Lograr que los clientes cumplan y mantengan el contacto para el seguimiento luego de una consulta para modificar la conducta de sus mascotas, sea con o sin tratamiento médico, siempre ha sido complicado. Los investigadores (Lindsay, Posage, y Engel, 2002; Posage et. al, 2002) descubrieron que era más probable lograr un buen cumplimiento cuando las mascotas debían tomar medicamentos para modificar la conducta, ya que ello hacía que fuera necesario que sus dueños llamaran para obtener dosis adicionales.

Sin embargo, hay muchos casos en los que no se requiere medicación. Hay muchas cosas que interfieren con el cumplimiento y el contacto para el seguimiento, provenientes de muchas direcciones: la falta de comprensión del plan de modificación de la conducta, las respuestas emocionales a la conducta problemática de un perro, la resistencia o el enojo ante el consejo del “experto”, aun cuando se hubiese solicitado su ayuda, las imposiciones de la vida diaria—tiempo, dinero, energía y otras responsabilidades. La lista es extensa.

Un consultor de conducta necesita superar todo ello para conseguir la cooperación del dueño de la mascota, el cumplimiento y el seguimiento, al igual que para entregar incentivos y apoyo a la perseverancia, paciencia, coherencia y precisión del dueño en la aplicación de las técnicas de modificación de la conducta. ¿Cómo puede un consultor de conducta establecer nexos con los dueños de las mascotas y, al mismo tiempo, enseñarles lo que necesitan saber a objeto de ayudarles con sus mascotas? Es un trabajo no menor.

Una estrategia que estoy segura que muchos consultores de conducta utilizan es comparar las técnicas de modificación de la conducta de perros con las técnicas de crianza de niños. Los consultores de conducta aplican exactamente los mismos principios a los perros que los padres hacen con sus hijos. Esta coincidencia puede ayudar a los dueños de mascotas a establecer un paralelo entre nuestros consejos y sus propias experiencias.

He estado trabajando en mi técnica de entrevista. Desde que fui académica he luchado por evitar sonar demasiado científica, profesoral, objetiva o demasiado simplificada. Sin embargo, si simplifico demasiado, me arriesgo a ser científicamente incorrecta o incompleta. También debo ser asequible, afectuosa, ética y – ¡no aburrida! He descubierto que vale la pena mostrar a los clientes, las aplicaciones del análisis conductual del Dr. Glenn I. Latham (1994) a la crianza de niños: ser positivo, alentador, suave, no crítico, abierto y accesible a las preguntas, a las objeciones y a la expresión de emociones. Latham formuló declaraciones de principios para la crianza de niños muy comprensibles, que podemos acercar a los clientes cuyos perros presentan problemas de conducta. ¿Quizás los ejemplos de la crianza de los niños resulten familiares y ayuden a nuestros clientes a manejar la frustración y ansiedad y abrirse? Aquí hay algunos ejemplos de los principios de aprendizaje de Latham y su importancia para la conducta canina.

El Primer Principio de Latham: La Conducta de un Niño Se Fortale Cerá O Debilitará Según Sus Consecuencias

Los consultores de conducta saben que para fortalecer comportamientos deseables se pueden ajustar las consecuencias. La atención es un refuerzo tanto para los perros como para los niños. Latham escribe: “Las utilidades son a los negocios lo que la atención es al comportamiento.”

Muchas veces los padres se enfrentan a tener que decidir qué hacer con el comportamiento “chatarra” irritante, aparentemente sin sentido, de sus hijos. Latham llama a éstos los “comportamientos maleza” y destaca que la mayoría de ellos se puede ignorar, siempre que los padres se focalicen en comportamientos más importantes y entreguen mucho refuerzo positivo a estos últimos. Los consultores de conducta conocen muchos comportamientos caninos “maleza” y pueden instruir a los clientes acerca de cuáles de estos comportamientos maleza ignorar, permitiéndoles desaparecer, y dirigir la atención a seleccionar aquellos comportamientos que deben ser modificados.

