La disfunción cognitiva canina (DCC) es similar a la enfermedad de Alzheimer en humanos. Es una “condición progresiva y relacionada con la edad que afecta las funciones cognitivas”. La enfermedad, tanto en humanos como en perros, afecta muchas partes de la forma en la que los individuos piensan, recuerdan y sienten. Esta marcada por la pérdida de memoria, una decreciente habilidad para aprender, problemas para regular las emociones e interactuar socialmente, problemas para dormir y despertar, confusión y desorientación que pueden llevar a deambular y circular, ansiedad elevada, problemas en el control de esfínteres y un decaimiento en la actividad general del individuo (Fast et al., 2013; Madari et. al., 2015; Schütt et al., 2015).

Los síntomas de la DCC no son poco comunes en los estimados 30 millones de perros senior en los Estados Unidos (Madari et al., 2015). Pan (2011) observó que el 27,5% de los perros entre 11 y 12 años sufre de discapacidades cognitivas de ligeras a severas, pero que este número se eleva al 67% en perros entre 15 y 16 años. Como Sara Fraser lo ha mencionado, “Con más de uno de cada cinco perros mayores experimentando una función cognitiva deteriorada, es crítico que trabajemos en un mejor entendimiento, identificación, tratamiento y manejo de la DCC en nuestras mascotas de mayor edad, para asegurar que sus últimos años sean lo más confortables y de bajo estrés como sea posible”.

El siguiente estudio de caso vino a mi por medio de una amiga que es trabajadora social geriátrica especializada en demencia. Ella llamó preocupada por el comportamiento del perro que cuidaba en hogar temporal que, al describirla, parecía una DCC. A pesar de que ella era una experta en demencia en humanos y dueña de perros durante toda su vida, no estaba consciente de la demencia en perros. Ella quería compartir su experiencia y educar a los amantes de los perros sobre esta común enfermedad, por lo que sugerí que narrara la historia de Mitsy, y yo realizaría la investigación, ambas presentes en este documento. Debido a su experiencia, ella fue capaz de comparar las conductas de su perro con algunos comportamientos observados en sus pacientes humanos, y reconocer que eran síntomas de similares necesidades subyacentes: Rutina, seguridad y confort.

Estudio de Caso: Mitsy.

Mitsy era un terrier pequeño mestizo, traído a un refugio animal durante un invierno. Su chip mostraba que tenía 15 años; era delgada, estaba descuidada, no reclamada y tenía frío. Su cuidador, experimentado en la crianza de perros, gatos y caballos adultos, le ofreció un cuidado “eterno” con una cálida cama y mucho amor. Se decía que Mitsy había sido entrenada para el hogar. Luego de una semana cuidándola y observándola en casa, fue evidente que Mitsy estaba altamente ansiosa; no podía controlar su esfínter, intentaba escapar hacia fuera cuando no estaba con correa, cosa que también resistía. Una llamada hecha al director del refugio generó la siguiente respuesta: “¡Tiene demencia de perrito!” Cuando Sara me llamó, yo estuve de acuerdo con esta evaluación. Como trabajadora social clínica especializada en demencia por muchos años Sara ahora entendía los comportamientos que había observado en Mitsy.

Mitsy exhibía ansiedad por separación diariamente y seguía a Sara en cada paso dentro de la casa, un comportamiento observado en humanos que tienen Alzheimer por Gayatri Devi, en su nuevo libro The Spectrum of Hope [Trad.: Espectro de Esperanza]. Devi caracteriza la enfermedad de Alzheimer como una especie de desorden espectral, que se puede presentar en múltiples formas diferentes y que puede responder a un tratamiento que al menos ralentiza su progresión. La ansiedad por separación es uno de los síntomas que se presenta en algunos perros con DCC, pero no en otros, y la angustia que provoca puede ser minorizada con soporte conductual – lo que incluye traer un consultor certificado en comportamiento – y la adaptación del ambiente del perro.

El cuidador de un adulto con demencia probablemente conoce este comportamiento muy bien, y puede comenzar a sentirse vencido y emocionalmente agotado con la presencia constante de esta persona. ¡Mitsy seguía tan de cerca a su cuidadora que una parada causó que ella chocará con Sara! Mitsy generó tal nivel de ansiedad por separación que, al reunirse nuevamente con su cuidadora, se volvía muy agresiva llegando a morder y embestir. El adulto con demencia también puede exhibir comportamientos agresivos cuando es reunido nuevamente con su cuidador, porque son invadidos con la ansiedad y necesidad de estar cerca de y sentirse seguros con la persona conocida.

