Hace poco me encontré con una lista de cursos de desarrollo profesional continuo que había tomado tiempo atrás en 2011. No era una mala lista – nutrición equina, fisiología, mayor conocimiento en diversas disciplinas ecuestres y así. Sin embargo, era todo sobre caballos – nada sobre mejorar mis habilidades con los clientes humanos. Lo que es interesante, ya que ésta era el área en la que tenía los mayores problemas ¡Pero, en su momento, ni siquiera había identificado que había algo que yo pudiera hacer al respecto!

Como la mayoría de nosotros, partí con un enorme deseo por mejorar la vida de los caballos y teniendo cada vez mayor conciencia sobre los problemas de bienestar mental y físico, probablemente estaba desarrollando una creciente visión negativa respecto a los dueños de los caballos. Desde mi perspectiva, yo iba y les daba toda la información que necesitaban y ellos, siendo criaturas bizarras e insondables, ¡no seguían mis consejos! Ponía mucho esfuerzo en escribir largos reportes, los que sentía que malagradecidamente no seguían o que probablemente ni siquiera leían. Frecuentemente me quejaba de que amaría este trabajo si no fuera por la gente.

No es de sorprender entonces que no tuviera una gran tasa de éxito en ayudar a los caballos que atendía, lo que a su vez hacía que el trabajo fuera difícil de continuar. Sentía que estaba fallando, así que me esforcé en buscar más y mejor información sobre conducta equina que pudiera usar para convencer a mis clientes.

Después de 7 años, mi actitud hacia los clientes es muy diferente. La gente ya no es la parte mala del trabajo. Ayudar a las personas se siente igual de satisfactorio e intrigante que ayudar a los caballos. Además de ser más efectiva, ahora disfruto mi trabajo mucho más de lo que solía hacerlo.

Yo no tengo ninguna formación en “conducta de personas” (¡como seguramente quedó claro más arriba!), así que ésta no es una guía extensiva sobre cómo trabajar efectivamente con sus clientes. Es más bien una exploración del proceso que vivió una consultora de conducta en conflicto para evolucionar desde el temor de tener que lidiar con los clientes a estar expectante de conocer al próximo, y tratar de capturar algunos de esos momentos de iluminación que me ayudaron a lo largo del proceso.

No solo ayude al cliente a estar a salvo, ayúdele a sentirse a salvo

Hace 4 años, comencé a dictar un curso sobre conducta equina e invitaba a mis alumnos a acompañarme en las visitas. En un frío día de mediados de invierno, un estudiante me acompañó a ver a mi cliente Rachel y a su pony Apple [N de T.: Manzana]. Apple era, apropiadamente, bastante pequeño y redondo y muy dulce, y me encariñé inmediatamente. Rachel era bastante nueva en el mundo de los caballos y le preocupaba que Apple estaba “saliendo intempestivamente de su establo”. Ella describía el comportamiento como algo muy peligroso. Sin embargo, al ver a Apple, al ver a Rachel interactuando con él y al obtener una descripción detallada de su comportamiento, me pareció, desde mi perspectiva, que en realidad lo que hacía era deambular tranquilamente de su pesebrera hacia un fardo de heno cercano, en la caballeriza cerrada en la que se encontraba alojado, y comer felizmente. Estaba bastante relajado con respecto a que lo llevaran de vuelta a su pesebrera luego de algunos bocados.

Luego de encontrar un lugar seguro donde estacionar a mi estudiante y a mi cliente, me fui a pasar tiempo con Apple. Estaba consciente de los frecuentes comentarios que hacía mi cliente, como: “Ten cuidado”, “vigílalo, podría herirte”, pero me concentré en Apple y no sentí la necesidad de hacer nada de forma diferente.

Discutiendo luego la visita con un café, mi estudiante comentó que Rachel había estado ansiosa durante toda la sesión práctica y me preguntó cómo lidiaba usualmente con eso. Le dije que lidiaba con ese asunto manteniéndola a ella físicamente segura.

