por Susan Friedman, PhD

Aunque el título de este editorial es un guiño al reciente blog de Tim Steele para la Academy for Dog Trainers, aplaudo su discusión sobre la Jerarquía Humanitaria. Admiro a cualquiera que crea que hay oportunidad para mejorar y tome las medidas necesarias. Del mismo modo, mi admiración se dirige a Glenn Pierce de PowerPuppy Dog Training, cuyo gráfico se muestra en el blog de Sr. Steele.

El gráfico de Sr. Pierce tiene algunas características nuevas para recomendarlo, en mi opinión. En primer lugar, aunque su propuesta es demasiado sencilla, dada la omisión de las estrategias de refuerzo diferencial y la extinción, la inclusión del contracondicionamiento al mismo nivel que el refuerzo positivo (y no antes que refuerzo positivo) reconoce que ambos procesos están inevitablemente coexistiendo todo el tiempo. Esto será esclarecedor para cualquier entrenador que piense erróneamente que el condicionamiento clásico debe preceder al entrenamiento operante para que cualquiera de los dos enfoques sea efectivo.

En segundo lugar, la adición de un nuevo nivel tras el castigo negativo, que sugiere que uno debe consultar a otro profesional o comenzar de nuevo antes de usar una intervención más invasiva. Esto evoca dos normas éticas en la educación especial que son directamente aplicables a trabajar con cualquier especie de alumnos: (a) los profesionales deben consultar con otros expertos antes de iniciar un programa de castigo positivo para asegurarse de que han agotado todas las alternativas menos intrusivas, y (b) si el comportamiento no cambia en la dirección deseada poco después de la implementación de una intervención, nunca es demasiado tarde para empezar de nuevo con más información para mejorar la siguiente fase del proceso.

No hay información en el blog de Sr. Steele acerca de lo que se supone que debiera significar el borde rojo en las formas que representan el castigo positivo y la inundación, pero no recomendaría la inundación en cualquier concepto que tenga que ver con el entrenamiento humanitario. Quizás el borde rojo significa que nunca se deba usar ninguno de los dos procedimientos. Si es ese el caso, estoy de acuerdo con la prohibición total de la inundación, pero no estoy de acuerdo con la prohibición total del castigo positivo porque creo que es poco realista y, en última instancia, poco útil. Mi decisión de mantener el castigo positivo en el nivel más invasivo de la jerarquía, con la clara advertencia de proceder con extrema cautela y sólo bajo condiciones muy limitadas, se explica en mi artículo, “¿Qué hay de malo en este cuadro? La eficacia no es suficiente” (que acompaña al gráfico de la jerarquía en el enlace anterior).

En el blog de Sr. Steele, reconozco y admito una preocupación que la fundadora de la Academy for Dog Trainers, Jean Donaldson, ha expresado. Confesión honesta: Cuando Jean Donaldson habla, Susan Friedman escucha con mucha atención. Sin embargo, todavía no soy persuadida por el argumento de que los animales serán mejor tratados si separamos el refuerzo negativo y el castigo negativo en dos niveles diferentes para atribuir mayor grado de intrusión al refuerzo negativo que al castigo negativo.  Como se explica en mi artículo, la intrusión se refiere al grado de control que tiene quien aprende sobre sus propias consecuencias. No conozco ninguna investigación que sugiera que los tres procedimientos que he agrupado –extinción, refuerzo negativo y castigo negativo- puedan ser clasificados en distintos niveles de acuerdo al continuum de intrusión, como Sr. Steele sugiere que deberían ser; y, la profunda experiencia de incontables instructores y entrenadores confirman que cada uno de los tres procesos puede ser más o menos invasivo dependiendo del uso y circunstancias particulares.

Por ejemplo, la planificación del proceso de moldeado puede fracasar con algunos alumnos hasta que se les dé una “voz” fuerte para elegir decir que no. Permitir que un perro dé un paso atrás de unas manos extendidas, mediante la remoción de las manos, es un ejemplo de refuerzo negativo. Alternativamente, con respecto al castigo negativo, la remoción contingente del acceso a refuerzos altamente valorados o biológicamente necesarios (por ejemplo, afiliación social o alimento) puede ser prohibitivamente estresante, como en el caso de los protocolos que excluyen a los perros a áreas aisladas durante largos períodos de tiempo. Comparando el grado de intrusión relativo de estos dos ejemplos, claramente el refuerzo negativo le da al alumno más control que el castigo negativo. Con respecto a la extinción, hay una cantidad masiva de investigación que demuestra la calidad aversiva del procedimiento. Nacemos para comportarnos en función de las consecuencias, y cuando éstas ya no se presentan ¿es de extrañar que las palomas ataquen a otro pájaro para evitar la extinción y que los humanos derriben una máquina de refrescos en completa frustración?

El punto crucial es el siguiente: Podemos educar a las personas para que abandonen una aplicación particular de un proceso sin abogar en contra del proceso en todas sus formas de uso o relegarlo a un mayor nivel de intrusión en la jerarquía.

El caso específico del shock [Trad.: descarga eléctrica] contingente, en el que se centra Sr. Steele, es absolutamente digno de preocupación, y soy una firme partidaria de quitar los collares eléctricos de los estantes de las tiendas de mascotas. Sin embargo, antes de que el cese del shock pueda funcionar como reforzador negativo del comportamiento que lo precede, su activación probablemente funcione como un castigo positivo que se presenta inmediatamente después del comportamiento. Es una falacia argumental del tipo hombre de paja que la jerarquía sugiere de alguna manera que electrocutar a un animal es equivalente a un tiempo fuera de 30 segundos. Las únicas personas que sacarían tal conclusión de la jerarquía no están leyendo el blog de Sr. Steele o mis artículos. En nuestra comunidad, la mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que el castigo positivo es generalmente el proceso más intrusivo y, por lo tanto, el menos recomendado. Influenciar a personas fuera de nuestra comunidad probablemente requerirá estrategias diferentes.

