Hoy tuve la oportunidad de reflexionar sobre cómo nosotros, los dueños de perros guardianes de ganado (PGG), vemos la dominancia en nuestros perros. Antes de entrar en una profunda conversación sobre el entrenamiento, creo que debemos dar una mirada más de cerca de lo que es, y quizás más importante, de lo que no es la dominancia.

Lobos demostrando posturas clásicas de dominancia/subordinación

Lobos demostrando posturas clásicas de dominancia/subordinación

Aunque es poco recomendable obtener todos o gran parte de tus consejos para el manejo o entrenamiento de los mensajes en las redes sociales, éstos pueden ser útiles cuando uno desea conocer las diferentes maneras en que las personas manejan a sus perros. El otro lado de esto, por supuesto, es que para las personas que realmente están luchando con sus perros puede ser difícil obtener la perspectiva que necesitan, debido a la gran distancia que separa al asesor del que busca asesoramiento. Si hay algo que he aprendido de manera muy clara, es que los relatos sobre el comportamiento no son lo suficientemente confiables como para tomar decisiones firmes sobre sus motivaciones. En otras palabras, cuando alguien relata lo que está haciendo su perro o lo que está haciendo con su perro, los entrenadores experimentados saben cómo interpretar algo de lo dicho (o no dicho), pero es completamente diferente ver el comportamiento en persona. También es cierto que algunas personas siempre verán un problema de comportamiento como un clavo, porque todo lo que tienen para abordar el problema es un martillo, y que otros verán el problema con una mirada ética o moral preconcebida respecto de los perros, sin importar cuán impráctica o inapropiada esta mirada puede ser para la situación en cuestión.

Sin embargo, de lo que quiero hablar específicamente en este artículo, es cuan en cuenta debemos tener a la dominancia al tomar decisiones con respecto a nuestros PGG de trabajo. No debatiremos si existe la dominancia (sí, existe) o incluso si deberíamos reconocerla (sí, deberíamos, ya que puede ser exacerbada o malinterpretada, lo que podría llevar a complicaciones graves). Yo les estoy pidiendo que avancemos en este artículo en el entendimiento de que la dominancia existe, simple y llanamente.

¿Qué es la dominancia? Muchas personas usan la palabra “alfa” o se refieren a las técnicas de Cesar Millan cuando se les hace esta pregunta. Hablan de “alfa roll” o “body roll”, de usar la intimidación física en forma rutinaria y de nunca permitir que el perro esté por encima de uno en estatura, nunca permitirle poner su boca sobre uno, esencialmente fomentando un listado de métodos forzosos con el fin de asegurarse que el perro nunca obtenga el “mando” en la relación. No sé cómo lo ven ustedes, pero yo no me puedo imaginar que este tipo de enfoque pueda generar algo más que desconfianza tanto en los humanos como los perros, dada la complejidad y los matices que tiene nuestro comportamiento social colectivo. Enfocarse en los perros de esta manera es similar al énfasis excesivo en una sola conversación, en un solo tema dentro de una relación. Imagínese que usted quiere decirle a alguien que lo ama, o que usted tiene hambre, o incluso que tiene que ir al baño, pero la única respuesta es “¡Ubícate! ¡No seas dominante conmigo!”. Imagínese que quiere jugar o expresar que está inseguro acerca de una situación, pero todo lo que oye constantemente es “¡Deja de tratar de controlarme!”. No solo sería confuso y frustrante para usted, sino probablemente terminaría desconectándose tras aprender que nadie le está escuchando en esta relación particular. Si además, continuamente insisten en que se denigre ante ellos o que tolerare una manipulación brusca, puede que usted termine arremetiendo de vuelta o bloqueándose por completo. En esta relación, se sentiría la ausencia de seguridad, y podría argumentarse que la relación es abusiva o, como mínimo, negligente. Si no tenemos una comprensión práctica del papel que desempeña la dominación en nuestras relaciones, de cómo esta puede ser usada de manera adecuada y justa (como parece que instintivamente lo entendemos con nuestros semejantes, por ejemplo), seguiremos aplicándola mal, interpretándola mal, o simplemente negándonos a siquiera tener una conversación al respecto.

