecinos sí lo harán? ¿Sus familiares? ¿Sus compañeros de trabajo, quienes oyeron las historias sobre Rosie todos estos años? ¿Cuántos perros en el refugio van a morir ahora porque me obsesioné con un solo perro que pensé que debía ser salvado, en otra ciudad, hace todos estos años atrás?

Un criador de Viszlas está feliz conmigo. Eso sí es seguro.

Me enfrento a este dilema nuevamente con mi nuevo cachorro temporal, que es muy tímido con las personas, tiene problemas de inmunidad, y recién descubrí que tiene una severa displasia de  cadera. No es un peligro para la sociedad bajo ningún concepto, pero ¿me atrevo a mandarlo al mundo para que se transforme en el “proyecto” de alguien más? Si lo hago, ¿será una ayuda o un impedimento para que la gente quiera adoptar más perros de refugios en el futuro?

Este trabajo es una lección de humildad.

Este ensayo apareció en un comienzo como una publicación para Entrenadores de Refugios, un tablero de anuncios en Yahoo, y fue reimpreso para la Revista de Refugios con permiso. John y su familia, aunque aman a su perro Viszla, muy sociable y amistoso y ahora viejito, aún extrañan a Rosie y “su sentido de confianza y pertenencia a la familia”. El perro temporal de Trish mejoró con algo de trabajo, fue adoptado y vivió felizmente 11 años.

 

Trish McMillan tiene una licenciatura en Comportamiento Animal y ha estado involucrada en refugios de animales por más de dos décadas. Trish es dueña de Loehr Animal Behavior (Comportamiento Animal Loehr) en Weaverville, Carolina del Norte, trabajando con perros, gatos y caballos. www.loehranimalbehavior.com

 

Traducido por Wen Bautista, IAABC Español.