por Sarah Fraser

Tal como sus cuidadores humanos, los perros están cosechando los beneficios en los avances médicos y están viviendo mucho más que antes (Katina et al., 2016; McGreevy & Bennett, 2010). Mientras que una esperanza de vida más larga es vista de forma positiva por la mayoría de los propietarios, los años dorados de un perro pueden traer desafíos relacionados con la edad. La Disfunción Cognitiva Canina (DCC), similar al Alzheimer en humanos, está afectando a una proporción notable de los 30 millones de perros de mayor edad (Madari et al., 2015). La frecuencia de la DCC en perros mayores se estima entre el 14 y el 67% (usualmente definido como perros con más de 8 años de edad), con un porcentaje de afectación que incrementa con la edad. Con más de uno de cada cinco perros mayores experimentando una función cognitiva deteriorada, es crítico que trabajemos en un mejor entendimiento, identificación, tratamiento y manejo de la DCC en nuestras mascotas de mayor edad, para asegurar que sus últimos años sean lo más confortables y de bajo estrés como sea posible.

En este articulo, revisaré los indicadores conductuales de la DCC junto con
los mecanismos neurobiológicos subyacentes asociados a esta condición. Examinaré los factores que aumentan el riesgo de desarrollo de la DCC, revisaré las actuales herramientas y técnicas usadas para el diagnóstico y evaluaré la eficacia de las actuales opciones de tratamiento para la DCC. Finalmente, discutiré las futuras oportunidades de investigación con un foco en el aumento de las tasas de diagnostico, explorando los efectos en la combinación de múltiples tipos de tratamiento y entregando soporte a propietarios de perros con DCC.

Definiendo la Disfunción Cognitiva Canina

Más allá del envejecimiento normal: Indicadores conductuales de la DCC

La Disfunción Cognitiva Canina es una condición progresiva, neurodegenerativa y relacionada con la edad que afecta las funciones cognitivas. Las deficiencias en las habilidades de aprendizajes y funciones de la memoria causadas por la DCC, están marcadas por cambios en la conducta, que incluyen interacciones sociales alteradas, cambios en el ciclo de sueño, desorientación y confusión, problemas de entrenamiento en casa, ansiedad incrementada y cambios en el nivel de actividad general (Fast et al., 2013; Madari et al., 2015). Los síntomas clínicos más comunes de la DCC incluyen (Fast et al. 2013; Cory, 2013; Schutt et al., 2015):

  • Dormir durante el día y estar inquietos durante la noche.
  • Disminución en las interacciones sociales con el propietario, otros familiares y mascotas.
  • Desorientación en el hogar.
  • Incapacidad para reconocer personas o mascotas familiares.
  • Idas y venidas sin sentido.
  • “Perderse” en esquinas o detrás de muebles.
  • Mirada al vacío.
  • Realizar conductas repetitivas o incompletas.
  • Incumplimiento en realizar conductas de obediencia ya aprendidas.
  • Evitación del cariño o un aumento por el deseo de contacto y atención hacia el propietario.

La DCC es un desorden progresivo, lo que implica que los síntomas conductuales empeoran a medida que pasa el tiempo; sin embargo, la tasa de prevalencia de varios síntomas y la tasa de declinación cognitiva varían mucho dependiendo del individuo. (Schutt et al., 2015).

En un estudio de 64 perros mayores de distinta raza, edad y tamaño, los síntomas de la DCC progresaron de la siguiente forma en un período de 12 a 14 meses: En la primera medición, de seis a ocho meses de la línea de base, el 42% de los sujetos que fueron diagnosticados con una función cognitiva normal pasaron a tener una leve deficiencia cognitiva, el 24% de los perros que comenzaron con una deficiencia cognitiva leve progresaron a una deficiencia cognitiva moderada, y del 85% que fueron diagnosticados al comienzo con una deficiencia cognitiva moderada permanecieron con dicho diagnóstico. Después de otros seis meses, un 71,4% de los perros que originalmente fueron clasificados con una función cognitiva normal pasaron a tener una leve deficiencia cognitiva, mientras que un 50% de los perros que habían sido diagnosticados en un comienzo con una leve deficiencia cognitiva habían progresado a una deficiencia cognitiva moderada (Madari et al., 2015).