Si no estaba siguiendo a Sara o durmiendo, Mitsy daba vueltas por la casa yendo y viniendo por los pasillos o las piezas, sin parar hasta que fuera de vuelta a su cama a dormir. Cuando era llevada a dar una caminata larga tiraba de la correa todo el tiempo. No podía quedarse quieta. Si Sara paraba, Mitsy continuaba hacia delante haciendo círculos, empujando. Si la correa no fuese lo suficientemente larga para que Mitsy hiciera estos círculos, ella literalmente enredaría los pies de Sara con la correa.

Mitsy también exhibía confusión espacial, mostrando dificultad para salir por la puerta, dudas para caminar sobre un suelo brilloso, dificultad para encontrar una apertura – los mismos comportamientos que muchos adultos en un avanzado estado demencial muestran.

Ahora que Sara tiene un mejor entendimiento de las causas subyacentes del comportamiento de Mitsy, un plan de cuidado fue creado justo como habría sido creado para un humano anciano. Debido a la avanzada naturaleza de la Difusión Cognitiva Canina de Mitsy, la rutina era una parte crítica del plan, con la menor cantidad de variación y estimulación posible.

Mitsy necesitaba permanecer en el mismo ambiente de hogar, comer a las mismas horas y en el mismo lugar en su plato, y sólo interactuar con dos personas, dos perros y tres gatos de la casa. Todos los días la rutina era la misma: Ir afuera para ir al baño a las 6:00 a.m. con sus dos compañeros caninos, regresar a casa para su comida matutina, caminata matutina por el patio con correa, pasar el día en compañía de los dos perros y tres gatos, su comida de la tarde a las 5:00 p.m., luego una larga caminata con correa por el campo, regresar a la casa al anochecer, después una actividad con correa afuera a las 9:00 p.m., y por último en la noche a su cama en el garaje. La introducción de otras actividades o personas crean ansiedad en Mitsy lo que usualmente llevaba a la defecación o a orinarse en el lugar. Actividades de calma tales como ser sostenida o cepillada estando en su cama o ser levantada al sofá y acurrucarla ayudan a Mitsy a reorientarse y calmarse.

Las necesidades de Mitsy en cuanto a su rutina fueron aprendidas por ensayo y error. Un invitado en la casa generaba defecación inmediata en la sala donde los humanos estaban. Esta observación llevó a poner a Mitsy en el garaje con su cama y agua cuando se esperaba la llegada de una visita. Cuando Mitsy era traída de vuelta a la casa del garaje, Sara la sujetaba cercanamente por varios minutos, lo que eliminaba los agresivos mordiscos cuando veía a Sara nuevamente.

Luego de un mes con una rutina fija, los hábitos diarios de Mitsy como mascota eran mucho más aceptables. Con un aumento en las caricias, peinados y abrazos, la ansiedad de Mitsy y el paseo sin sentido prácticamente desaparecieron. Se conformaba con una rutina de salidas con su cuidadora, más cortas y con correa, a las mismas horas de día y de noche hasta irse a acostar. Acortar su tiempo a la exposición de estímulos en sus caminatas hizo que su ansiedad disminuyera. Ya no presentaba ese paseo sin sentido dentro de la casa, pero continuaba estando cerca de su cuidadora todo el tiempo mientras estuviera despierta, siguiéndola en cada paso que ella daba. Distintas camas en la casa permitieron a Mitsy siempre estar cerca de Sara, lo que hizo hasta su último día.

El factor más importante en el plan de cuidado de Mitsy eran las rutinas diarias, la evitación de cualquier nuevo estimulo, la entrega de un ambiente que permitiera que Mitsy estuviera cerca de Sara en cada oportunidad, y una mayor frecuencia de abrazos, cariños y caricias en el sofá. Mitsy estaba mucho más calmada y contenta, y los accidentes dentro de casa habían disminuido bastante. Entender las necesidades de un perro adulto con demencia alivian el estrés sobre el cuidador, así como el entrenamiento para los que cuidan a humanos con demencia alivia el estrés y la fatiga en los cuidadores.

Cuidando al ciudadano canino mayor.

La fórmula para desarrollar un plan de cuidado para un humano que muestra señales y síntomas de impedimento o disminución cognitiva es similar a la de un perro. ¡La primera regla es rutina, rutina, rutina! Lo mejor es crear una rutina diaria para comidas, vestirse, siestas, hora de dormir, visitantes, salidas y prevenir el cambio lo más posible. Si la rutina debe variar es mejor hacerlo en horas tempranas del día antes de que la fatiga causa de las actividades del día se presente. Cualquier estresor tal como apurarse para completar una tarea, un cambio en el ambiente, visitantes que crean ansiedad (como niños pequeños y activos), ruidos fuertes, y expresiones de frustración o rabia por parte del cuidador, pueden crear conductas difíciles, también llamadas “reacciones catastróficas”.

