Kayla Fratt y Jackie Maffucci

Como consultores conductuales, seguido nos enfocamos en condicionamiento clásico y los cuatro cuadrantes del condicionamiento operante, pero hay mucho más que considerar. Nosotros no necesariamente pensamos sobre lo que está pasando internamente – especialmente más allá de un estado emocional inmediato en un animal. Aquellas líneas del cuadrante del condicionamiento operante no existen en un vacío del modo en que a veces las presentamos en seminarios de obediencia básica.

¿Por qué las ratas muestran agresión redirigida cuando reciben choques eléctricos? ¿Por qué un mono bebé preferiría recibir choques eléctricos que estar solo? ¿Por qué algunas personas luchan para reconocer caras y emociones?

La respuesta (al menos en parte): glucocorticoides.

Los glucocorticoides son una clase de esteroides que están ampliamente relacionados con el estrés. Están vinculados al estrés físico y emocional y desempeñan un papel en la regulación de las respuestas de estrés. El cortisol, una hormona con la que actualmente todos estamos familiarizados, es un glucocorticoide específico.

Me volví un poco obsesiva con los glucocorticoides después de leer Compórtate del Dr. Robert Sapolsky. En su libro, él examina el por qué hacemos lo que hacemos desde casi cualquier ángulo imaginable, cubriendo psicología evolutiva, condicionamiento operante, hormonas, y mucho más, en humanos y otras especies.

Hay un gran cuerpo de investigación que observa la exposición a glucocorticoides y su impacto en el comportamiento a través de la vida de un animal. Esta investigación pinta una historia compleja, pero la frase clave es que la cantidad de exposición a glucocorticoides y el contexto bajo el cual esa exposición sucede puede tener fuertes efectos en el comportamiento del individuo. Y esos efectos pueden transmitirse de generación en generación. Así, las implicaciones de los glucocorticoides son de gran alcance, y esto es particularmente cierto para el desarrollo conductual en animales jóvenes.

Como nota rápida, gran parte de este artículo trata sobre investigación en humanos, ratas y monos. Si bien no tenemos certeza sobre las similitudes con el desarrollo canino, el Dr. Sapolsky extrapola de ratas a personas en Compórtate, indicando que esta investigación trata con estructuras cerebrales primarias, comunes. Podemos asumir con seguridad, como Sapolsky lo hace, que la mayoría de los mamíferos se verán ampliamente afectados en forma similar. De hecho, una investigación en 2014, en perros, sugirió que los perros se someten a etapas de desarrollo endocrinológicas y emocionales similares a los roedores (Nagasawa et al., 2014).

Los fundamentos hormonales del período crítico de socialización

Los glucocorticoides son perjudiciales para el desarrollo del cerebro en animales jóvenes. Mientras que la exposición transitoria a glucocorticoides es imprescindible para el desarrollo y aprendizaje normal, la exposición crónica y excesiva a los glucocorticoides (especialmente cuando el animal es joven) es perjudicial para el animal.

El eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (eje HHA), que regula la producción de glucocorticoides, está extremadamente regulado de manera negativa  (el proceso de suprimir o reducir una respuesta a un estímulo) poco después del nacimiento. Por lo tanto, la producción de glucocorticoides en recién nacidos es significativamente baja durante un período crítico de crecimiento cerebral. Esta regulación negativa del eje HHA es conocida como “el período de hiporespuesta al estrés”, o más comúnmente llamado el período sensible o el período crítico de socialización (Dietz et al., 2018)

El período de hiporespuesta al estrés es, de acuerdo al Dr. Sapolsky, un poco arriesgado de parte del cerebro. Antropomorfizando, el cerebro dice “Si segrego glucocorticoides, no me desarrollaré apropiadamente. Pero puedo ser un poco menos sensible a las cosas que dan miedo ahora, porque mamá está aquí. Ella me mantendrá a salvo si algo malo sucede. Puedo aprender sobre estrés y cosas que dan miedo más adelante.”

