Como técnico veterinaria licenciada, el entrenamiento en cuidado veterinario colaborativo es una práctica muy importante para mí. He trabajado en ambientes donde los animales han sido inmovilizados en contra de su voluntad, y admito que incluso he participado de estas contenciones, simplemente con el fin de “hacer lo que hay que hacer”. He presenciado diversos niveles de estrés, ansiedad y miedo en estos pacientes, desde sutiles conductas de apaciguamiento hasta evidente agresión defensiva. Después de haber resultado herida realizando una contención en uno de estos pacientes, y comprendiendo el intenso malestar del animal en esa situación, me di cuenta de que tenía que haber un mejor camino. 

Así comenzó mi travesía hacia el entrenamiento de habilidades veterinarias cooperativas en nuestros pacientes. Fue bastante simple integrarlo en mi lugar de trabajo, dado que ya ofrecía otros servicios de entrenamiento como clases para cachorro y clases de obediencia. Mis compañeros de trabajo comprendieron rápidamente el beneficio de este servicio y comenzaron a ofrecerlo a los clientes que tenían mascotas que podrían verse beneficiadas. El éxito de este servicio ha sido doble: por un lado, los pacientes aprenden a aceptar e incluso disfrutar de los cuidados veterinarios, y por otro lado, los clientes desarrollan un vínculo mayor con la clínica. Los procedimientos más comunes por los que recibo pacientes incluyen mantenerse quietos y aceptar el manejo de un examen físico básico, toma de muestras de sangre y el temido corte de uñas. Abordo cada uno de estos aspectos con el mismo plan básico, que describiré a continuación.

Generar Permanencia y Calma

La mayoría de los pacientes que ingresan al hospital veterinario ya están experimentando algún nivel de estrés, incluso antes de entrar a la consulta. Quizás el animal ya ha tenido experiencias negativas o el estrés es provocado por la sobrecarga de estímulos sensoriales en un nuevo ambiente. Independientemente de cuál sea la razón, el primer paso para crear pacientes colaborativos es enseñarles permanencia y calma. A veces, esto significa realizar algunos juegos sencillos o pedir trucos y conductas simples antes de comenzar. Piensen en conductas como: sentado, target de mano, dar la pata, etc. Reforzar conductas ya aprendidas en un ambiente nuevo o potencialmente atemorizante puede incrementar la confianza del paciente, ayudarlo a relajarse y prepararlo para aprender habilidades nuevas. Hay 3 conductas de estación (estar de pie, quieto o ambos) que me gusta utilizar con frecuencia para enseñar permanencia: quieto en una colchoneta, apoyar la barbilla o de pie para ser examinado. Elijo la conducta que voy a utilizar dependiendo de cada paciente. Puede que experimente con las tres y vea qué conducta realiza el paciente de manera más cómoda y continúo desde ahí.

Manejo y manipulaciones

Una vez que el perro ejecute cómoda y consistentemente la conducta de estación en la que se ha trabajado, es tiempo de introducir manipulaciones y manejos suaves. Lo más importante a tener en cuenta al comenzar con el manejo es el consentimiento del perro. El trabajo de estos ejercicios desarrolla confianza y le enseña al perro qué puede esperar durante la consulta veterinaria. Si el perro se aleja de la estación mientras estás trabajando, significa que no está cómodo con la tarea que estás realizando y debes retroceder un paso (o dos o tres) en tu plan de entrenamiento. Siempre debemos permitir que el perro se aleje según su voluntad y no debemos empezar nuevamente hasta que haya vuelto a la posición de estación de forma voluntaria.

Finalmente, es tiempo de introducir los diferentes objetos o instrumentos que serán utilizados durante el examen. Los objetos más comunes con los que comienzo son estetoscopio, jeringas y artículos para la recolección de sangre, o cortauñas. El progreso que tengamos con la introducción de estos objetos puede variar dependiendo de si el perro ha tenido experiencias previas negativas con ellos. Por ejemplo, probablemente todos hemos presenciado un perro que corre hacia otro lugar ante la aparición del cortauñas. Es extremadamente importante construir una respuesta emocional condicionada positiva a la presencia de los instrumentos, antes de comenzar el manejo con ellos y esperar que el perro se mantenga tranquilo.