Cambios neurobiológicos involucrados en la DCC

Existe un número de cambios neurodegenerativos asociados con la DCC. Un cierto grado de atrofia cortical es normal en un cerebro envejecido, pero la DCC está asociada con un grado de atrofia cortical mayor a lo normal (Cotman & Head, 2008; Fast et al., 2013).  La pérdida neuronal, la disminución de la neurogénesis y los cambios en las vías neurotransmisoras, incluyendo la vía de la serotonina, también están presentes en mayor grado en el cerebro de un perro con DCC (Cory, 2013; Cotman & Head, 2008; Fast et al., 2013).

Cotman y Head (2008) hipotetizaron que tanto la pérdida neuronal como la atrofia cortical pueden ser causadas, al menos en parte, por la acumulación de proteínas patológicas como la β-amiloide (Aβ). En efecto, existe abundante investigación que ha examinado el rol de la Aβ en la DCC, tanto en extensión como en el lugar de sus depósitos, y muchos estudios indican que un aumento en la presencia de Aβ está asociada con un aumento en la deficiencia cognitiva, particularmente en relación a déficits en el aprendizaje por discriminación, aprendizaje invertido y aprendizaje espacial (Cummings et al., 1996; Fahnestock et al., 2012; Fast et al., 2013; Schutt et al., 2015).

Un estudio acerca de perros con 10 años y más (Ozawa et al., 2016) encontró que los niveles de depósito de Aβ pueden ser, de hecho, una consecuencia indirecta, más que un factor causal directo en la DCC. Sin embargo, tratamientos que apuntan a la disminución de síntomas conductuales de la DCC por medio de la reducción de los niveles de Aβ en el cerebro han resultado ser efectivos, sugiriendo que aún no sabemos mucho sobre la relación de Aβ y DCC.

El estrés oxidativo causado por radicales libres es aceptado ampliamente como un factor contribuyente en el deterioro cognitivo (Cotman & Head, 2008). Al observar de cerca el estrés oxidativo, Snigdha et al. (2011) hipotetizaron que la activación de caspasa y acumulación de ceramida en la corteza frontal, contribuyen ambas al estrés oxidativo (a causa de un aumento en la presencia de radicales libres) y un aumento en la producción de Aβ.

Detección de Disfunción Cognitiva Canina en perros mayores

Los síntomas de la DCC pueden potencialmente progresar con relativa rapidez y tener un severo impacto negativo en la calidad de vida de un perro. Sin embargo, propietarios pueden confundir los síntomas de la DCC con cambios de conducta normales relacionados con la edad del perro – un probable factor que explica porque la DCC tiene muy bajo diagnóstico (Hamnilrat et al., 2015). A pesar de que existe una variedad de técnicas efectivas y listas para diagnosticar esta condición, muchos propietarios de perros que muestran conductas consistentes con la DCC, no creen que su perro tenga un problema de funciones cognitivas, y hasta uno de cada siete casos no es diagnosticado por un veterinario (Salvin et al., 2010).

Lo que complica aún más las cosas es el hecho de que ciertos síntomas conductuales asociados a la DCC son similares a los síntomas de otros problemas médicos, por lo tanto, la DCC debe ser identificada por medio de un diagnóstico diferencial.

Identificando individuos en riesgo

El principal factor relacionado con la posibilidad de desarrollar DCC es la edad, con la probabilidad que tanto la prevalencia como la severidad de los síntomas aumenten a medida que el perro envejezca (Katina et al., 2016). A pesar de que no he encontrado información definitiva sobre la edad típica donde se inician los síntomas de la DDC, la mayoría de los estudios que he revisado examinan perros de 8 años en adelante.

Hay evidencia en conflicto sobre si el sexo, estado reproductivo y tamaño del cuerpo están asociados con la prevalencia de la disminución cognitiva. Un estudio mostró diferencias significativas entre machos y hembras, esterilizados y no esterilizados, razas pequeñas y grandes, pero toda la información recolectada se basa en encuestas realizadas a los propietarios que no incluyen evaluaciones clínicas de los síntomas conductuales del perro (Askona et al., 2009). Dos estudios que se han basado en observación clínica, además de la información conductual entregada por el dueño, han encontrado que el sexo, peso y el estado reproductivo no están significativamente correlacionados con deficiencias cognitivas (Fast et al., 2013; Katina et al., 2016).

