La Ansiedad por Separación (AS) y los Comportamientos Relacionados con la Separación (CRS) son preocupaciones significativas en el bienestar de perros de compañía (Cannas et al., 2014; Lund & Jorgensen, 1999). La AS ha mostrado estar asociada con estados afectivos negativos (Scaglia et al., 2013), incremento en niveles de cortisol (Shin & Shin, 2016), aumento en comportamientos relacionados con ansiedad (Palestrini, 2010; Karagiannis et al., 2015) como la salivación, eliminación en lugares inapropiados, hiperventilación, cambios en el apetito, diarrea, vómitos, caminar de un lado a otro sin cesar, comportamientos repetitivos (Takeuchi, 2000) y puede llegar a causar conductas de automutilación  (Overall, 2000). Así, cuando cae en un espectro de severidad, la AS puede causar un pobre bienestar en las tres áreas: salud, comportamiento y estado psicológico/afectivo del perro.

Además, la AS no es un fenómeno poco usual. En efecto, puede ser bastante común, llegando a estar entre el 20 y 40% de las consultas de comportamiento (Borchelt & Voith, 1982; Flannigan & Dodman, 2001) y presente hasta en un 30% de perros adoptados de un refugio. Debido a la potencial gravedad del impacto al bienestar de los perros y el impacto que este comportamiento puede tener en sus dueños (quejas sobre ruido, destrucción de muebles, marcos de puertas y ventanas, eliminación inadecuada, etc.), no es sorprendente que los CRS contribuyan a la entrega de perros a refugios, llegando, según estimaciones, hasta el 30% (Diesel et al., 2010; New et al., 1999).

Mi propósito en este artículo es revisar la literatura actual sobre la ansiedad por separación, poniendo el foco en la efectividad de las técnicas de modificación de conducta. Es mi esperanza que un mayor entendimiento de lo que las investigaciones dicen sobre las causas de la AS y sobre las mejores formas de abordar el problema – y entender dónde se encuentran brechas en la literatura – puedan ayudar a los consultores de conducta a desarrollar intervenciones más focalizadas y sentirse más confiados en el manejo de una temática que tiene una particular carga emocional en los clientes.

¿Qué es la ansiedad por separación?

Overall (2000) define la ansiedad por separación como “una condición que se manifiesta como angustia extrema cuando el perro es separado de su(s) dueño(s). La presencia de otros animales en la casa no alivia esta angustia. La condición es variable en su activación y presentación.” King et al. (2000) lo definen de esta forma: “La AS está caracterizada por signos de destructividad, eliminación inapropiada (defecar, orinar) y vocalización cuando un perro afectado es dejado solo o es separado de su figura de apego, usualmente de su dueño”. Flannigan and Dodman (2001) definieron la AS como “angustia severa cuando un individuo es distanciado de los miembros de su grupo, pero en terminología de comportamiento canino, este término está más restringido a perros que se trastornan cuando son separados de sus dueños”. Appleby & Pluijmakers (2004) lo describieron como “un comportamiento problemático motivado por la ansiedad que se presenta exclusivamente en la ausencia o ausencia virtual del dueño.”

En otras palabras, es generalmente aceptado que la AS es activada por la separación de la figura de apego (dueño) o cuando el perro es dejado solo, y los comportamientos asociados con la ansiedad por separación son destructividad, eliminación inapropiada y vocalización, así también la angustia afectiva y psicológica.

Mientras la definición de AS puede parecer simple, la realidad de diagnosticar es más compleja. Esto puesto que las conductas ya mencionados pueden no ser causadas por ansiedad (Turner, 1997). Por ejemplo, la eliminación inapropiada puede ser causada por un perro que no ha sido educado debidamente, un perro que no ha recibido una cantidad apropiada de estimulación física y mental puede ponerse destructivo, o un perro con falta de control de impulso o escaso entrenamiento básico puede vocalizar de forma excesiva.