Vivir juntos exige un nivel aceptable de habilidades para un lenguaje social apropiado. Por ello, en la naturaleza, animales semejantes viven mayormente con animales semejantes. Ellos entienden cómo comunicarse entre sí, y esto les permite vivir en una paz suficiente para garantizar su supervivencia. Es la forma en que nosotros llegamos a vivir con los cánidos en primer lugar: logramos una comunicación lo suficientemente buena como para unirnos por un beneficio mutuo. Si hubiéramos tenido la dominancia como preocupación primordial, o si ellos la hubieran tenido como su única preocupación, ahora no tendríamos cientos de años de relación beneficiosa detrás de nosotros. Es así de simple. Los animales más preocupados por la dominancia entre especies viven principalmente solos (salvo cuando tienen crías), llevando vidas mucho más aisladas.

Los perros son, en su mayoría, socialmente muy flexibles. Los humanos generalmente también lo somos. Tanto perros como humanos, nos adaptamos bien a diferentes grupos, a pesar de nuestras inclinaciones personales. Los animales con jerarquías de dominancia muy estrictas no lo hacen tan bien; a menudo se considera a las aves como buenos ejemplos de seres que viven mejor en estructuras más rígidas, y es por esto que han sido el foco de mucha investigación sobre el tema de la dominancia. Socialmente están programadas a tener una conversación para determinar quién está a cargo en primer lugar. No toleran la debilidad, ni toleran a los usurpadores. Hay aquellos sumisos y se conforman con esto, y hay otros que constantemente desafían para obtener el control, o los que rápidamente perciben una oportunidad y la aprovechan. Las aves generalmente viven en un mundo “asesino” con una sólida escalera de control. Esto no quiere decir que no puedan vivir pacíficamente, pero en general son menos adaptables al cambio. El nivel de agresión demostrado y la capacidad de ser “fuertes” son más informativos para un eventual estatus final, que la masa corporal o el tamaño del pájaro. En otras palabras, es el tamaño de la pelea que da el ave y no el tamaño del ave que da la pelea lo que determina su rango en la escala social.

Los perros, en general, están mucho más dispuestos a dar y recibir que los pájaros: muchos perros suelen ofrecer posturas de sumisión a cualquier humano que encuentren en su camino. Hemos seleccionado este rasgo en muchos de nuestros perros de compañía y, de hecho, también en muchos de los perros con los que trabajamos. La selección para las rutinarias posturas de sumisión hacia sus guías es algo usual. El difamado Pit Bull es un buen ejemplo de esto: históricamente fue seleccionado para ser agresivo con otros perros, pero nunca con su gente – por una simple razón práctica: para sacar a un perro agresivo de una pelea y para entrenar a un perro seleccionado para caer en la agresión con facilidad, había que asegurarse que sintieran que herir a los humanos estaba prohibido. Otras razas de perros han sido seleccionadas de manera similar, como los perros de pastoreo o, incluso más dramáticamente, los perros de caza. Hay razas de PGG, como el Gampr armenio, que se han seleccionado de manera similar; son bastante suaves con las personas y al mismo tiempo extremadamente feroces con grandes depredadores salvajes.