Al separarlos de la madre rata, las crías de la rata comenzarán a segregar glucocorticoides en tan solo unas horas.

Ahora, aquí es donde mi mandíbula cayó. Sapolsky describe como interactuar con su madre deprime los niveles de glucocorticoides, manteniéndolos bajos incluso si las crías son expuestas a estímulos aversivos. Debido a que es mucho menos probable que los cachorros de ratas jóvenes aprendan que algo es aversivo mientras están con mamá, cualquier cosa a la que estén expuestos con mamá alrededor se convierte en algo que buscarán. Esto es verdad incluso si su madre es el estímulo aversivo. Dicho esto, el cachorro en desarrollo puede aprender que algo es aversivo a medida que crece gracias a los niveles elevados de glucocorticoides. Si se bloquea la excreción de glucocorticoides en cachorros de ratas mayores y son expuestos a un olor, ellos lo buscarán. Si se  Inyectan glucocorticoides en cachorros jóvenes y se asocian con el mismo olor, ellos lo evitarán.

En un ejemplo dramático y sombrío de esto, Regina Sullivan (2000) enseño a crías de rata a asociar un olor neutro con un choque eléctrico. Si el cachorro era mayor de 10 días de edad, hacía lo “lógico”. La cría mostraría una conducta de evitación cuando detectara el olor, bombeando su sangre con glucocorticoides. Pero si tuvieran solo 9 días (o menos), los cachorros de rata se sentirán atraídos al choque eléctrico y al olor.

Poco se sabe sobre si lo mismo podría pasar en perros, pero un estudio (Nagasawa et al., 2014) sugiere que hay un período hiporesponsivo al estrés en perros. Ese estudio estima que este período dura hasta aproximadamente las 4 semanas de edad en perros.

La situación es terrible para los cachorros de perros y gatos que son separados a muy temprana edad de sus madres. Sus cerebros probablemente están inundados con glucocorticoides, afectando el desarrollo de su cerebro y enseñándoles efectivamente que todo el mundo es estresante y atemorizante. Recuerda, todo esto puede pasar a las pocas horas de ser separados de su madre; ¡mientras más dure la separación (y por tanto continúe la exposición a glucocorticoides), mayor será el impacto en aquellas conexiones neurales en desarrollo!

El exceso de glucocorticoides también es altamente perjudicial para el desarrollo de los fetos. La exposición prenatal excesiva en humanos lleva a adultos que son propensos a la ansiedad y depresión. Si lo mismo se aplica a los perros, esto quiere decir que las perras y gatas preñadas en refugios son mucho más propensas a dar a luz cachorros o gatitos que son fácilmente abrumados por su entorno. Para estos animales, comienzan sus vidas menos protegidos antes el estrés. Los protocolos de socialización y entrenamiento pueden no ser tan efectivos en ayudarlos a superar esos cambios físicos en sus cerebros.

Estos no es una exageración – niveles excesivos de glucocorticoides afectan a las células madre y la supervivencia celular. También tienen un impacto en la plasticidad sináptica (la habilidad de las sinapsis para fortalecerse o debilitarse en respuesta ante un estímulo) y causan atrofia dendrítica en el hipocampo.

Esencialmente, las neuronas en el hipocampo (la parte del cerebro a cargo de la memoria y navegación espacial) pierden sus ramas. Estas ramas normalmente conectarían una neurona con la siguiente. La pérdida de ramas se relaciona con deterioro cognitivo, desempeño deficiente en tareas de memoria y más.

La reactividad en perros es particularmente interesante desde este punto de vista. Sapolsky señala que los niveles elevados de glucocorticoides hacen que las personas empeoren al reconocer caras y emociones. Debido a que los perros son tan dependientes del olfato para el reconocimiento, este podría no aplicar para ellos. Sin embargo, no es irrazonable especular que el perro reactivo que parece incapaz de reconocer la reverencia del juego a una cuadra de distancia podría estar luchando gracias a los glucocorticoides. Esto podría llevar a una espiral descendente de emociones malentendidas, lo que es estresante, y que ese estrés reduzca la habilidad de los perros para entender las emociones.