Adicionalmente, Lund y Jorgensen (1999) sugieren que la ansiedad por separación es a veces causada por frustración y arousal (estado de excitación), y no siempre está relacionada con miedo o ansiedad. Para los propósitos de este artículo, se asumirá que estamos tratando específicamente con perros que muestran los comportamientos anteriormente descritos debido a una experiencia de ansiedad relacionada con la separación del dueño o su partida. Sin embargo, la propuesta de Lung & Jorgensen’s (1999) debería ser explorada con mayor alcance, así como el trabajo de Appleby and Pluijmakers (2004), quienes proponen tres causas diferentes (apego excesivo al propietario, cambio del grupo social o del ambiente, o recientes eventos fóbicos o experiencias nocivas.). Tener un mejor entendimiento de las diferentes causas de la separación por ansiedad puede resultar en un diagnóstico y tratamiento más efectivo. En la sección de investigación recomendada que se encuentra más abajo, discuto una posible aproximación para examinar la frustración versus vocalización relacionada con miedo.

Causas y factores predictores (Etiología).

Sexo y esterilización

Flannigan and Dodman (2001) revisaron a 400 casos de consultas de comportamiento y estudios similares en forma retroactiva, y llegaron a la conclusión que el 60% de perros presentados por CRS eran machos (King et al., 2000; Podberscek et al., 1999; Storengen et al., 2014; Takeuchi, 2001). La razón de esta distribución desigual entre sexos es desconocida y es importante destacar que algunos autores (Lund et al., 1996) encontraron que la división entre perros machos y hembras era más pareja. La esterilización no se ha mostrado como contribuyente a CRS (Flannigan & Dodman, 2001; Takeuchi, 2001), pero esta correlación si ha encontrado mayor fuerza en un estudio reciente (Storengen et al., 2014).

Raza

Parece ser que existe evidencia que apunta a que perros de razas mestizas son más propensas a manifestar CRS que aquellos de raza pura (McCrave, 1991; Storengen, 2014; Takeuchi et al., 2001; Voith, 1994), sin embargo, Voith (1993) encontró que razas puras son más propensas a presentar síntomas de AS que las razas mestizas. No obstante, es difícil saber si perros mestizos son más propensos a terminar en refugios que los de razas puras, y por lo tanto, cambian de hogar con mayor probabilidad, lo que se sospecha puede ser una de las potenciales causas de la AS (Borchelt & Voith, 1982).

Genética

Recientemente, factores genéticos también han sido investigados. Zapata et al. (2016) descubrieron que las conocidas IGF1 y HMGA2 loci variantes para tamaño pequeño de cuerpo están asociados con la ansiedad por separación. Mientras ésta es un área extremadamente nueva de investigación, tiene el potencial de proveer mucha información sobre las potenciales causas de la AS.

Otros problemas conductuales

La comorbilidad de la AS con miedo es frecuentemente discutida, y algunos autores reportan que el 30-50% de los perros con problemas de AS también tienen fobias al ruido o a las tormentas (Flannigan & Dodman, 2001; Storengen et al., 2014). Sin embargo, otros autores han encontrado una asociación negativa (Herron et al., 2014; McCrave, 1991). Ogata (2016) discutió estos reportes que mostraban resultados dispares e indicó que una evaluación más sistemática de esta comorbilidad era necesaria, ya que los reportes anteriores se han basado principalmente en cuestionarios realizados a los dueños, cuya exactitud es dudosa.

Personalidad del dueño y el perro

Las personalidades del propietario y del perro también han sido investigadas, revisando el Modelo de los cinco grandes (The Big Five) rasgos de personalidad en humanos como evaluando las personalidades de los perros (Konok et al., 2015). Los dueños que tenían un alto puntaje en evitación del apego eran más propensos a que su perro sufriera de CRS. Adicionalmente, los perros que tenían un alto puntaje en la escala de neurosis eran más propensos a desarrollar CRS. Se asume que los dueños que evitan el apego responden con menor frecuencia a las necesidades de su perro, lo que puede producir un vínculo inseguro. Sin embargo, se requiere mayor investigación en esta área para obtener conclusiones más robustas.

Estilo de apego del perro

El apego excesivo al dueño ha sido propuesto por muchos autores como un componente critico de la separación por ansiedad. Flannigan and Dodman (2001), McCrave (1991) and Appleby and Pluijmakers (2004) argumentaron que éste era un factor que al menos se presentaba en algunos de los casos de AS. Sin embargo, Parthasarathy y Crowell-Davis (2006) crearon un experimento para probar este supuesto, tanto en laboratorio como en un ambiente de hogar, y encontraron que comportamientos de hiperapego no eran más frecuentes en perros con AS que en un grupo de control de perros sin AS.

