El manejo de la osteoartritis canina

Escrito por Rebecca Barr, BVMS MRCVS MSc

La osteoartritis (OA) es una enfermedad frecuente en los perros de compañía. Se ha descubierto que el 80% de los perros de más de 8 años y el 20% de los perros mayores de 1 año tienen osteoartritis en algún grado, y las complicaciones de esta enfermedad son una de las principales causas de eutanasia en las mascotas de edad avanzada.

La osteoartritis suele considerarse una enfermedad de la articulación; sin embargo, lo que empieza en la articulación suele tener efectos adversos en los músculos, el tejido conectivo y la piel. El daño inicial de la articulación está causado por la degeneración de su estructura normal, que incluye problemas con el cartílago y el espesamiento del líquido articular, que contribuye al movimiento de la articulación. Esta degeneración suele provocar la formación de pequeños fragmentos de hueso nuevo y dolor en la articulación. Con el tiempo, muchos animales experimentan dolor muscular como consecuencia del dolor de la articulación. Con frecuencia vemos dolor referido en diferentes zonas del cuerpo del perro, por ejemplo, dolor de espalda como resultado de una OA de cadera, o dolor de cuello relacionado con una OA de codo.

Lamentablemente, la artritis no tiene cura. Sin embargo, hay muchas cosas que podemos hacer para ayudar a que se sientan lo más cómodos posible y garantizarles una buena calidad de vida.
Los signos clínicos de la OA son muchos y variados. A menudo, los tutores no los reconocen bien y suelen subestimar la gravedad del impacto en el animal. Como resultado, muchos perros pasan meses e incluso años sufriendo como resultado de una condición dolorosa mal gestionada. En las visitas a la clínica veterinaria y en las consultas sobre conducta, los tutores suelen mencionar cambios en el comportamiento de su perro que pueden sugerir la existencia de un dolor subyacente. En las principales clínicas de conducta del Reino Unido se ha comprobado que hasta el 70% de los casos tienen un problema médico o de dolor subyacente, siendo precisamente el dolor una de las principales causas de la conducta agresiva o evasiva. Los signos que los tutores suelen notar pueden ser físicos, conductuales o tener una combinación de ambos. La interrupción o el inicio de una conducta, en particular la que implica un grado razonable de movimiento, es una señal de advertencia de que puede haber dolor en el paciente. Cualquier mascota que empiece a mostrar comportamientos agresivos debe someterse a un examen clínico por un veterinario para evaluar si hay dolor.

Los signos que pueden presentarse incluyen:

  • Enlentecimiento, ya sea en los paseos o en general
  • Reticencia a saltar (por ejemplo, al sofá o al auto)
  • No jugar con los juguetes
  • No estirarse
  • Mostrar conductas nuevas o algunas cada vez más frecuentes, que aumentan la distancia o son agresivas
  • No querer que lo acicalen
  • Jadeo excesivo
  • Inquietud/no poder calmarse
  • No mover la cola
  • Cojear/renguear
  • Cambios de peso
  • Cambios en la marcha
  • Posición encorvada

Existen numerosos factores que pueden predisponer a un individuo a desarrollar una OA; ciertas razas son propensas debido a la genética y la conformación, factores ambientales (especialmente en el caso de los animales jóvenes), obesidad, lesiones o cirugías previas en una articulación o hueso, así como el tipo e intensidad del ejercicio.
El diagnóstico de la OA puede basarse en el examen veterinario junto con los signos clínicos, o en las pruebas de imagen junto con lo anterior. Normalmente se realiza una radiografía, pero en algunos casos la tomografía computarizada puede ser más apropiada; ciertas articulaciones (por ejemplo, los codos) pueden ser difíciles de examinar completamente a través de la radiografía, y la tomografía computarizada es más probable que permita un mejor diagnóstico.

Mejorar los resultados para los perros con osteoartritis

Aunque la osteoartritis no es una enfermedad que pueda curarse, hay muchas cosas que podemos hacer para ayudar a que nuestras mascotas se sientan cómodas y tengan una buena calidad de vida.