Es una realidad desagradable que cualquier procedimiento puede causar daño cuando se usa mal, y el refuerzo positivo no está exento de esta preocupación. El entrenamiento en base al refuerzo positivo puede considerarse coercitivo en la medida en que el alumno no tenga forma de obtener los valiosos refuerzos sin hacer lo que le hemos pedido. Y por supuesto, uno puede argumentar razonablemente que la comida es un refuerzo negativo cuando es entregada de manera contingente a un animal hambriento. Es un planeta complicado e idiosincrásico. Un  entrenamiento totalmente basado en la libre elección proporcionaría acceso gratuito a un tazón de premios durante cada sesión de entrenamiento, como una alternativa a ganarse los mismos premios de manera contingente según si responde correctamente a nuestras solicitudes . Yo voto por eso.

Además de la discusión anterior, algunos entrenadores experimentados a lo largo de los años han compartido una preocupación diferente y esencialmente opuesta con el concepto de jerarquía. Quieren utilizar refuerzo negativo sin probar primero los procedimientos menos invasivos, dada su experiencia profesional para tomar esa decisión. De nuevo, debo estar de acuerdo en que estoy en desacuerdo. Si se tratara de mi perro, loro o niño, insistiría en probar primero soluciones en base al refuerzo positivo, independientemente de lo que haya funcionado para ese consultor en el pasado.

Lo que separa nuestro trabajo del de todos los demás profesionales basados en la ciencia (por ejemplo, biólogos, zoólogos, etólogos) es que trabajamos al nivel análisis individual. Somos los campeones del study of one [Trad.: evaluación de individuos], que aplicamos las leyes universales de comportamiento justo a la medida de cada alumno.

En resumen, lo que está mal no es la Jerarquía Humanitaria, cualquiera sea la versión. De hecho, es lo que está mal con todas las jerarquías, incluyendo la famosa “Jerarquía de Necesidades” de Maslow, las jerarquías se malinterpretan con demasiada frecuencia como recetas cuando en realidad son guías. Usar la jerarquía como se pretende requiere de criterio, una comprensión detallada del cambio de comportamiento, y un paso gigantesco fuera de la niebla cultural.

No puede haber una receta única, pero puede haber consideraciones generales que informen, sensibilicen y mejoren nuestra implementación y difusión de las mejores prácticas de entrenamiento, las cuales también se encuentran en constante evolución. Este es el propósito de las directrices en la jerarquía que propuse.

Darnos retroalimentación crítica entre nosotros no es ni simple ni fácil. No es mi intención castigar la discusión o reforzar negativamente el acuerdo, sino más bien añadir información a nuestro pozo común de conocimientos. La jerarquía no fue escrita en piedra, sino escrita en un momento en que la mera efectividad triunfaba rutinariamente por sobre los procesos que usábamos para llegar allí. Como comunidad, hemos puesto con éxito este tema sobre la mesa: la efectividad no es suficiente. Pero seguramente hay más. Sigo acogiendo con satisfacción los debates sobre ideas alternativas, incluida la posibilidad de más de una jerarquía.

Sin embargo, en mi opinión, estas propuestas alternativas todavía no ofrecen mejoras sustanciales. En cambio, parecen introducir un conjunto diferente de problemas. Eso no es ninguna sorpresa. Este asunto ético es difícil de estructurar. No obstante, debemos seguir esforzándonos por hacer precisamente eso, y las personas deben ejercer su poder de decidir por sí mismos, sin exageraciones, fuerza ni coerción. Rachlin (1991, p. 142) escribió: “La palabra evolución significa literalmente  ‘acto de desplegarse o desenrollarse’; puede aplicarse a cualquier proceso de desarrollo, formación, o crecimiento”. Pero, la evolución no puede ocurrir sin una variabilidad de la cual se pueda seleccionar una mejor adaptación (genético o conductual).

La variabilidad de pensamientos y acciones es necesaria para que nuestra profesión crezca. El objetivo no debe ser el consenso sobre ninguna de nuestras problemáticas más apremiantes, sino más bien el diálogo abierto, informado y respetuoso. De esta manera, la selección por consecuencias puede hacer su magia.

Por último, aplaudo a las organizaciones (por ejemplo, IAABC, APDT, CCPDT, IAATE, Zoológico de San Diego, Zoológico de Londres y Zoológicos Victoria) que han sustituido la cuestionable libertad de acción que caracterizaba al entrenamiento tradicional del pasado por una jerarquía razonable basada en el concepto de grado de intrusión es decir, el grado en que los alumnos tienen control sobre sus consecuencias. Después de todo, las consecuencias son las que hacen que el comportamiento sea efectivo.

También quiero agradecer a Sr. Steele por darle voz a una discusión importante y devolverle las amables palabras que me envió: “…no importa si estamos de acuerdo o no, soy un gran fan.” Lo mismo para ti.

Respetuosamente presentado, 19 de junio de 2018
Susan G. Friedman, Ph.D.
Profesor Emérito, Departamento de Psicología
Universidad Estatal de Utah
Behavior+ Works, LLC

Referencia
Rachlin, H. (1991). Introduction to Modern Behaviorism (3rd ed.). NY: Freeman.

 

Traducido por Charlotte Iglesias, IAABC Español