En humanos con demencia, una reacción catastrófica puede ser llorar, gritar, golpear, deambular, escapar, tirar cosas, rehusar cuidado o comida, o cualquier reacción relacionada con el evento que haya causado el estrés. Esta reacción es traída por eventos estresantes y experiencias como la ansiedad, confusión, dolor, sobreestimulación o la pérdida de una posesión que daba confort. Para estos perros adultos, lo mismo es verdad. Hacer demandas al perro, corregir al perro, gritarle al perro, apresurar al perro e introducir al perro a nuevas experiencias o ambientes pueden causar ansiedad y estrés para un perro con discapacidad cognitiva. Ellos no pueden soportar nueva información, su razonamiento no está capacitado y no saben cómo responder. Una reacción catastrófica puede resultar de ello.

Si te acabas de dar cuenta de estos comportamientos en tu perro, es mejor buscar un diagnóstico formal de un veterinario. Una imagen por resonancia magnética (IRM) es el examen de referencia, sin embargo, muy costoso. Tu veterinario puede también preguntar por cambios en la conducta del perro. Tu veterinario también puede prescribir intervenciones que pueden ayudar a disminuir el deterioro cognitivo. Esto puede ser en forma de suplementos dietéticos, comidas específicamente formuladas y medicamentos. Debido a la avanzada edad de Mitsy, su frágil condición física y el hecho de ser una perra de un refugio rural con limitados medios de financiamiento, no se probaron medicamentos, suplementos o sedantes. El objetivo de la cuidadora de Mitsy y del director del refugio eran entregar confort y amor en la etapa final de la vida de esta perra senior.

No todos los casos de disfunción cognitiva canina son tan avanzados como el de Mitsy, los perros en etapas tempranas de disfunción cognitiva pueden beneficiarse mucho con medicamentos y terapia conductual. Como consultora de conducta animal, recomiendo enriquecimiento conductual para ayudar a mantener a los perros adultos comprometidos y prevenir la progresión de síntomas relacionados con la demencia antes que se vuelvan un desafío tal como el caso de Mitsy. ¡No dejes que tu perro adulto se acurruque y duerma todo el día! El enriquecimiento conductual puede incluir estimulación cognitiva en la forma de puzles de comida, acceso a juguetes novedosos, entrenamiento y práctica de comportamiento simples, y el trabajo en tareas cognitivas más complejas, como la discriminación y el entrenamiento de conceptos; puede incluir el enriquecimiento social en la forma de acceso e interacción cognitiva positiva con amigos específicos caninos y humanos; también puede incluir ejercicio físico por medio de caminatas con correa y períodos de juego sin correa (Landsberg, 2005; Pop et al., 2010). Mantener un perro activo tanto física como mentalmente con entrenamiento, interacción, y juego en sus años geriátricos, combinado con un ejercicio regular, es sabido que disminuye la discapacidad cognitiva. Investigaciones respaldan esto – una multitud de estudios confirman que la entrega de enriquecimiento cognitivo y ambiental pueden prevenir, demorar y mejorar los síntomas de deterioro cognitivo. Ver la reciente revisión de literatura publicada por Sarah Fraser para un resumen de las últimas investigaciones de la DCC.

Para los perros con demencia avanzada, sin embargo, esta aproximación puede ser contraproducente. No recomiendo que un cuidador introduzca puzles o juguetes novedosos, ya que la inhabilidad para enfocarse y entender qué es lo que se espera del perro probablemente le cause una reacción estresante. Ellos no pueden aprender algo nuevo, así que trabajar en tareas cognitivas no sería recomendable para un perro con una demencia avanzada. Lo que el perro necesita es confort. Paseos suaves y predecibles u otro ejercicio que el perro pueda tolerar pueden todavía ser una fuente de placer, así como el juego si se trata de cosas simples, cómo ir por una pelota cercana, pero no nuevas actividades. Tampoco recomendaría la introducción de personas o animales desconocidos – un paseo al parque canino, por ejemplo, probablemente sobre estimule al perro en esta etapa de su condición.

Preocupándose del cuidador

La familia que cuida a un adulto con demencia moderada o avanzada está en riesgo de múltiples complicaciones mentales y físicas. Fatiga es la más común, debido a la falta de sueño y la demanda de un cuidado de 24 horas que requiere de estar alerta, entregar cuidado, proveer de respuestas verbales, y la constante necesidad de estar al tanto de la seguridad. Los cuidadores humanos no solamente sufren de fatiga, sino que también de múltiples respuestas físicas al estrés, y muchas respuestas mentales como la depresión, pesar, ansiedad, rabia, aislación social, y múltiples pérdidas. El dueño de un perro geriátrico con pérdida cognitiva puede experimentar muchas de estas mismas respuestas. Noches sin dormir, una hiper conciencia de cambios y necesidades que pueden llevar a la fatiga o al agotamiento mental. Respuestas emocionales como la depresión y el pesar sobre la inminente pérdida de su querido compañero también son comunes. El humano responsable de un perro viejo también tiene la responsabilidad de tomar la difícil decisión de autorizar la eutanasia a su perro.