Si por descuido se reforzaran los comportamientos maleza, el niño (o el perro) podría terminar con un hábito indeseado.  Al explicar el refuerzo involuntario, he descubierto que muchos clientes pueden llegar a sentir culpa, vergüenza, arrepentimiento, conflicto y estrés. Es una situación que requiere de un acercamiento que no sea sentencioso, sino positivo, tal como la analogía de costo versus beneficio. Latham dice a los padres: Los errores que pueden haber cometido no deben ser causa de culpa o enjuiciamiento. Si ustedes invierten su atención sin saber qué exactamente está reforzando, no pueden obtener los resultados deseados. Ustedes no conocían este principio antes, de modo que no cometieron un error. Ahora cambien y entreguen buenas consecuencias a los comportamientos deseables.  Esto es algo que debemos subrayar al acompañar a los clientes en el descubrimiento de qué es lo que hace que sus perros se comporten del modo en que lo hacen.

Aspectos Emocionales Del Rol De Los Precedentes

Latham dice que estamos tan adiestrados para pensar que hay alguna causa interna para el comportamiento de un niño que olvidamos mirar su entorno. Esto es algo que he visto que hacen los clientes con sus perros, prefiriendo tomar un cierto acercamiento psicoanalítico a los problemas.

Me he topado con clientes que estaban tan seguros de que había algo malo en su perro que parecían estar aferrados a ver el asunto de un solo modo: culpando al perro. Los clientes pueden interpretar la mala conducta de sus animales (o niños) como rechazo, venganza, oposición, manipulación y miedo a perder el control aparente (dominancia del perro). Un consultor de conducta, en cambio, simplemente ve respuestas a estímulos, refuerzo y castigo, y piensa en cómo incrementar la probabilidad de lograr una respuesta por sobre otra. Yo utilizo mis propias palabras y expresión para reflejar la filosofía de Latham y de los consultores de conducta: La conducta es simplemente conducta, y un perro repetirá la conducta que se refuerza.

Latham escribe: “Desafortunadamente, tendemos a focalizar nuestra atención en aquello que está mal, no en lo que está bien.” Si el dueño de una mascota asume que su perro está actuando por venganza o por el deseo de dominar o de oponerse, la solución parece estar en encontrar la forma de dominar al perro. Como consultores de conducta debemos ser sensibles y no enjuiciar a nuestros clientes, pero, al mismo tiempo, esforzarnos al máximo para disuadirlos de utilizar métodos coercitivos que tienen sus raíces en la incomprensión de los motivos de sus perros. Yo les explico que mostrando dominancia a un perro éste frecuentemente se asustará, se sentirá castigado y se cerrará a un nuevo aprendizaje.

El Segundo Principio De Latham: el comportamiento de los niños Finalmente Responde Mejor A Las Consecuencias Positivas

Generalmente, cuando los padres utilizan respuestas punitivas para controlar a sus hijos, tales como gritarles, reprimirlos o golpearlos, el comportamiento indeseado cesa de inmediato. Los padres reciben su recompensa, dice Latham, pero frecuentemente el comportamiento indeseado solo se detiene temporalmente, y es probable que vuelva a ocurrir. Yo demuestro empatía con los padres que necesitan controlar a niños y perros indisciplinados. Los padres responderán nuevamente del mismo modo, porque anteriormente el comportamiento cesó. Esta es una respuesta legítima: Los padres están actuando de acuerdo con el refuerzo que ellos recibieron.  Repito: La conducta es simplemente conducta, no se requiere de un juicio.

Los consultores de conducta pueden toparse con la misma situación en la que el cliente se ve recompensado, pero el comportamiento indeseable del perro no cambia. Podemos aclarar que éste es un principio universal del comportamiento, sin enjuiciar al cliente, y explicar que al niño o al perro no se le enseñó el comportamiento correcto, pero que este comportamiento correcto sí puede ocurrir si se enseña y luego se recompensa. Es útil esperar a que ocurra la conducta correcta o una aproximación de ella y luego reforzar esta conducta. Latham dice que el objetivo es “agregar una consecuencia positiva a una conducta positiva.”