Puede ser que, gracias a la exposición prenatal o temprana a glucocorticoides, el cerebro de muchos perros esté conectado de manera diferente. Esto hace aún más importante el encontrar buenos criadores que cuiden apropiadamente a los cachorros. Ya sabemos, gracias a la investigación realizada por Franklin McMillan en 2017, que los cachorros originarios de criadores comerciales, granjas de cachorros y tiendas de mascotas tienen tasas altas de miedo y agresión hacia humanos y perros. La exposición a los glucocorticoides gracias a las condiciones estresantes de vida y a la separación temprana de sus madres probablemente forma parte del rompecabezas.

Conforme los perros envejecen, la exposición a glucocorticoides puede incrementar la agresión, particularmente la agresión redirigida. La exposición constante a glucocorticoides, en la forma de choques eléctricos impredecibles, provoca úlceras en ratas de laboratorio. Eso es, a menos que esas ratas estuvieran alojadas con una rata subordinada, y pudieran morder a esa rata cuando recibieran los choques eléctricos.  Resulta que ser capaces de expresar un comportamiento agresivo (mordiendo a un compañero) permitió a esas ratas “sentirse mejor” lo suficiente para no desarrollar úlceras.

Si bien nosotros no queremos alentar la agresión redirigida en perros estresados, es posible que jugar el tira y afloja u otros juegos que imiten el comportamiento de morder puedan tener un efecto calmante similar. Esto es pura conjetura, pero no soy la primera entrenadora en notar que tirar es una gran forma de disipar el estrés en perros reactivos.

Sin embargo, los glucocorticoides no son del todo malos, la exposición transitoria en realidad ayuda a las neuronas a construir más ramas y posiblemente contribuye a construir resiliencia más tarde en la vida. Esto sirve como otro recordatorio de que no queremos simplemente proteger nuestros cerebros (o los de nuestros clientes) de todo estrés. Prioriza el estrés intermitente y de bajo perfil, y en la medida de lo posible elimina el estrés que consume a largo plazo.

En el episodio de junio del podcast de Hannah Brannigans “Drinking from the Toilet”  (Trad.: Bebiendo del Inodoro), ella habló con Patricia McConnell sobre la resiliencia en perros. Si bien no hablaron específicamente de glucocorticoides, discutieron muchos temas que claramente se relacionan con hormonas del estrés en perros.

Uno de los conceptos que la Dra. McConnell presentó fue el concepto químico de la hormesis. Los toxicólogos utilizan el término hormesis para describir el fenómeno de muchos productos químicos que tienen un impacto beneficioso – hasta cierto punto. Pasa ese punto y está la posibilidad de dañar o matar a su sujeto. Generalmente, la hormesis se usa para describir reacciones a un medicamento. Si se le administra a un animal una cantidad fija de fenobarbital u oxicodona, y los síntomas graves de una enfermedad se alivian. Si se sobre dosifica el animal muere.

La Dra. McConnell tomó este concepto y lo aplicó al estrés para los animales. Menos explícitamente, el Dr. Sapolsky hizo lo mismo con los glucocorticoides en su libro. Lo que ambos discuten es que demasiado estrés puede causar un trauma serio, lo que conduce a secuelas conductuales y emocionales. Sin embargo, es imposible (e indeseable) criar a un animal sin ninguna exposición al estrés. Es importante tener en cuenta que la exposición al estrés puede ser ventajosa para el desarrollo del cerebro y la salud a largo plazo.