El control del peso es una parte sumamente importante de la gestión de la artritis: la reducción de peso en un animal obeso puede dar lugar a mejoras sustanciales en la conducta. Además de que el exceso de peso ejerce una presión adicional sobre las articulaciones doloridas, las células grasas favorecen la inflamación del organismo, lo que provoca un aumento del dolor. Si un perro está dolorido y no quiere hacer ejercicio, puede resultar difícil conseguir que pierda peso. Cuando no hacen tanto ejercicio, no necesitan la misma cantidad de calorías, por lo que debe reducirse la ingesta de alimentos (incluidas las golosinas). Cuando se consideran actividades de enriquecimiento alimentario para perros con movilidad reducida o alterada, es importante asegurarse de que el perro no consume más calorías de las necesarias a lo largo del día.

Cambiar el entorno

La modificación del entorno es una de las primeras cosas en las que pensamos para los seres humanos con problemas de movilidad o dolor crónico; los elevadores para escaleras, las viviendas de un solo nivel, los colchones ortopédicos y los dispositivos de ayuda para caminar son todos elementos que las personas tienen a disposición habitualmente para hacer las cosas más seguras y cómodas para ellos en el entorno. Lo mismo ocurre con las mascotas artríticas; los suelos resbaladizos, las alfombras sueltas, las escaleras y los umbrales de las puertas son peligros que pueden provocar tropiezos y caídas, así como hacerle perder la confianza en su entorno. Animar a los clientes a que evalúen sus entornos en busca de posibles peligros puede suponer una gran diferencia para cada perro. Asegurarse de que las alfombras estén pegadas al suelo, que la cama del perro esté a un nivel bajo y que los recipientes de comida estén a una altura adecuada son sólo algunas de las medidas que pueden ser enormemente beneficiosas.

Saltar dentro y fuera de los vehículos puede causar problemas adicionales. El aumento de la presión sobre las articulaciones dolorosas puede provocar una reticencia a saltar en el automóvil e incluso puede dar lugar a un comportamiento agresivo si se intenta cargar a un perro dolorido o nervioso. Enseñar al perro a utilizar una rampa con una pendiente gradual, asegurándose siempre de que la rampa tenga una inclinación adecuada y un agarre suficiente para el usuario, evitará estos inconvenientes.

Ejercicio

La modificación de los ejercicios es otra área que puede ser muy fácil de cambiar para los clientes y que tiene un impacto muy beneficioso en el perro. La creencia común de que los perros no correrían o perseguirían una pelota si estuvieran doloridos simplemente no es el caso, ya que muchos perros se esfuerzan demasiado en los paseos y luego se sienten extremadamente doloridos por la noche. Los efectos no suelen ser percibidos inmediatamente por el tutor; como el perro está disfrutando de la experiencia mientras pasea, puede pensar que modificar el ejercicio sería perjudicial para él. Afortunadamente, hay muchas formas de modificar el ejercicio para que se satisfagan las necesidades del perro, tanto físicas como emocionales.

Los paseos más cortos y frecuentes son mejores que uno largo, porque los músculos no experimentan la misma fatiga y no se ponen tan rígidos después. Es importante que se permita al perro ir a su ritmo, ya que caminar rápido puede causarle dolor después. Además, caminar a un ritmo constante ayudará a garantizar una colocación más precisa y estable de las extremidades. Las pendientes graduales ejercerán menos presión sobre las articulaciones y los músculos que las empinadas. La hierba será menos dolorosa que las superficies duras, por lo que pasar el menor tiempo posible en las aceras puede ayudar a la comodidad de las mascotas artríticas mientras caminan.

Sabemos que a mucha gente le gusta practicar largos juegos de búsqueda con sus perros, pero las actividades repetitivas y de alta intensidad pueden causar problemas en las articulaciones y los músculos, sobre todo si existe alguna enfermedad. Los giros bruscos y los derrapes hasta detenerse pueden hacer que las articulaciones y los músculos se resientan más. Los neuroquímicos implicados en estas actividades de alta intensidad pueden enmascarar el dolor durante el tiempo de actividad al tope. La asociación emocional con tales actividades también dará lugar a un animal que seguirá jugando aunque exista inflamación y dolor continuos.