Durante el transcurso de nuestra historia, al vivir y trabajar con muchos perros, hemos seleccionado a propósito contra la disposición o el deseo de desafiar nuestro estatus como líder. Dado que los seres humanos tenemos una visión más amplia y manejamos la construcción de lo que queremos lograr, llegamos a la conclusión de que tiene mucho más sentido tener perros que acepten trabajar con nosotros fácilmente, sin importar lo que les pidamos. Si bien esto se ha hecho con los PGG de alguna forma (las razas más amigables con extraños en mayor medida que con otras), no creo que los PGG operen de la misma manera que la mayoría de los perros. Ellos no son los más extremos (sino comparten este nicho con los perros de protección más seria y los perros spitz, por ejemplo), pero como hemos discutido antes, cumplen un papel de trabajo único y se han exagerado sus tendencias maternales tanto como las agresivas con el fin de tener éxito en su trabajo. Esto los lleva a comportarse más como un cánido social primitivo:  prosperan en grupos familiares, así como también con una jerarquía social más rígida que la mayoría. A menudo se observa que los PGG de trabajo aprenden mejor al observar y hacer, son sensibles a la sutil comunicación del lenguaje corporal, y con frecuencia son más habilidosos que otros perros o incluso los humanos anticipando los futuros sucesos en una interacción. Todo esto desemboca en un perro altamente sensible que necesita una sólida base social para operar.

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Fotografía: Mira Lea Revill-Tardiff, Black Unicorn Imaging

Tengo la firme convicción de que los PGG no solo son pensadores concretos en general (igual que muchos perros de pastoreo), sino que también aprecian conocer su lugar en una relación en todo momento. La incertidumbre nunca lleva a la seguridad. Raramente verás a dos PGG de trabajo que se encuentren sin establecer de inmediato quién es el líder y el seguidor (dominante y sumiso). Esto no siempre ocurre de la misma manera con los humanos, pero el proceso es similar. Determinar quién está a cargo no necesita ser el resultado de un altercado físico, y a menudo no lo es, pero debe establecerse de todos modos. A veces, esta relación debe ser revisada, debido a que la dinámica puede cambiar (por ejemplo, en el caso de un cachorro que madura y su mentor del mismo sexo, de mayor edad), pero una vez establecida permanece estática y no necesita ser probada una y otra vez en cada interacción. Nuestros PGG de trabajo están menos interesados en desafiar la posición de liderazgo con sus guías humanos que con sus homólogos caninos, pero están absolutamente listos y dispuestos a intervenir si ven un vacío y descubren que no estamos dispuestos de liderar o no somos capaces de hacerlo. Si somos poco confiables, poco fidedignos, distantes, o irrelevantes e indignos de confianza, ellos tomarán el mando. También lo harán si estamos bajo amenaza o incapacitados, lo que generalmente consideramos como un rasgo positivo.

Los PGG de trabajo son guerreros. Se enfrentan a batallas de las que otros perros huyen y se esconden. Hacen lo opuesto de lo que sería natural para la mayoría de los animales; abandonan la auto-preservación para ponerse en peligro por el bien de los demás. Hay poco tiempo para negociaciones cuando uno está en modo de protección las 24 horas del día, los 365 días del año. Esta es una de las razones por las que los PGG de trabajo siempre necesitan saber qué lugar ocupan, en quién pueden confiar y quién les apoyará si es necesario, y a su vez necesitan saber a quién deben proteger ellos. Independiente de los métodos de entrenamiento que se elijan, ganarse la confianza de los PGG de trabajo y asegurarse de que se sientan cómodos en sus interacciones sociales, tanto con los humanos como entre ellos, debe ser lo más importante en nuestra lista de prioridades. Un perro confiado y seguro hará el mejor trabajo, y todos estamos de acuerdo con que necesitamos perros que trabajen de la mejor manera posible. La vida de sus cargas depende de eso.

Carolee Penner es autora de Guard Dog Blog, donde escribe sobre Perros Guardianes de Ganado y su vida en su pequeña granja. Es propietaria de Off Leash – Canine Behavior Solutions, donde ayuda a entrenadores y propietarios a comprender a sus perros desafiantes. Tiene una amplia experiencia trabajando con PGG de diferentes tipos y en diferentes etapas de la vida. Carolee vive con sus hijos y su pareja Jen en su pequeña granja en el norte de Alberta, junto con sus ovejas, cerdos, cabras y PGG de trabajo.

 

Traducción:

Carmen Arroyo, Uli Grodeke

IAABC Español