Más tarde, pensé en cómo yo trabajaría con un caballo que estuviera mostrando ese nivel de ansiedad respecto a algo que yo sabía que era seguro y me di cuenta de que lo habría manejado de una forma muy, muy diferente – habría considerado su estado emocional tanto como su seguridad física. Esto me llevó a un gran cambio en mi aproximación. Trabajar para asegurarme de que el cliente se mantenga bajo umbral – ya sea que estén interactuando con su caballo o no – es tan importante como mantener al caballo bajo umbral.

En contraste, hace unos meses, fui a visitar a un cliente que había sido malherida mientras guiaba a su caballo. Lo primero que discutimos, en profundidad, fue qué cambios podían hacerse para que ella se sintiera segura en el día a día, en vez de tener que temer cada visita en que tuviera que ir a buscar a su caballo y guiarlo desde o hacia el prado. Habiendo acordado una rutina segura para el corto plazo, luego la cliente pudo concentrarse en discutir los problemas productivamente y pudo también empezar a considerar las cosas desde el punto de vista de su caballo – una tarea difícil cuando uno se siente seriamente en peligro.

Esto tiene paralelos interesantes con el marco de trabajo de tres etapas para el tratamiento del trauma de Judith Herman, que involucra establecer, primero, la seguridad física y emocional, seguido de adquirir mayor entendimiento de la situación y luego, construir soluciones. Otra idea que me ha sido útil en esto es pensar en cómo el LIMA aplica tanto para el cliente como para su caballo (LIMA: least intrusive, minimally aversive; Intervención conductual menos intrusiva, mínimamente aversiva, efectiva). Si un cliente se encuentra en una situación en que siente que debe hacer cosas que encuentra muy aversivas o siente que no tiene control, eso definitivamente terminará siendo contra productivo en muchos sentidos.

Y luego había tres

Así que, yo siempre partía por hacer lo más posible para ayudar al caballo a sentirse calmado y seguro. Luego me di cuenta de que esto también debía aplicarse al cliente. Aquí es cuando me di cuenta de que había tres de nosotros involucrados en el proceso…

Hace unos pocos años, fui a visitar a Hugo y a su dueña, Jane. Hugo era un fornido joven caballo de deporte irlandés de 1,70 mt que recientemente había comenzado a morder muy fuerte a las personas cuando lo guiaban desde su prado. Tres personas habían sufrido heridas lo suficientemente graves como para requerir tratamiento hospitalario. Jane y yo estábamos sentadas en un sector tranquilo cerca de la pesebrera de Hugo discutiendo su historia cuando el administrador del establo apareció, me miró de arriba a abajo y dijo “Bueno, tu eres la gran consultora de comportamiento ¿no es así? Veamos cómo lo guías tú entonces”.

Yo no estaba preparada para esta demanda tan repentina y no sabía qué hacer. Sentía que, si no manejaba a Hugo ahora mismo, no podría ayudarlo porque perdería credibilidad tanto con Jane como con el administrador del establo. Por otra parte, no había terminado de discutir su caso y no tenía intenciones de guiar a Hugo para nada ese día. Con la presión del momento, guiarlo desde su prado parecía ser el menor de dos males. De hecho, nos fue muy bien con eso – él respondió cuando lo guiaba unos pasos y luego lo rascaba en la cruz, y caminamos hasta su pesebrera sin incidentes. Sin embargo, podría haber sido una historia muy diferente. y me había sentido presionada a hacer algo que no beneficiaba al caballo o a su dueña.

Pensé bastante en este incidente después y me di cuenta de que hay un cierto tipo de persona ecuestre que me saca de balance. Esto probablemente viene de una infancia con instructores de montar que daban miedo y que debían ser obedecidos sin cuestionar. Me di cuenta de que, para salir y ayudar a los caballos y a sus personas, tenía que no solo intentar mantenerlos a ellos emocionalmente seguros, sino que ¡yo también tenía que sentirme segura!