Hay numerosas actividades alternativas para animar a los tutores a participar con sus mascotas; tener en cuenta la función original de la raza de perro puede ayudar a encontrar juegos y actividades que disfrutará. Olfatear y buscar comida o juguetes en la hierba, explorar nuevos lugares, dejar que olfatee su propia ruta de paseo, entrenar en diferentes lugares, disfrutar de un juguete interactivo con comida en una cafetería… hay muchas formas ingeniosas de mantener entretenidos a nuestros perros. Además, ahora hay muchas páginas de redes sociales dedicadas al enriquecimiento, muchas de las cuales son adecuadas para perros con problemas de movilidad. Dirigir a los clientes a estas páginas, con orientación sobre qué tipos de actividades son adecuadas para su mascota en particular, ayudará a garantizar que el perro reciba la estimulación adecuada y puede fortalecer el vínculo entre el perro y su familia.

Medicamentos

En la actualidad hay muchos medicamentos disponibles para ayudar a controlar la artritis, incluidos los que son específicos para reducir la inflamación y aliviar el dolor asociado. Dependiendo de la extensión y la gravedad de la enfermedad, el veterinario puede considerar apropiado tratar a un perro con dos o más tipos de medicamentos; los diferentes fármacos actúan en diferentes áreas y etapas de la vía del dolor, y el uso de una combinación de medicamentos puede ayudar a mejorar el confort. En algunos casos, puede permitir el uso de dosis más bajas de fármacos individuales. Algunos animales necesitan una medicación a largo plazo o de por vida, mientras que otros pueden necesitar sólo unas pocas semanas para ayudar a controlar los brotes.

Terapias adicionales

La hidroterapia y la fisioterapia pueden ser de gran ayuda para las mascotas con artritis. Profesionales cualificados podrán ayudar con ejercicios para fortalecer los músculos y apoyar las articulaciones y el tejido conectivo. La hidroterapia y la natación también pueden ser una buena forma de ejercicio. Se ejerce menos presión sobre las articulaciones y los movimientos de las extremidades son más lentos que cuando corren. Además de los beneficios físicos de estos tipos de terapia, también ofrecen una estimulación mental para el perro, y se puede incorporar cierto grado de entrenamiento a estas actividades.

¿Cómo pueden ayudar los profesionales del entrenamiento y la conducta?

Los profesionales de la conducta pueden desempeñar un papel fundamental a la hora de ayudar a las mascotas que padecen dolor. Es importante asegurarse de que todos los animales que parezcan tener un problema de conducta hayan sido examinados recientemente por un veterinario. Recomienda a los clientes que graben en vídeo cualquier comportamiento anormal para mostrárselo a su veterinario y que éste evalúe si hay dolor. Recuerda que el dolor es responsable o está implicado en una gran proporción de los casos que se remiten para una evaluación conductual. Si el animal no recibe tratamiento, no sólo tenemos un problema de bienestar, sino que disminuirá la eficacia de los protocolos de entrenamiento o de modificación del comportamiento que se apliquen.

Si hay un diagnóstico de dolor o artritis, hay que hablar con el veterinario del perro para analizar qué tipo de actividades pueden o no ser adecuadas para el animal.

Conversa con los tutores sobre qué constituye un ejercicio adecuado; esto es importante en perros de todas las edades, haya o no problemas médicos. Si un perro joven sufre una fuerte distensión muscular como resultado de un ejercicio repetitivo de alta intensidad, puede tardar semanas o meses en curarse. Si el perro siente dolor durante ese tiempo, es probable que su conducta cambie.

Hay que pedir a los tutores que lleven un diario de los comportamientos y actividades que ha realizado su perro. Esto ayudará a identificar patrones que puedan dar indicios de dolor o artritis, por ejemplo: «Ayer por la tarde llevé a la perra a dar un paseo de dos horas y hoy me gruñó cuando intenté sacarla de la cama». Hay que asegurarse de que el tutor conoce bien el lenguaje corporal; esto es crucial para todos los perros pero especialmente para los que sufren dolor crónico. Una comprensión temprana de cómo se siente el perro ante una determinada situación puede ayudar a prevenir el estrés del perro y reducir el riesgo de que se produzca una conducta agresiva.