Cantidad de entrenamiento de obediencia

Hay resultados dispares en cuanto a cómo el entrenamiento de obediencia está relacionado con la AS. Voith (1992) and Takeuchi et al. (2001) no encontraron ninguna asociación entre la AS y el entrenamiento por obediencia. Sin embargo, Takeuchi et al., observó que los perros con AS eran menos obedientes a la orden del dueño de “echarse” y, en general, eran entrenados con menor frecuencia. Flannigan and Dodman (2001) encontraron que perros con AS tenían menos entrenamiento por obediencia en comparación con el grupo de control constituido por perros agresivos, pero la constitución del grupo de control puede ser un factor que se preste para confusión. Clark & Boyer (1993) llegaron a la conclusión que los propietarios que realizaban entrenamientos de obediencia con sus perros tenían significativamente menos perros con CRS.

Lugar donde el perro fue adquirido

El origen del perro puede estar relacionado con CRS (al menos en cuanto a la resistencia al tratamiento). Takeuchi (2000) encontró que perros con AS obtenidos de refugios tenían menor probabilidad de responder al tratamiento frente a perros que venían de un criadero, una tienda de mascotas o de un amigo. Los resultados de McCrave (1991) y Serpel (1995) concuerdan con este resultado. Flannigan and Dodman (2001) no confirmaron una relación tan fuerte como la indicada en los estudios previamente mencionados, y afirman que solo un estudio (Voith, 1994) investigó directamente el cambio de hogar como un factor en la AS, pero que no obtuvo resultados significativos.

Lugar donde vive la familia

Las características del lugar donde vive el perro también han sido investigadon. Takeuchi et al. (2001) descubrieron que los perros que vienen en departamentos/espacios urbanos son significativamente más propensos a mostrar AS. Sin embargo, no está claro si esto se debe a una mayor prevalencia o simplemente se trata de una mayor cantidad de reportes, dado que este comportamiento puede impactar a vecinos u otros en la comunidad (vocalización). Flannigan and Dodman (2001) también encontraron una asociación significativa con hogares en los que vive solo una persona. No obstante, este tema requiere aún de mayores fuentes.

Factores no asociados a la AS

La edad del animal al momento de ser referido a un consultor de conducta para su tratamiento (Flanigan & Dodman, 2001; Voith 1994), una tenencia muy permisiva (Flannigan & Dodman, 2001; McCrave, 1991), y la presencia de otro perro en el hogar (Flannigan & Dodman, 2001; McBride, 1995; Voith, 1994), son aspectos que, por lo general, no han sido asociados a la AS.

Nuestra revisión concuerda con los descubrimientos de Ogata (2016), quien establece que queda mucho trabajo por hacer en cuanto a la etiología de la AS. Los reportes están mayormente basados en cuestionarios a los propietarios, lo que crea conflictos entre los resultados encontrados.  Un enfoque más sistemático, que involucre observaciones directas y el uso de grabaciones de video, pueden ser necesarias para mejorar el conocimiento en esta área. Es muy posible además que perros con variadas motivaciones estén siendo categorizados como afectados por una AS, por su parecido a CRS, cuando quizás existan categorías mejores y más específicas.

Tratamiento de ansiedad por separación: Medicina del comportamiento

Cuando un perro es diagnosticado con o se asume que está padeciendo de AS, el tratamiento se divide en dos categorías generales: intervención farmacológica y modificación conductual. Mientras el foco de esta revisión está en las técnicas de modificación de conducta, es importante revisar la literatura sobre la efectividad de la medicación antes de discutir sobre los fármacos de comportamientos, ya que en general, ambas estrategias son utilizadas en conjunto.

A finales de los años 90, el uso de ISRS (Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), como la fluoxetina o un antidepresivo tricíclico como la clomipramina, han sido investigados como intervención farmacológica en el tratamiento de la AS. La mayoría de las investigaciones entregan evidencia sólida de la efectividad de estos medicamentos como alivio de los síntomas de la AS cuando son administrados en conjunto con una modificación de conducta.