Independientemente, si uno lleva tiempo aferrándose a un patrón de luchar sin importar nada, es difícil aceptar que no solo está bien, sino que ¡es muy importante cuidar de sí mismo también! Existen muchos recursos para ayudarse a aprender sobre autocuidado. Encontré que los aspectos que resultaron más importantes para mi fueron:

  • Autoconciencia — Darse cuenta de su propio estado emocional y comportamiento; reconocer sus gatillos para que pueda encontrar soluciones o mecanismos de adaptación.
  • Autocompasión — No etiquetaría a un caballo como “estúpido”, “cobarde” o “patético” por no ser capaz de adaptarse a algunas situaciones. Trataría de averiguar cómo ayudarles. ¿Por qué no sería usted merecedor del mismo trato?
  • Poner límites — Respecto a su ética, capacidades y más. Aquí la claridad realmente ayuda a mantenerle cómodo y ayuda a evitar ser arrastrado por las emociones y los deseos de los clientes.

La siguiente vez que me vi envuelta en una situación similar, trabajando con una yegua llamada Mia, tuve la oportunidad de pensar con detenimiento. Todavía es un área en la que necesito seguir trabajando, pero esa vez, pude al menos recordarme a mí misma de tomarme un momento antes de reaccionar y sentir empatía por la persona con la cual no me estaba adaptando, quien estaba reaccionando porque se sentía atrapada en una situación que le asustaba y no era capaz de reconocer que tenía miedo.

Desarrollando soluciones con el cliente

Como mencioné al inicio de este artículo, me embarqué como consultora de conducta con la idea de que las soluciones se definirían claramente a través de un proceso de diagnóstico. Identificamos el problema, luego le decimos al cliente cómo arreglarlo. A veces esto funciona, pero con frecuencia, especialmente en casos más complejos, simplemente no funciona.

Pensar en soluciones que podrían funcionar si el caballo fuese tuyo es fácil. Trabajar verdaderamente en soluciones que podrían funcionar para la relación cliente-caballo es un proceso bastante diferente, pero es esencial para desarrollar una actitud positiva hacia el trabajo con las personas. Es tan recompensante cuando elaboras soluciones efectivas con el cliente en contraste con sentir como si estuvieses trabajando en su contra; el caballo y el cliente son ayudados, y no puedes sino sentirte cada vez más benevolente hacia tus clientes, haciendo que tu trabajo sea mucho más agradable.

Volviendo a Hugo, Jane y el problema de mordidas, al parecer Hugo habría iniciado este comportamiento con pellizcos juguetones, los cuales ocasionalmente se convertían en gestos agonísticos cuando la respuesta de su manejador le provocaba susto o dolor. Luego de que (neciamente) accediera a guiar a Hugo, comencé a elaborar un plan para tratar este problema. Tenía pensado usar un manejo gentil para moldear lentamente el comportamiento deseado. Sin embargo, necesitaba tratar el hecho comprensible de que Jane había adquirido miedo de manejarlo.

Empezamos con un “experimento”, Hugo en su pesebrera con una red de heno; Jane afuera de la puerta de la pesebrera. Al comienzo, a Hugo se le daba una golosina por tocar un cepillo de acicalamiento con su nariz por encima de la puerta de la pesebrera. Hugo aprendió rápidamente y comenzó a tocar una variedad de objetos con su nariz, y no con su boca. Luego de un rato, Jane estuvo motivada a ofrecerle su mano para que la tocara.

A través de esto, Jane captó muchos de los pequeños signos que le indicaban el estado emocional de Hugo y le parecía muy interesante. Se dio cuenta de que sus mordidas probablemente no eran “de la nada” después de todo. Ella disfrutaba interactuar con él por primera vez en muchos meses y estaba encantada de verlo tan comprometido en esta actividad.