Latham describe cómo los padres pueden “manejar las consecuencias de la conducta de un niño de modo de incrementar la conducta deseable y reducir la conducta indeseable,” y que estas “consecuencias deben ser positivas, constructivas y favorecer el crecimiento.”  En cuanto a las mascotas, yo les diría a sus dueños que las consecuencias deben ser atractivas, enseñar las conductas correctas, promover el lazo entre el humano y el animal, fomentar una obediencia y una confianza libre de miedos y enseñar comportamientos seguros (por ejemplo, no perseguir automóviles), con el fin de proteger al perro. En los humanos, deberíamos promover el placer de tener una mascota bien socializada y obediente y la confianza en sus capacidades para controlar a la mascota y mantenerla segura, y fomentar el desarrollo de mascotas que sean capaces de vivir en harmonía en un hogar humano. ¿Podría este enfoque de crianza positiva cambiar la perspectiva de la gente y transformar a sus perros en menos extraños? ¿Podría esta actitud de los consultores de conducta traspasarse a los dueños de mascotas y así promover el cumplimiento y fomentar el contacto para el seguimiento?

Los consultores de conducta saben que un perro necesita la misma paciencia, comprensión, amabilidad y buenas técnicas de enseñanza que los niños con los cuales sus clientes están familiarizados. El consultor de conducta de mascotas muestra a sus clientes lo que funciona bien para enseñar a los perros, pero puede enmarcar esto en términos de qué funciona bien con los niños, utilizando las palabras de Latham como recurso. Podemos incentivar a los dueños de mascotas a que piensen en sí mismos como educadores más que como antagonistas en una batalla por tener el control. El cambio conductual en un perro no se obtiene en una lucha de voluntades con medios coercitivos, sino que mostrándole al perro, de una manera que el perro pueda comprender, a través de refuerzos, qué conducta es deseable—tal como en la educación de un niño obtenemos éxito si utilizamos un lenguaje que éste entienda, y consecuencias que tengan sentido para él.

Atención y refuerzo

Es probable que una atención represiva incremente la frecuencia y la intensidad de los comportamientos que queramos eliminar.  Latham dice, “Desafortunadamente tendemos a dirigir nuestra atención a aquello que está mal, no a lo que está bien.” Algunos padres entregan constantemente atención negativa a sus hijos al tratar de detener conductas no deseadas. Pero una atención negativa permanente puede tener el efecto contrario: Es muy probable que la atención de los padres, sea ésta positiva o negativa, incremente la frecuencia de los comportamientos muy negativos que los padres están tratando de detener. Ello se debe a que la atención parental fortalece la conducta. La atención de su dueño también fortalece el comportamiento del perro. Podemos dar ejemplos de niños que “actúan” por obtener la atención y utilizarlos para explicar a los clientes cómo pueden estar contribuyendo al comportamiento no deseado de su perro. Luego, podemos explicar que los dueños de mascotas al igual que los padres, deberían “dar atención positiva a aquellas cosas que nuestros niños [y nuestros perros] hacen correctamente.” Los dueños de mascotas podrían requerir ayuda en identificar qué comportamientos están reforzando sin advertirlo, cómo están reforzando estos comportamientos, qué comportamientos deseables requieren de refuerzo y cómo y cuándo reforzarlos. El dueño de una mascota puede no estar consciente del poder fortalecedor y educativo de una palabra afectuosa y amable o de una suave palmada mientras el perro se está relajando y no realizando conductas “maleza” molestosas.

El Tercer Principio De Latham: solo el desarrollo futuro de una conducta nos revelará si la conducta fue castigada o reforzada

Los consultores de conducta saben que si una conducta tiene una consecuencia dolorosa o desagradable, y luego vuelve a ocurrir una y otra vez, la conducta en realidad no está siendo castigada sino que reforzada. Latham dice, “El comportamiento se ha fortalecido y, por lo tanto, es más probable que reaparezca. Si se hubiera debilitado o castigado, se volvería más débil o pararía. La forma de descubrir qué ocurrió con la conducta es observar qué ocurre con la conducta posteriormente.”