Caso de estudio: “Wesley”

1.5 años, macho castrado, Wheaten Terrier

Cuando tu jefe, y dueño de la clínica, te pide que trabajes con un cliente, ¡te haces cargo del caso! Se recomendó que Wesley y su dueño asistieran a sesiones de entrenamiento conmigo luego de su examen anual de rutina. El dueño de Wesley describió la visita como “agotadora”. Wesley es un perro muy amigable, pero al que describiría como asustadizo. Está claro que Wesley prefiere interactuar persiguiendo o tironeando un juguete. Si uno intenta acercarse a acariciarlo, Wesley evita rápidamente la mano y da un salto hacia atrás, pero vuelve rápidamente con un juguete en el hocico, como diciendo: “juguemos de esta forma, por favor”. Rápidamente comprendí por qué el examen de Wesley había sido tan agotador para todos los humanos involucrados. 

La tarea más difícil en el trabajo con Wesley fue enseñarle a mantenerse tranquilo. Su comportamiento en la clínica no indicaba que estuviera excesivamente estresado, sino todo lo contrario, tenía mucha curiosidad por el ambiente. Wesley siempre entraba muy contento, saludando a todos, moviendo la cola, con la lengua colgando y trotando alegremente hasta la consulta. Una vez dentro, Wesley andaba disperso por todos lados: reportándose conmigo, reportándose con mamá, saltando sobre la mesa y fuera de ésta u olfateando bajo el banquillo. Wesley sabía echarse, pero mantenerse tranquilo en una colchoneta no parecía ser su estilo. Decidí moldear “de pie para ser examinado” junto a la mesa de examen, no sobre ésta. Wesley descubrió rápidamente que venir hacia mí junto a la mesa significaba clicks y galletas, y pronto comencé a agregar duración y manipulaciones. Una vez que comenzamos, Wesley triunfó en todas sus sesiones. Pude introducir rápidamente el estetoscopio y escuchar todos los cuadrantes de su pecho, dar vuelta ambas orejas y mirar dentro e incluso mirar dentro de su hocico. Su dueño describió su cambio de comportamiento como “el día y la noche”.

En este video, pueden ver cómo Wesley es capaz de tolerar todos los ejercicios de manejo tal como fueron descritos más arriba. Esta es también, la primera vez que introduzco algunos implementos de recolección de sangre. Pueden ver cómo Wesley es temeroso de objetos nuevos que se le acercan, y en un momento incluso se aleja de la mota de algodón. Lanzo una galleta “de reinicio” y espero a ver si él decide volver a la estación a intentar nuevamente. Cuando lo hace, retrocedo un paso en el ejercicio antes de volver a acercar el algodón de una forma distinta. Finalmente, termino la sesión con unas simples caricias.

Las nuevas habilidades de Wesley fueron puestas a prueba recientemente, cuando vino a consulta porque estaba enfermo. Había estado con algunos problemas intestinales y el veterinario necesitaba examinarlo e inyectarle un antiemético. Le expliqué al veterinario la estrategia que habíamos estado practicando en las sesiones para examinar a Wesley y éste lo hizo genial. Cuando llegó el momento de la inyección, me sentí muy orgullosa de Wesley, que se mantuvo quieto a pesar de que la medicación puede causar escozor. Los dueños de Wesley estaban extasiados con su comportamiento y el personal estuvo agradecido de tener un paciente cooperativo.

Caso de Estudio: “Rue”

3 años, hembra esterilizada, mezcla de Husky

Uno de nuestros veterinarios me pidió que trabajara con Rue, a quien describió como ansiosa y evasiva. Durante sus chequeos, no permitía más que un mínimo de auscultaciones. El dueño solicitó un corte de uñas durante la visita, lo cual se intentó, pero llegó a su fin  en cuanto Rue saltó de la mesa de examen y se escondió bajo el banquillo donde estaba su dueño.

El primer día que Rue vino a entrenar conmigo, solamente entrar al edificio nos tomó cinco minutos. Temí que se fuera a sacar el collar, así que pedí a su dueño que le pusiera una correa de lazo para entrar de forma segura. Una vez dentro de la consulta, Rue jadeaba, caminaba de un lado para otro y no lograba tranquilizarse. Aceptaba premios de mi mano o del suelo, pero no me permitía tocarla. Me preocupaba el nivel de ansiedad demostrado en la clínica y, después de hablarlo con el veterinario que la atendió durante su chequeo, se le recetó trazodona para que su dueño se la administrara antes de las sesiones de entrenamiento. Sólo tres días después, para su siguiente sesión, pude notar una mejora evidente en su ansiedad. Rue aún estaba algo reticente a entrar al edificio, pero pudimos lograrlo mucho más rápido, y una vez dentro de la consulta, conseguí mantener su atención por más tiempo. En ese punto del entrenamiento, aún describiría a Rue como hipervigilante de su entorno. Cualquier ruido fuera de la consulta le llamaba la atención y perdía el foco, corriendo hasta la puerta y gimiendo. Pudimos mejorar este comportamiento cuando agregamos música relajante a nuestras sesiones, de manera de amortiguar los ruidos de la clínica. Durante tres semanas, su dueño la trajo dos veces por semana para trabajar en simples ejercicios de estación. Las sesiones las mantuvimos siempre cortas — máximo 15 minutos. Finalmente llegó el día en que Rue saltó del auto y tiró de su dueño hasta el interior del edificio, en lugar de quedarse dudando en la puerta. Ahí supe que estábamos preparados para pasar al manejo.