Cómo nos ayuda la comprensión de los glucocorticoides

Como consultores de conducta, el estrés es algo que casi con certeza está en nuestras mentes. Entender los fundamentos neurales y consecuencias del estrés, y cómo las experiencias tempranas pueden afectar a los animales a lo largo de sus vidas, puede tan solo mejorar nuestro campo. Nuestra capacidad de ayudar a nuestros clientes a comprender la vida emocional de sus animales depende de nuestra capacidad para reconocer que talvez no estemos conscientes del estrés que alteró el cerebro en las etapas tempranas de la vida. En otras palabras, un problema conductual actual podría estar relacionado con una experiencia estresante cuando un perro tenía solo pocas semanas de edad.

De cara al futuro, nuestra comprensión de la exposición crónica y excesiva a glucocorticoides en animales adolescentes y adultos también nos puede ayudar a articular la importancia del manejo de estrés para nuestros clientes. Esto ayudará a mejorar nuestra efectividad al abordar el bienestar y resultados, tanto al entender el estrés potencial en la vida temprana así como mitigar el estrés en la vida actual del animal. Esto puede significar ayudar al cliente escéptico a entender que limitar el estrés es imperativo o recordarnos que enfocarnos en los pilares del bienestar animal no es tan solo una buena idea.

Desde que aprendí sobre glucocorticoides, he reorientado mis planes de entrenamiento en el bienestar básico, incluso más que antes.  He podido ser capaz de articular claramente este cambio a los clientes, muchos de los cuales están felices de cumplir cuando entienden que el estrés no es solo es un problema de comodidad para sus animales. Reconocer el papel que desempeñan los glucocorticoides en el desarrollo temprano y durante la edad adulta, y la importancia de manejar los niveles de estrés y compartir ese conocimiento con nuestros clientes, nos ayudará a crear y orientar planes de  modificación conductual con mayores probabilidades de éxito.

En resumen, entender hormonas y neuronas no es solo para neuroendocrinólogos. Como consultores y profesionales de conducta, un entendimiento básico puede ayudarnos a atender mejor a los animales y sus personas.

 

Referencias

Dietz, Lisa & Arnold, Anne-Marie & Goerlich-Jansson, Vivian & Vinke, Claudia. (2018). The importance of early life experiences for the development of behavioural disorders in domestic dogs. Behaviour. 155:2-3, pp.83-114.

McMillan, Franklin. (2017). Behavioral and psychological outcomes for dogs sold as puppies through pet stores and/or born in commercial breeding establishments: Current knowledge and putative causes. Journal of Veterinary Behavior: Clinical Applications and Research. 19, pp.14-26.

Nagasawa, M. et. al (2014) The behavioral and endocrinological development of stress response in dogs. Developmental Psychology 56:4, pp.726-733.

Sapolsky, R. (2018). Behave: The biology of humans at our best and worst. NY: Penguin.

Sullivan, R., et. al. (2000). Good memories of bad events in infancy. Nature. 407, pp.37-38.

 

Kayla Fratt es propietaria de Journey Dog Training, donde brinda soporte de comportamiento por video chat a propietarios de perros y gatos alrededor del mundo. Ella también trabaja como escritora y diseñadora web independiente. Es licenciada en Biología y Ecología de organismos del Colorado College. Actualmente conduce desde Denver hasta la Patagonia con su border collie y su novio.

Jackie Maffucci es neurocientífica con una extensa trayectoria en la comprensión de la intersección del cerebro, hormonas y comportamiento en una variedad de especies. Es cofundadora de Positive Dog Solutions, LLC en Washington, D.C. Ha trabajado con cientos de dueños y perros en comportamientos relacionados con el miedo, la agresión, y la ansiedad, además de consultar ampliamente con la comunidad de refugios y rescate. También es una reconocida como experta en la materia para el sistema judicial del Condado de Arlington y está trabajando para ampliar su compromiso con la comunidad de abogados y otras personas que se involucran en temas de conflicto humano-animal.

 

Traducido por María José López L., IAABC Español