Muchos estudios se han realizado con la clomipramina (Cannas et al., 2014; King et al., 2000, 2004; Poderberscek et al., 1999); y prácticamente todos han demostrado que la clomipramina es efectiva junto con el uso de una modificación de conducta. Sin embargo, Poderberscek et al. (1999) encontraron que la clomipramina en combinación con la modificación conductual no era más efectiva que esta última junto con un placebo. No obstante, estudios recientes (Cannes et al., 2014, King et al., 2000, 2004) han demostrado la efectividad de esta droga junto con la modificación conductual. Poderberscek et al. (1999) establece que su estudio reafirma la importancia de la modificación de conducta en el tratamiento de la AS.

De forma similar, la fluoxetina ha sido investigada como un medicamento efectivo reduciendo significativamente los CRS cuando es usada en conjunto con la modificación conductual (Ibanez & Anzole, 2009; Karagiannis et al., 2015; Simpson et al., 2007). Landsberg et al. (2008) investigaron la  efectividad de esta droga de forma aislada (sin modificación conductual). Mientras encontró que era efectiva, no lo es tanto como cuando se usaba en conjunto con la modificación conductual, tal como lo demostró el estudio de Simpson et al. (2007).

La modificación de conducta realizada en estos estudios no fue estandarizada, pero hubo temáticas similares, las que serán discutidas en la sección de modificación conductual que se abordará más abajo. Schwartz (2003) hipotetiza que la modificación de conducta enseña al perro a cómo responder para que en algún momento la medicación deje de utilizarse. Sin embargo, no existe investigación que apoye esta afirmación.

También es importante mencionar que existen medicamentos como la clonidina (Ogata & Dodman, 2011) y la trazodona (Gruen & Sherman, 2008) que han demostrado ser efectivos cuando son combinados con clomipramina o fluoxetina. Sin embargo, no hay claridad sobre cuán más efectivos son estos medicamentos.

Dada la clara evidencia que apoya el uso de fármacos en conjunto con la modificación de conducta, es necesario que los perros que presenten síntomas de AS sean derivados a un médico veterinario especializado en comportamiento (etólogo clínico) o médico veterinario general, si el tiempo de tratamiento es limitado (por ejemplo, si existe el riesgo de que un perro sea enviado a un refugio, debido al desalojo con motivo de la vocalización) o si existe una preocupación significativa por el bienestar del animal.

Tratamiento de ansiedad por separación: Modificación conductual

Tal como ha sido mencionado anteriormente, la modificación conductual es más efectiva cuando es usada en conjunto con fármacos, pero también se ha demostrado su efectividad como tratamiento por sí solo. No obstante, luego de revisar 14 artículos de investigación que pusieron a prueba diversos planes de tratamiento (Borchelt & Voith, 1982; Butler et al., 2011; Cannes et al., 2014; Cottam et al., 2008; Geurtsen et al., 2015; Ibanez & Anzole, 2009; Karagiannis, 2015; Kim et al., 2010; King et al., 2010, 2014; Poderscek et al., 1999; Shin & Shin, 2016; Simpson, 2007; Takeuchi, 2000), se entregaron 18 recomendaciones diferentes para la modificación de conducta. En orden de prevalencia estas fueron (en paréntesis la cantidad de menciones):

  • Eliminación de todo castigo (7).
  • Despedidas de baja intensidad (6).
  • Desensibilización progresiva (5).
  • Entrenamiento de relajación / permanencias (4).
  • Sentado para recibir premios como caricias, comida o acceso al exterior (4).
  • Contra condicionamiento (3).
  • Despedidas impredecibles (3).
  • Entrenamiento de autonomía (3).
  • Estimulación olfativa (3).
  • Ignorar al perro al llegar a casa (3).
  • Estimulación auditiva (2).
  • Incremento del ejercicio (2).
  • Collar con DAP (Feromona canina de apaciguamiento) (1).
  • Capa de compresión (1).
  • Videojuego interactivo para perros (1).
  • Capacitación en lenguaje corporal canino (1).
  • Eliminar reforzamiento de conductas de miedo (1).
  • Planificación de rutinas (1).