Una vez que Rue comenzó a permanecer tranquila en la colchoneta y dejó de estar tan pendiente de lo que sucedía en el resto de la clínica, fue fácil incorporar algunos ejercicios sencillos de manejo. Al poco tiempo pude comenzar a introducir el estetoscopio, una jeringa para imitar la administración de vacunas, y el cortauñas. Rue aceptó los manejos con el estetoscopio y la jeringa bastante rápido. Moviendo la cola mientras se mantenía en estación, mientras yo simulaba levantar su piel y presionar la jeringa tapada contra su cuello. Click, premio. Rue lo entendió rápidamente. El cortauñas tomó un poco más de trabajo. Estaba claro que Rue ya había hecho una asociación negativa con la presencia del cortauñas. Por lo tanto, lo tomamos con calma. Con mucha calma. Y aplaudo al dueño de Rue por estar tan comprometido con el proceso.

Después de seis semanas reuniéndose conmigo dos veces por semana, finalmente llegó el día en que sentí que Rue estaba lista para que le cortara una uña. Habíamos estado trabajando en la duración de mantener el cortauñas presionado en sus uñas, pero aún no habíamos intentado cortar alguna. A modo de preparación, comencé con algunas repeticiones de duración manteniendo presión y luego, en la tercera uña, corté. Rue retiró la pata, yo entregué un jackpot de galletas, y ella se mantuvo en estación, por lo que retrocedí unos pasos y trabajé algunas repeticiones de solo tocarle la pata con el cortauñas, un paso con el que sabía que ella estaría cómoda, y luego lancé una galleta lejos de la colchoneta. Cuando Rue volvió a la estación moviendo la cola, supe que íbamos por buen camino.

En esta sesión de video con Rue, estoy trabajando para lograr cortar al menos una uña en cada pata. Este video es de hace unas tres o cuatro semanas. En la sesión más reciente que tuve con Rue, logré cortar ocho uñas en una sola visita. Puede que Rue nunca sea un perro al que le podamos cortar todas las uñas de las cuatro patas de una sola vez. También es probable que nunca sea un perro que “disfruta” el corte de uñas. Pero Rue ha hecho avances impresionantes en su respuesta emocional generalizada a la clínica veterinaria, en las habilidades necesarias para cualquier examen y su tolerancia al corte de uñas, un procedimiento de cuidados sanitarios muy necesario.

Puntos Clave

Recuerden estos puntos clave cuando entrenen habilidades cooperativas en sus pacientes caninos:

*Disminuir el estrés al practicar y reforzar comportamientos fáciles de realizar a modo de preparación.

*Entrenar comportamientos voluntarios de estación apropiados para el individuo.

*Incorporar manejos suaves, manipulaciones e introducir accesorios mientras el paciente está en la posición de estación.

*Poner atención al paciente e interrumpir el manejo si el paciente se aleja de su posición de estación.

*Sólo reanudar el manejo, a un nivel menor de tolerancia, una vez que el paciente haya vuelto voluntariamente a su estación.

Finalmente, lo más importante al entrenar cuidados cooperativos, es avanzar lentamente y tener paciencia. Esto es primordial  en aquellos pacientes que ya han experimentado asociaciones negativas con procedimientos veterinarios o de cuidados sanitarios. ¡Sigan estos consejos y estarán yendo por buen camino para crear perros colaborativos en cuidados veterinarios!

Jessica Fritschi, LVT, CDBC, CPDT-KA, es la propietaria de The Noble Beast Dog Training en North Tonawanda, N.Y. Ofrece entrenamiento y servicios de conducta para perros y gatos a través de su propia empresa y en la clínica veterinaria donde también trabaja.

Traducido por Natalia Durston, IAABC