Continúa diciendo, “el comportamiento solo se puede predecir en términos de probabilidades. Un ‘tratamiento’ puede no tener inmediatamente el efecto que deseamos.” Latham continúa describiendo el período de luna de miel, la explosión conductual, el regreso a la línea base, etc., con ejemplos de la crianza de niños con los que nuestros clientes se pueden identificar, los que podemos utilizar para explicar que esto también aplica a los perros. El punto es alentar a los dueños de mascotas a ser consistentes, precisos en la implementación del programa de conducta y comprometidos, y a sentirse cómodos como para contactar al consultor de conducta si tienen preguntas o necesitan hacer ajustes.

El conocimiento de los principios de la conducta humana no garantiza que se puedan resolver todos los problemas de conducta o que estaremos libres de sentirnos disgustados o preocupados acerca de una conducta no deseada, dice Latham. No es posible producir perros perfectos ni niños perfectos. Esta afirmación debe consolar tanto a los padres como a los dueños de mascotas.

He oído algunos dueños de mascotas decir que piensan que estamos haciendo experimentos científicos con sus adoradas mascotas. Yo les digo que no estamos experimentando; les repito lo que Latham dijo: “no estamos estudiando ciencias ni haciendo ciencia; estamos utilizando lo que sabemos de la ciencia para mejorar nuestras vidas.” La ciencia nos ha dado opciones para crear un ambiente acogedor en los hogares y en las familias. Podemos crear y predecir sucesos y resultados positivos.

Yo considero que la filosofía de Latham es muy alentadora. El objetivo no es lograr manejar el comportamiento no deseado, o sea, ¡simplemente quitarse al niño (o en su caso, al perro) de encima! Yo sugiero que un objetivo más amplio sería crear un ambiente placentero tanto para usted como para su mascota—hacer posible que usted experimente la alegría de tener un perro en su vida, que viva en su hogar, sea cercano a usted, y experimentar la calidez del afecto que usted puede recibir y dar a su perro. Los consultores de conducta deben transmitir que el cliente puede experimentar esta alegría si aplica un acercamiento sistemático, metodológico y gradual para organizar el entorno de modo tal de entregar a su perro la enseñanza y el refuerzo por comportarse bien. Latham me dio el marco para comunicar a los clientes los principios del análisis conductual aplicado de forma tal que se eviten las recriminaciones, y les permita aceptar nuevas ideas a través de experiencias que ellos ya han hecho.

Referencias

Latham, G.I. (1994) The Power of Positive Parenting: A wonderful way to raise children. P&T Ink, North Logan, UT. Rev. ed.

Lindsay, M., Posage, M., Engel, J., (2002) Predicting client follow-up after initial pet behavior consultation. Interdisciplinary Forum for Applied Animal Behavior, Sixth annual meeting, Tampa, FL. March 1-3.

Posage, M., Lindsay, M., Marder, A., Engel, J. (2002) Predicting client follow-up after initial pet behavior consultation. American Veterinary Society of Animal Behavior, Annual Scientific Meeting, Nashville, TN. July 14.

 

Durante ocho años, Joan Engel fue co-autora de publicaciones sobre investigaciones con perros y gatos en refugios en la ASPCA y la ARL-Boston, donde tuvo el privilegio de aprender acerca de la conducta de los perros. Trabajó como consultora de conducta canina, certificada por la Asociación Internacional de Consultores de Conducta Animal durante 11 años, hasta que jubiló.  Joan obtuvo un doctorado en psicología del desarrollo del ciclo de vida de la Universidad Fordham, y un master de la New School for Social Research.  Después de graduarse, estudió psicoterapia en el Alfred Adler Institute, enseñó Introducción a la Psicología y Psicología del Desarrollo en escuelas superiores y fue bioestadística. Joan incorporó los acercamientos positivos, no críticos de Adler y Latham y el análisis conductual como valores clave a su propia vida, su crecimiento personal y sus relaciones, y a su trabajo como profesora y consultora de conducta.