Factores en la dieta, así como niveles de actividad física y cognitiva, aparecen correlacionadas con una cognición saludable a largo plazo (Cory, 2013; Pop et al., 2010).  Un estudio con perros mayores de distintas  edades examinó la relación entre nutrición y salud cognitiva, y encontraron que perros que consumían una dieta controlada (clasificada como comida comercial de calidad, seca o húmeda, hecha para una raza específica, edad o etapa vital) tenían 2.8 veces menos probabilidades de desarrollar DCC frente a perros sin una dieta controlada (clasificada como comida hecha de restos y una variedad de distintas comidas, incluyendo comida comercial de baja calidad) (Katina et al., 2016).

Adicionalmente a los factores internos como la edad, dieta, ejercicio y actividad cognitiva, el ambiente externo de un perro también puede ponerlo en riesgo a desarrollar una DCC. Cory (2013) apunta a evidencia donde perros salvajes que viven en lugares con alta contaminación atmosférica muestran un incremento en el estrés oxidativo y aumento en los niveles de β-amiloide a edades tempranas. La exposición a contaminación acústica y vivir en un ambiente empobrecido con pocas novedades o enriquecimiento cognitivo también pueden estar correlacionados con deficiencias cognitivas.

Basado en la información anterior, parece razonable que los veterinarios comiencen a monitorear activamente a sus pacientes caninos por signos de DCC a los 8 años. Particular atención debe haber en aquellos perros que están en una pobre condición física (probable indicador de una dieta de mala calidad y/o falta de ejercicio), y aquellos perros que residan en áreas con mayores niveles de contaminación acústica y atmosférica.

Herramientas diagnósticas basadas en la conducta

Cuestionarios respondidos por los propietarios son un primer paso importante para identificar a perros con DCC. Muchos cuestionarios han mostrado ser herramientas de diagnóstico efectivas y confiables; algunos de ellos son para perros con múltiples síntomas y/o síntomas moderados a severos de DCC, y otros son para deficiencias leves a moderadas (Schutt et al., 2015).

La Escala de Valoración de la Disfunción Cognitiva Canina -CCDR en inglés- (Salvin, 2011) fue creada usando 27 indicadores conductuales de la DCC validados previamente (Salvin, 2010) y abarca 13 ítems conductuales, tres de los que están relacionados con determinar la severidad de la condición. A pesar de la exclusión de preguntas sobre ansiedad y cambios en el ciclo de sueño – dos de los cuatro signos clínicos más reportados de la DCC – la CCDR mostro un 98,9% de precisión diagnóstica, haciéndola una herramienta de monitoreo valiosa y conveniente que los propietarios pueden completar en sus casas, o los consultores de conducta pueden dar a sus clientes. La CCDR está disponible en línea como PDF aquí.

Herramientas diagnósticas neurológicas y bioquímicas

La Disfunción Cognitiva Canina comparte síntomas similares con otras enfermedades médicas y funcionales, por lo que los veterinarios tendrán que realizar a menudo una variedad de pruebas, incluyendo muestras de sangre, perfiles tiroideos, análisis de orina y más para descartar otras condiciones y lograr un diagnóstico diferencial de la DCC (Schutt et al., 2015). Existe disponibilidad de pruebas específicas para realizar un diagnóstico definitivo de la DCC, pero son limitados, de alto costo y, a menudo, invasivos para el animal.

La Imagen por Resonancia Magnética (IRM) es una herramienta de diagnóstico efectiva que puede rápidamente identificar si un perro tiene DCC, además de descartar la presencia de otras enfermedades (Pugliese et al., 2010). Un cerebro afectado por DCC mostrará atrofia cortical visible, específicamente en el lóbulo temporal medial, la corteza entorrinal y el hipocampo (Cory, 2013). Siendo efectiva, la IRM a menudo es prácticamente inalcanzable para propietarios, por su alto costo, además de ser riesgosa para perros mayores, ya que necesita ser realizada bajo anestesia general (Pugliese et al., 2010).