Aunque se suele aconsejar aumentar el ejercicio para los perros que presentan diversos problemas de conducta, es importante asegurarse de que no se haga a expensas de su salud física. Es mejor desaconsejar actividades como la persecución repetitiva de pelotas y fomentar actividades como el trabajo con olores, los juegos de resolución de problemas o los juguetes con comida. Además de ser más seguras desde el punto de vista físico, se cree que este tipo de actividades mejoran el vínculo humano-animal y proporcionan oportunidades para reducir el estrés y promover un estado emocional positivo. Tener en cuenta las superficies por las que caminan los perros y el ejercicio que realizan, así como controlar su peso, también ayudará a minimizar el riesgo de que un perro joven desarrolle OA más adelante.

Trabaja con los tutores para que el perro se acostumbre y se sienta cómodo al ser manipulado. Enseñar el manejo consensuado tiene un valor incalculable, porque da al perro cierto control sobre lo que le ocurre y hace que el manejo sea por lo general mucho menos estresante. Esto es útil para los exámenes veterinarios, pero también para la familia en casa. No se debe iniciar el trabajo de manipulación hasta que el dolor del perro esté bien controlado, siempre que sea posible: si la manipulación es dolorosa o estresante, es más probable que al perro le cueste aceptarla y le resulte más difícil aprender las buenas asociaciones.

Fomentar el uso de alfombras olfativas y juguetes diseñados para lamer, mordedores adecuados, juegos de olfato y un entrenamiento apropiado. Lamer, masticar y olfatear ayudan a reducir el estrés en los perros y pueden tener beneficios en términos de percepción y experiencia del dolor. Los tutores pueden ser ingeniosos con las formas de hacerlo y puede resultar una actividad muy agradable.

A medida que la osteoartritis progresa, los perros empiezan a perder movilidad y necesitan apoyo adicional para desplazarse. Ayudar a los tutores a enseñar a su perro a utilizar el equipo que pueda necesitar en el futuro, como arneses, rampas y sillas de paseo, es una buena forma de adelantarse a cualquier posible estrés tanto para los propietarios como para el perro. Si un tutor intenta utilizar un equipo cuando el perro está dolorido (por ejemplo, subir una rampa), es posible que el animal lo evite. El correcto acostumbramiento a los nuevos equipos lo antes posible es vital para el éxito de la intervención y puede suponer grandes mejoras en la calidad de vida del perro.

Cabe mencionar que muchos perros con sensibilidad o fobia al sonido también pueden experimentar dolor; muchos estudios han analizado la relación entre ambos, con la hipótesis de que el dolor muscular y articular es el resultado de un ruido repentino o se ve exacerbado por él.

Repito, cualquier perro que haya desarrollado sensibilidad a los ruidos debe ser evaluado a fondo para detectar el dolor.

Aunque tratar el dolor crónico de un perro no va a curar milagrosamente ningún problema de conducta asociado, sin duda mejorará su calidad de vida y, en muchos casos, generará algunos cambios de conducta positivos. Un perro que sufre dolor puede no dormir bien debido a la necesidad de cambiar de posición con regularidad, luchando por encontrar una posición cómoda, o despertándose con regularidad debido a que experimenta dolor. Esto, a su vez, influye en la capacidad cognitiva del perro, en su estado de ánimo y, por tanto, en su conducta. Si al permitir que el perro duerma mejor podemos mejorar estas cosas, entonces es probable que veamos cambios positivos en el comportamiento del perro. El dolor que no se ha gestionado durante largos períodos puede provocar comportamientos no deseados que se consolidan y pueden ser difíciles de superar. Con un tratamiento adecuado del dolor, modificaciones del entorno y del ejercicio, y un entrenamiento comprensivo y una modificación conductual, muchos de estos casos pueden tener resultados muy positivos.

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