Takeuchi et al. (2000) notaron que cuando los dueños recibían más de 5 instrucciones, la efectividad del programa de tratamiento se veía significativamente disminuido. Por esta razón, es importante probar de forma sistemática las recomendaciones para la modificación conductual con el fin de que las instrucciones más efectivas sean las que se recomienden más. Adicionalmente, Takeuchi et al. (2000) y Ogata (2016) agregaron que los propietarios tienden a mostrar mayor disposición con las recomendaciones fáciles y de poco esfuerzo (evitación del castigo, uso de juguetes con comida, etc.), pero se muestran menos comprometidos con las recomendaciones más complejas como, por ejemplo, la desensibilización progresiva de despedidas o separaciones.

Tal como recién discutido, cuando revisamos la cantidad total de veces que se hizo una sugerencia para la modificación de conducta en exitosos programas de tratamiento, también es importante darse cuenta cuáles de estas técnicas son efectivas y fáciles de implementar al mismo tiempo. Al examinar los diez procedimientos recomendados favoritos, éstos pueden ser divididos entre los de alto y bajo esfuerzo.

Procedimientos de alto esfuerzo:

  • Entrenamiento de relajación/permanencia
  • Desensibilización progresiva
  • Despedidas impredecibles
  • Entrenamiento de autonomía

Procedimientos de bajo esfuerzo:

  • Despedidas de baja intensidad
  • Sentado para recibir premios
  • Contra condicionamiento
  • Estimulación olfativa
  • Ignorar al perro al llegar a casa

Como la literatura sugiere mantener las recomendaciones en cinco o menos instrucciones, los profesionales del comportamiento no deberían sumar más ejercicios sólo porque requieran menor esfuerzo. En base a la literatura, no podemos determinar cuál de estos procedimientos en la modificación de conducta es el más efectivo, porque usualmente son recomendados en conjunto. Futuras investigaciones deben examinar y probar sistemáticamente estas estratégicas, con el fin de poder recomendar los ejercicios más eficientes con la seguridad de no agobiar a los propietarios de perros.

Futuras investigaciones

Esta revisión identifica dos áreas de investigación que necesitan de mayor profundización. Primero, debido a la investigación altamente conflictiva en torno a los factores predictores y causas de la separación por ansiedad, puede que nuestros criterios para determinar la AS sean demasiado amplios, resultando en agrupar a muchos perros en una categoría a pesar de sus diferentes motivaciones subyacentes (Ogata, 2016). Tal como se mostró anteriormente, además de la ansiedad como el motivo de la conducta, Lung & Jorgensen (1999) proponen que la frustración puede también ser un motivador en algunos casos, y Appleby and Pluijmakers (2004) proponen tres diferentes causas de la AS: hiperapego al propietario, cambio del grupo social o del ambiente, o recientes eventos fóbicos o experiencias nocivas. Si sumamos a esto aquellos perros que tienen otras motivaciones como el aburrimiento, la falta de estimulación mental o física, escaso entrenamiento o control de impulsos, entonces estamos agrupando a demasiados perros con motivaciones diferentes que puedan requerir tratamientos completamente distintos.

Dos posibles formas científicas para poder aproximarnos sería o usar un programa computacional que nos ayude a discriminar entre las vocalizaciones caninas (Yin & McCowan, 2004) o usar expertos en comportamiento canino para llevar a cabo un ejercicio de perfilado de opción libre para entender si existen diferentes grupos de perros dentro de la clasificación de la AS (Walker et al., 2010). De ser así, ser capaces de separar estas distintas motivaciones y clasificaciones de perros con AS, puede ayudar con el diagnóstico y, probablemente, ofrecer opciones de tratamiento más eficientes, basados en una categorización más exacta.

Segundo, a pesar de que sabemos que la modificación de conducta es efectiva (ver arriba), no está claro qué componentes de ésta funcionan mejor. Nuevamente, cuando revisamos los 14 estudios que pusieron a prueba a tratamientos de forma exitosa, 18 diferentes recomendaciones fueron entregadas. Dado que los dueños tienden a ser considerablemente más exitosos si reciben solo 5 o menos instrucciones, es importante saber cuáles de estas intervenciones tienen el efecto deseado, dando mayor peso a las intervenciones de menor esfuerzo (Takeuchi et al., 2000). En particular, las instrucciones de bajo esfuerzo mayormente entregadas, tales como eliminar el castigo, despedirse con calma, sentado para recibir premios, contra condicionamiento, estimulación olfativa e ignorar al perro al regresar, deberían ser examinadas antes de las frecuentes recomendaciones de alto esfuerzo como lo son el entrenamiento de relajación/permanencias, la desensibilización progresiva, las despedidas impredecibles y el entrenamiento de autonomía.