Las pruebas de Potencial Evocado Visual (PEV) que evalúan la vía del nervio óptico, se usan para el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer, pero son menos usadas como herramienta de diagnóstico neurológico de la DCC. Sin embargo, los PEV han mostrado capacidad para confirmar la presencia o ausencia de atrofia cerebral, siendo una potencial y menos costosa alternativa frente a la IRM. Un estudio realizado a 28 perros de raza Pomerania mostró que los PEV no eran significativamente diferentes en perros “normales” de todas las edades; patrones en los PEV indicaron atrofia cortical en ocho de diez perros con sintomatología de DCC; y especialmente prometedor es que los patrones en los PEV de los restantes dos perros con sintomatología de DCC eran diferentes a los de todos los otros grupos, y pruebas de diagnóstico posteriores confirmaron que estos dos perros tenían tumores cerebrales (Hamnilrat, 2015).

Tratamiento de la Disfunción Cognitiva Canina

Los tratamientos para la DCC se pueden dividir en tres categorías: Dieta especial y suplementos dietéticos; enriquecimiento ambiental y conductual; e intervención farmacológica. Generalmente, perros con DCC muestran una mayor sensibilidad al cambio, tienen mayores dificultades para sobrellevar estresores de la vida cotidiana y muestran un deterioro en la habilidad para adaptarse a situaciones inesperadas (Fast et al., 2013). Por esta razón, es importante que los propietarios entiendan que, además de los tratamientos que serán discutidos más adelante, cualquier cambio en el ambiente o en la rutina debe ser introducido de forma gradual, siempre que esto sea posible. Hasta la implementación de nuevas actividades de enriquecimiento diseñadas para mejorar las funciones cognitivas pueden ser estresantes, si son introducidas muy rápidamente (Cory, 2013; Landsberg, 2005).

Mejoras en la dieta

Intervenciones en la dieta para la DCC involucran la inclusión de ingredientes que apuntan a los radicales libres, reducir la inflamación, proteger la salud celular, mejorar la señalización en el cerebro, mejorar metabolismo, atacar β-amiloide, o en menor medida, trabajar en el aumento de cuerpos cetónicos en la sangre para mejorar la funcionalidad cerebral (Heath et al., 2007; Fahenstock et al., 2012; Landsberg et al., 2005; Pan, 2011; Pop et al, 2010).

Se ha propuesto que una dieta apropiada durante toda la vida del perro puede prevenir o desacelerar las deficiencias cognitivas que se presentan en la vejez (Katina et al., 2016). Las investigaciones también muestran que una dieta específicamente formulada puede mejorar las funciones cognitivas una vez que se hayan presentado deficiencias. La eficacia de Hill´s Pet Nutrition Prescription diet® Canine b/d, una dieta específicamente formulada para mejorar las funciones cognitivas, disponible a través de veterinarios para el tratamiento de la DCC, fue evaluada con pruebas clínicas durante dos años (Milgram et al., 2005). En comparación con las mediciones iniciales, los perros mostraron un desempeño significativamente mejor en pruebas cognitivas, después de dos a ocho semanas con esta dieta. La dieta especializada afirma reducir la producción y los efectos tóxicos de los radicales libres, proteger la salud celular, reducir la inflamación por medio de la incorporación de una variedad de antioxidantes, suplementos de vitamina E y C, y un incremento en la cantidad de ácidos grasos Omega-3 (Milgram et al., 2005).

Dos suplementos alimenticios, Aktivait® y Senilife®, se unieron a Hills b/d como una opción clínicamente probada para el tratamiento dietético contra la DCC; Aktivait trabaja para mejorar la calidad de vida por medio del aumento de la interacción social y la disminución de conductas repetitivas, mientras que Senilife trabaja en mejorar la memoria y las habilidades de aprendizaje en perros que muestran síntomas leves de DCC (Cory, 2013). En un estudio de perros mayores mostrando signos de DCC, luego de 42 días de tratamiento con Aktivait, el grupo experimental mostró mejoras significativas en interacción social, pasó significativamente más tiempo despierto durante el día, experimentó significativamente menos episodios de falta de reconocimiento y mostró mejoras significativas en episodios de eliminación dentro de la casa, en comparación con el grupo de control (Heath et al., 2007). Usado principalmente en el Reino Unido, los ingredientes de Aktivait incluyen DHA, vitamina C y E, L-carnitina, coQ10, selenio y más (VetPlus, 2016). Un estudio más pequeño con perros de más de 7 años mostró que Senilife mejoró significativamente síntomas de DCC como la desorientación, discapacidades de interacción social y ambiental, ciclos de sueño interrumpidos, eliminaciones dentro de la casa y cambios generales en el nivel de actividad, aunque debe tenerse en cuenta que los perros en el estudio mostraron síntomas relativamente leves de DCC (Osella et al., 2007). Con mayor prevalencia en Norteamérica, los ingredientes de Senilife incluyen fosfatidilserina, piridoxina, y d-alfa-tocoferol (Ceva Animal Health, 2015).