Esto puede parecer rutina para nosotros los consultores de conducta, pero inicialmente, al no reconocer los beneficios de este tipo de trabajo, me estaba faltando una gran pieza del puzle de encontrar soluciones que funcionen tanto para el caballo como para el cliente. Teníamos el requisito básico de que ambos, Jane y Hugo, se sintieran emocionalmente y físicamente seguros. Luego agregamos una actividad que ambos disfrutaran y ambos se volvieron más receptivos al aprendizaje y al cambio, mientras tenía lugar un trabajo útil que contribuía a mejorar su relación. Jane sintió que pasar tiempo con Hugo no necesariamente tenía que dar miedo y ser desagradable y comenzó a pensar en qué otras cosas podían hacer. Pienso que el valor de que el cliente sienta este beneficio, en vez de que le digan una solución, es invaluable. Desde ahí, Jane y yo pudimos conversar productiva e incluso entusiasmadamente los próximos pasos y cómo podría lucir el camino a seguir para la meta final de guiar a Hugo sin conflictos o comportamientos no deseados. La motivación de Jane también cambió junto con su comprensión; al principio su única preocupación era, por supuesto, no resultar herida. Pero ahora podía considerar la perspectiva de Hugo también.

Aún me asombra lo mucho y lo rápido que las actitudes y emociones de las personas hacia sus caballos pueden cambiar con simples ejercicios como aquellos, abriendo camino para las siguientes etapas del tratamiento.

Juicio y empatía

Incluso donde al parecer hay serios asuntos de bienestar, debo recordarme a mí misma que no sé todo sobre la situación de mis clientes, y no caer en juzgarlos.

Visité a Linda y a su caballo Major hace algunos años. Major tenía una espalda obviamente muy sensible y una montura que apenas le calzaba. Corcoveaba frecuentemente y la hija adolescente de Linda se había caído tres veces mientras lo montaba. Mi primer consejo fue que dejaran de montarlo hasta que Linda lo llevara a un chequeo médico. Ella aceptó hacer eso, por ese día, pero luego dejó que su hija volviera a montarlo, resultando en una caída y un brazo roto. Al hablar con Linda después, me contó que ella estaba pasando por un divorcio difícil y estaba aterrada de que su hija eligiera vivir con su padre. Pensaba que montar a Major era la única cosa que mantenía a su hija con ella.

Cuando conseguimos no juzgar, podemos sentir empatía por la situación del cliente. Ser empáticos y no hacer juicios de valor hacia ambos, nuestros clientes y sus caballos (¡y con nosotros mismos!), cambia la forma en que el cliente nos percibe y entiende, y esto hace que las consultorías sean mucho más efectivas. Nosotros, además, guiamos a través del ejemplo; con frecuencia una aproximación calmada, honesta y empática va a tener influencia en los clientes, ayudando a que se comporten así con sus caballos e incluso con otros a su alrededor.

Si eres como yo, puede que esto aún sea un trabajo en progreso. Tratar de comprender la situación y el comportamiento de otro sin juzgar, puede ser difícil y requiere de autoconciencia constante. Se siente como si nuestro cerebro constantemente quisiera resbalar de nuevo hacia el pensamiento de “ellos y nosotros”. Esa forma de pensar parece mucho más cómoda, pero nosotros podemos distinguir entre un comportamiento no deseado y una mala persona – ¡hacemos eso todo el tiempo con los caballos! Cuando pensamos en las acciones del cliente como comportamientos no deseados, podemos movernos desde la frustración u otras emociones negativas hacia visualizar un problema con el que podemos ayudar.

Resumen

A través de los años, mi interés en el cambio de comportamiento se ha expandido de solo el caballo hasta incluir al cliente, y luego, a incluirme a mí misma. Los momentos de mayor introspección para mi han sido:

  • Priorizar el mantener a todos los involucrados física y emocionalmente seguros.
  • Reconocer que efectivamente estamos lidiando con un sistema complejo, en muchos casos, y que no es útil etiquetar o categorizar ni el problema ni la solución, sino más bien visualizar la evaluación y el tratamiento como un proceso en continuo desarrollo.
  • ¡Resistir el reflejo de enderezamiento! referencia al artículo righting reflex] Tratar sinceramente de entender las motivaciones del cliente, sus objetivos y habilidades y trabas al cambio, y trabajar con ellos hacia un buen desenlace.
  • Reconocer lo importante que es la autoconciencia y, además, ser lo suficientemente valientes para dejar a otras personas evaluar lo que estamos haciendo y escuchar sus opiniones.
  • Reconocer que la relación entre el cliente y el consultor es con frecuencia la clave para el éxito; si el cliente siente nuestra comprensión y empatía, y confía en nosotros, eso puede hacer una diferencia increíble.
  • Dejar que el cliente vea y evalúe los cambios (aprendizaje experiencial) usualmente es mucho más efectivo que solo darles información y hablar sobre qué hacer luego. Es el hacer y el sentir lo que le da al cliente un entendimiento real y confianza en sus habilidades.
  • Cuando estamos con dudas respecto al trabajo con algún cliente, puede ayudar si damos un paso atrás y pensamos “¿Qué haría si fuera un caballo?”.
  • Aprender que cometer errores y ser humano ¡está bien! De hecho, es positivamente útil ser humanos y abordables, y hablar de nuestros errores (como espero haya quedado evidenciado en este artículo), puede ser de utilidad para los demás.

Gran parte de nuestro trabajo involucra ayudar al cliente a entender mejor a su caballo, cambiar actitudes y desarrollar empatía hacia su caballo. De igual manera, ¡nosotros nos podemos ayudar mutuamente a entender mejor a nuestros clientes, a mejorar nuestras actitudes y a desarrollar empatía!

Esto ha hecho la diferencia para mí, entre seguir trabajando en consultorías o buscar otra manera de trabajar con caballos, una que evitara a las personas. Ha sido el mayor factor para aumentar el número de desenlaces positivos para mis clientes y sus caballos, haciendo que el trabajo sea mucho más recompensante y sustentable.

 

Lectura adicional

Suzanne Rogers es directora en Human Behavior Change for Animals (Cambio de Conducta Humana para los Animales) y vale la pena ver su sitio web. Sus contribuciones para mi desarrollo en esta área han sido muy valiosas. Suzanne también es [Consultora Certificada de Conducta Equina] de la IAABC, y estará presente como expositora en la Conferencia IAABC de Reino Unido durante este mes. Otro libro que me ha sido extremadamente útil es “Por qué justificamos creencias insensatas, malas decisiones y actos hirientes” (Mistakes Were Made (But Not by Me): Why We Justify Foolish Beliefs, Bad Decisions, and Hurtful Acts) por Carol Tavris y Elliot Aronson.

Agradezco a la Dra. Marie Holmes BSc, MSc, DClinPsych, HCPC, consultora en psicología clínica, por facilitarme los siguientes enlaces y referencias que relacionan las historias y reflexiones en este artículo con la evolución y práctica de la psicología clínica:

Overcoming Childhood (Superando la Infancia)

Transference (Transferencia)

The Faulty Walnut (La Nuez Defectuosa)

Motivational Interviewing Techniques (Técnicas de Entrevista Motivacional)

Self-Compassion (Autocompasión)

Carl Rogers – Person Centred Therapy (Terapia Centrada en La Persona)

 

Felicity tiene una firme formación en ciencias, completó un BSc y un MPhil en la Universidad de Edinburgh durante la década de los 90’ y trabajó ahí durante varios años como científica de investigación. Su amor por los caballos es de toda la vida y en 2009, combinó sus intereses por la ciencia y los caballos, y luego de pasar por un entrenamiento comenzó a trabajar a tiempo completo como consultora de comportamiento equino. Ella es una Consultora Certificada de Conducta Equina por IAABC y una etóloga acreditada por la ABTC (The Animal Behavior and Training Council/Consejo para el Entrenamiento y Conducta Animal). También es una consultora registrada de comportamiento equino por la Sociedad de Consultores de Comportamiento Equino en el Reino Unido y realiza un curso de entrenamiento profesional para ellos.   

 

Traducido por Carolina Gálvez, IAABC Español