El soporte y grupos de educación para los dueños de perros adultos y perros con discapacidad cognitiva son altamente necesarios. Refugios animales, la Humane Society [Trad.: organización de protección animal], organizaciones de rescate, clínicas veterinarias, todos necesitan ser conscientes de esta condición progresiva, ya que mantenemos a nuestros compañeros con nosotros el mayor tiempo posible. Así como un excelente cuidado veterinario puede mantener a nuestro compañero canino físicamente sano por más tiempo, esa vida más prolongada puede llevar a mayores experiencias de desórdenes cognitivos en etapas tardías de su vida. La educación y el soporte emocional pueden ser aspectos claves en la calidad de vida tanto del canino como del cuidador.

Conclusiones

La Disfunción Cognitiva Canina va a afectar a uno de cada cinco perros geriátricos, así que las probabilidades de ser testigo de esta condición son altas, si usted es el dueño de un perro senior o trabaja en un refugio, con hogares temporales o en el rescate animal. Es muy útil, por lo tanto, educarse en detectar señales y síntomas tanto en etapas tempranas cómo avanzadas, como fue el caso de Mitsy, ya que pueden pasar inadvertidas por otros.

La Disfunción Cognitiva Canina no sólo afecta la calidad de la vida diaria del perro y su cuidador, sino que también su relación. Todo lo que podamos hacer, sin importar cuan pequeño sea, para mantener a nuestros ciudadanos mayores confortables en una etapa de desorientación y estrés, es un regalo. La rutina es la base tanto para el perro como para el cuidador para enfrentar los cambios emocionales, mentales y físicos de la DCC. Tener una perspectiva equilibrada de las realidades del mundo en el que ambos viven, con una sensación de gratitud y aceptación, será un confort durante las últimas etapas de la vida de un perro.

Referencias

Devi, G. (2018). The spectrum of hope: An optimistic and new approach to Alzheimer’s disease and other dementias. Maine: Thorndike Press.

Fast, R., Schütt, T., Toft, N., Møller, A., & Berendt, M. (2013). An Observational Study with Long-Term Follow-Up of Canine Cognitive Dysfunction: Clinical Characteristics, Survival, and Risk Factors. Journal of Veterinary Internal Medicine27(4), 822-829.

Fraser, S. (2018). Canine Cognitive Dysfunction: A Literature Review. The IAABC Journal Spring 2018.

Landsberg, G. (2005). Therapeutic agents for the treatment of cognitive dysfunction syndrome in senior dogs. Progress in neuro-psychopharmacology and biological psychiatry, 29(3), 471-479.

Madari, A., Farbakova, J., Katina, S., Smolek, T., Novak, P., et al. (2015). Assessment of severity and progression of canine cognitive dysfunction syndrome using the CAnine DEmentia Scale (CADES). Applied Animal Behaviour Science171 138-145.

Pan, Y. (2011) Enhancing brain functions in senior dogs: A new nutritional approach. Topics in Companion Animal Medicine 26(1), 10-16.

Pop, V., Head, E., Hill, M., Gillen, D., Berchtold, N. C., et al. (2010). Synergistic effects of long-term antioxidant diet and behavioral enrichment on β-amyloid load and non-amyloidogenic processing in aged canines. Journal of Neuroscience 30(29), 9831-9839.

Schütt, T., Toft, N., & Berendt, M. (2015). Cognitive function, progression of age-related behavioral changes, biomarkers, and survival in dogs more than 8 years old. Journal of Veterinary Internal Medicine29(6), 1569-1577.

 

Melissa McMath Hatfield, MS, CBCC-KA, CDBC, tiene un máster en asesoría psicológica y es examinadora psicológica licenciada en retiro. Su misión es mejorar la relación humana-canina, por medio de compresión, conocimiento y empatía. Actualmente tiene una consulta de comportamiento privado donde su principal foco es la evaluación del temperamento y la evaluación de conductas en perros que exhiben problemas de salud mental. Para más información por favor visite su página web.

Sara Cain-Bartlett, MSW, LCSW, C-ASWCM, se ha empeñado en el trabajo social clínico geriátrico y médico por más de 20 años, especializándose en el cuidado en la demencia. Ha escrito manuales sobre los comportamientos desafiantes presentes en el cuidado de la demencia y tiene una consulta privada como consultora de cuidados geriátricos desde el 2010. Sara también ofrece hogar temporal a perros de gran tamaño y caballos para la Animal League de Washington County, Arkansas. Mitsy era una perra que ella cuidaba para el refugio de Prairie Grove, Arkansas.

Traducción: Eugenio Achondo, IAABC Español.