Varios estudios han profundizado cómo estos suplementos dietéticos, particularmente aquellos ricos en antioxidantes, promueven la salud cognitiva. Fahnestock et al. (2007) mostró que una dieta rica en antioxidantes aumenta los niveles de factor neurotrófico derivado del cerebro (FNDC), una proteína que promueve la plasticidad neuronal influenciando el crecimiento y mantenimiento de las neuronas en el cerebro y la médula espinal. Los niveles de FNDC están inversamente correlacionados con los niveles de β-amiloide. Snigdha et al. (2011) observaron que la activación de caspasa y la acumulación de ceramida en la corteza frontal jugaban un notable rol en el estrés oxidativo causado por radicales libres y también en la producción de β-amiloide. Encontraron que, al ser combinada con enriquecimiento conductual, la dieta enriquecida con antioxidantes reducía significativamente los niveles de caspasa y ceramida.

Mientras que los antioxidantes han probado ser un componente poderoso en la mejora de la salud mental de perros con DCC, existen ciertas limitaciones: Hay investigaciones que muestran que los antioxidantes pueden no ser efectivos en el aumento de neurogénesis en el cerebro (Pan, 2011). Sin embargo, los triglicéridos de cadena media (TCM), han probado ser exitosos en la mejora de la función cerebral de humanos con Alzheimer por medio del aumento de los niveles de cuerpos cetónicos en la sangre, que actúan como fuente de energía para el cerebro (Pan, 2011). Un estudio en Beagles mayores con funciones cognitivas normales testeó los efectos de una dieta mejorada con TCM durante 240 días, en comparación con un grupo control, y encontró que los perros con dieta de TCM mostraron mejoras significativas en sus capacidades cognitivas relacionadas con la atención, memoria, aprendizaje espacial y funciones ejecutivas. Las mejoras cognitivas fueron observables 15 a 30 días después del inicio del tratamiento (Pan, 2011). Los TCM no son actualmente un componente común en los tratamientos dietéticos para la DCC, pero su uso amerita mayor investigación, especialmente si se considera que las fuentes digestibles de los TCM, como el aceite de coco, ya se encuentran disponibles para la mayoría de los propietarios.

Hay varias otras hierbas, extractos y nutracéuticos tales como el Dog Appeasing Pheromone (DAP®), la melatonina, y la raíz de valeriana que pretenden aumentar la calma y reducir la ansiedad general, sin embargo, no existen publicaciones que muestren la eficacia de estos productos en la mejora de síntomas relacionados con la disminución cognitiva (Landsberg, 2005).

Enriquecimiento conductual

Una gran cantidad de estudios confirma que la entrega de oportunidades de enriquecimiento cognitivo y ambiental puede tanto prevenir (o retrasar) como mejorar los síntomas del deterioro cognitivo (Cory, 2013; Cotman & Head, 2008; Fahnestock et al., 2012; Landsberg, 2005; Pop et al., 2010; Snigdha et al., 2011). Un estudio longitudinal de dos años, con perros mayores, mostró que un grupo control sin recibir enriquecimiento ambiental mostró un dramático y significativo deterioro cognitivo en comparación con el grupo que fue enriquecido (Landsberg, 2005).

El enriquecimiento conductual puede incluir:

  • Estimulación cognitiva a través de puzles de comida, juguetes novedosos, entrenamiento y práctica de conductas simples, y trabajo en tareas cognitivas más complejas, como la discriminación y el entrenamiento de conceptos.
  • Enriquecimiento social a través del acceso y la interacción positiva con amigos caninos y humanos específicos.
  • Ejercicio físico por medio de caminatas con correa o tiempo de juego libre (Landsberg, 2005; Pop et al., 2010).