Discusión

La separación por ansiedad es una preocupación seria, tanto por el bienestar de los perros de compañía (Cannas et al., 2014; Lund & Jorgensen, 1999) como por la alta ocurrencia de personas buscando ayuda en las consultas de comportamiento (Borchelt & Voith, 1982; Flannigan & Dodman, 2001). Mientras existe un número razonable de artículos de investigación en torno a la AS, sus resultados tienden a ser contradictorios (Ogata, 2016). En términos de factores predictivos y causas, la falta de consenso puede sugerir que existen muchos perros con diferentes motivaciones (ansiedad, frustración, aburrimiento, etc.)  que están siendo agrupados. Futuras investigaciones deberían revisar cómo los perros categorizados como afectados por la AS pueden diferir en cuanto a sus motivaciones. Dos posibles formas para examinar esto son usar un programa computacional que ya se ha usado en el pasado para discriminar vocalizaciones caninas (Yin & McCowan, 2004) o usar a expertos en comportamiento canino para llevar a cabo un ejercicio de perfilado de opción libre (Walker et al., 2010). Un buen punto de partida podría ser una prueba de ansiedad versus frustración. Idealmente, si fuese posible discriminar los distintos tipos de ladridos cuando el perro se encuentra solo, esto podría ser indicativo de distintas motivaciones, que podrían llevar a distintos tratamientos.

Los que sí sabemos es que la medicación conductual tal como la fluoxetina y la clomipramina combinada con la modificación de conducta pueden ser altamente efectivas en reducir y eliminar la AS. Sin embargo, lo que la investigación no deja en evidencia, es saber qué componentes de un plan de modificación conductual son los más eficientes. Sería beneficioso para la comunidad investigadora comenzar a testear sistemáticamente las más frecuentes recomendaciones de menor esfuerzo para determinar cuáles son efectivas. Solo cuando sepamos cuáles de ellas no funcionan como lo esperado, se deberían examinar las recomendaciones de alto esfuerzo (a no ser que se sospeche de que éstas últimas  tengan un buen porcentaje de éxito).

Finalmente, es importante para los profesionales del comportamiento estar conscientes de la alta efectividad de la combinación de la medicación conductual con la modificación de conducta como tratamiento de la AS. Aquellos casos con severa restricción de tiempo (dueño bajo amenaza de desalojo debido a los ladridos) o si hay una preocupación seria por el bienestar del perro (angustia severa o comportamiento de automutilación), deberían ser derivados a un médico veterinario especialista en comportamiento o etólogo clínico.  Sólo cuando no haya restricción de tiempo ni un impacto severo en el bienestar del perro, se debe considerar un tratamiento basado solamente en la modificación conductual. Cuando se recomienden estrategias de modificación de conducta, es importante recordar que la entrega de cinco o menos instrucciones de bajo esfuerzo probablemente aumente la cooperación de los propietarios y los resultados deseados.

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Brian Burton es cofundador de Instinct Dog Behavior & Training LLC en Nueva York, Nueva York. Ha trabajado con cientos de dueños y perros con problemas de agresividad, miedo y ansiedad. Su rol principal en Instinct es la Consultoría de Conducta. Actualmente Brian trabaja en su Master en Animal Behavior & Conservation en Hunter College. Brian creció con miedo a los perros, pero lo superó y encontró su pasión de toda la vida a través del trabajo voluntario en grupos de refugio y rescate de animales. Joey, su mestizo de Rat Terrier de 1 año, actualmente se encuentra en entrenamiento. El anterior Rat Terrier mestizo de Brian, llamado Sammy, CD, CGC, RAE2 finalizo como primero del ranking de los mestizos en los campeonatos de AKC Rally National Championships, en 2013 y 2014.

 

Traducción: Eugenio Achondo, Uli Grodeke