Con todos los tratamientos de enriquecimiento es importante entregar suficiente variedad para que la actividad sea en efecto enriquecedora, pero manteniendo la cantidad de cambio y novedad a un nivel apropiado para el manejo, dependiendo del nivel de deficiencia cognitiva que pueda tener el perro. El enriquecimiento conductual es importante, no sólo por los beneficios asociados con las funciones cognitivas, sino también para ayudar al perro a mantener o retomar un ciclo de sueño normal, entregando mayor estimulación durante el día, para que el perro pueda dormir en la noche (Landsberg, 2005).

Es de importancia crítica notar que, en casi todos los estudios que examinan tanto la mejora dietética como el enriquecimiento conductual, ocurría un efecto adicional significativo y marcado en las funciones cognitivas, cuando ambos tipos de tratamientos eran usados en conjuntos (Cotman & Head, 2008; Fahnestock et al., 2012; Milgram et al., 2005; Pop et al., 2010; Snigdha et al., 2011), en comparación con el uso de solo uno de ellos.

Intervenciones Farmacológicas

La selegilina es la única droga específicamente aprobada para el tratamiento de la DCC (Landsberg, 2005). Se trata de un inhibidor selectivo e irreversible de la monoaminooxidasa B (MAO-B) y funciona para mejorar los niveles de dopamina y serotonina en el cerebro, además de entregar protección neuronal y reducir la producción de radicales libres (Head et al., 1996; Landsberg, 2005). Algunos estudios han mostrado que la administración de selegilina puede tener un efecto bien variable, dependiendo de su dosificación y del individuo, resultando solo cambios mínimos o moderados entre los participantes del estudio (Head et al., 1996; Studzinski et al., 2005); otros mostraron una significativa mejora en la conducta de perros mayores que muestran síntomas de DCC, y los efectos más notables se ven luego de 30 días de tratamiento (Campbell et al., 2001; Ruehl et al., 1995). La discrepancia entre los resultados encontrados parece tener origen en los distintos énfasis que se hacen entre los estudios: Aquellos estudios que reportan una alta variabilidad en los resultados y efectividad mínima, estaban focalizados en medir la memoria y las habilidades de aprendizaje; mientras que los estudios que confirmaron la efectividad del medicamento mostraron mejoras en los ciclos de sueño y en la desorientación.

Existe alguna evidencia de que la regulación intracelular del calcio puede contribuir a los cambios estructurales – y, por lo tanto, en la conducta – relacionados con la DCC. Un estudio en Beagles mayores con una cognición sana que examina el uso de apoaequorina, una proteína que une calcio que se encuentra en las medusas, , mostró un mejor desempeño en tareas de atención y aprendizaje por discriminación de los perros que tomaban apoaequorina, en comparación con aquellos que tomaban selegilina (Milgram et al., 2015). Estos hallazgos apoyan mi hipótesis de que la selegilina puede no ser altamente efectiva en la mejora de habilidades de aprendizaje, pero sí puede proveer alivio a perros afectados con DCC mejorando sus patrones de sueño y reduciendo su desorientación.

Los medicamentos antiinflamatorios, ansiolíticos y antidepresivos pueden jugar un rol primario o de apoyo en el tratamiento al ayudar a reducir la ansiedad que frecuentemente acompaña la DCC (Cotman & Head, 2008; Landsberg, 2005).

Conclusión

La Disfunción Cognitiva Canina es una condición progresiva, neurodegenerativa y relacionada con la edad que presenta una seria preocupación por el bienestar de nuestros perros de compañía mayores. Interrupciones en el ciclo de sueño, sensación de desorientación, aumento en la ansiedad y la imposibilidad de reconocer a los queridos miembros familiares son algunos de los síntomas conductuales asociadas a la DCC y que nos rompen el corazón (Cory, 2013). A pesar de que esta enfermedad no puede ser curada, su progreso puede ser demorado y la calidad de vida del perro puede mejorar. Más puede hacerse si se diagnostica temprano, por lo que debemos esforzarnos a mejorar la educación para generar más conciencia sobre esta condición.

Adicionalmente a un determinado tratamiento conductual, farmacológico o dietético, es importante proveer a los perros con DCC de una rutina predecible y un ambiente de bajo estrés, debido a sus reducidas capacidades de enfrentamiento y un frecuente aumento en la ansiedad (Cory, 2013; Landsberg, 2005).

Mientras la DCC no parece afectar la esperanza de vida, sí se presenta como un serio riesgo a la calidad de vida, tanto del perro afectado, como la de sus propietarios. Desde mi investigación, he identificado tres aéreas importantes que merecen atención adicional en temas relacionados a la investigación y aplicaciones prácticas de la DCC, ya que tienen el potencial de impactar significativa y positivamente la calidad de vida tanto de los perros mayores como de sus propietarios:

  1. Aumento en la tasa de diagnóstico.
  2. Realizar más investigación en aproximaciones a tratamientos de vanguardia, que consideren líneas de investigación para el tratamiento del Alzheimer en humanos, y examinar la eficacia de múltiples tipos de tratamientos usados en conjunto.
  3. Realizar investigaciones y entregar recursos a propietarios cuyo bienestar personal se ve afectado por el cuidado de un perro con DCC.

El aumento en la tasa de diagnóstico del DCC es imperativo para mejorar el bienestar de aquellos perros que pasan sin ser diagnosticado, por dos razones. Por un lado, si un perro no es diagnosticado, no recibirá un tratamiento ni un manejo para mejorar sus funciones cognitivas, bajar sus niveles de ansiedad y retrasar la tasa de su deterioro cognitivo. Por otro lado, los propietarios pueden mal interpretar ciertos síntomas de la DCC como una mala conducta general – especialmente en casos de interacciones sociales inapropiadas, eliminación dentro de la casa, comportamiento destructivo – y, por lo tanto, empezar a castigar al perro por conductas que el animal no puede controlar. La educación es crítica para mejorar las tasas de diagnóstico de la DCC; He sugerido que los veterinarios incorporen “chequeos cognitivos senior” estandarizados en la examinación de perros desde los 8 años en adelante. Además, información sobre la identificación de signos de DCC debe ser difundida por medio de clínicas veterinarias, Kennel clubs, grupos de rescate y refugios, y en redes sociales relacionadas con perros.

Las nuevas líneas de investigación que exploran tratamientos conductuales, farmacológicos y dietéticos, se espera que puedan resultar en nuevas y más efectivas opciones de tratamiento para la DCC. El enfoque de Milgram et al. (2015) en la regulación de calcio intracelular y el enfoque de Pan (2011) en el uso de dietas de triglicéridos de cadena media para promover la neurogénesis cerebral en perros mayores, deben ser valoradas por su investigación, en opciones previamente inexploradas en la mejora de la salud cognitiva en el envejecimiento de cerebros caninos.

Los investigadores ya han documentado los beneficios adicionales de la combinación de mejoras en la dieta junto con el enriquecimiento conductual en el tratamiento de la DCC. Investigación adicional que explore la efectividad en la combinación de múltiples tipos de tratamientos – incluyendo intervenciones farmacológicas – pueden ser un invaluable soporte para que los veterinarios desarrollen planes de tratamiento óptimos y ejemplares para la DCC.

Un diagnóstico de Disfunción Cognitiva Canina puede poner a prueba y dificultar la relación del propietario con su perro. El estrés de ver a un querido compañero perder sus facultades cognitivas, abandonar potencialmente actividades y atenciones previamente disfrutadas, y la muestra de conductas preocupantes y disruptivas, pueden ser perturbadores en sí mismos; pero vivir con un perro con DCC también puede impactar otras áreas de la vida del propietario. Alteraciones en el ciclo del sueño, potencialmente acompañadas de vocalizaciones y movimientos repetitivos, pueden afectar la calidad y cantidad de sueño del propietario, un aumento en el deseo de contacto y una disminución para adaptarse a los cambios y la separación pueden restringir las posibilidades del dueño de viajar o su flexibilidad en el trabajo y actividades sociales. Ciertamente, el rol de la persona que cuida a un perro con DCC merece atención tanto en la investigación como en aplicaciones prácticas para su apoyo. La formación de cursos grupales de entrenamiento especial para perros con discapacidades cognitivas, que ofrezcan un enriquecimiento conductual apropiado para esta edad, puede ser beneficioso no solo para el perro, sino también puede ser una fuente de comunidad y soporte para el propietario.

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Traducido por Eugenio Achondo, IAABC Español