Como cualquier consultor de comportamiento animal puede confirmar, uno de los mayores desafíos que enfrentamos es desalentar a los dueños de antropomorfizar el comportamiento de sus mascotas. En muchos aspectos, la antropomorfización es el proverbial elefante en la habitación; es un tabú, altamente controversial y la mayoría de nosotros evitamos su uso. Afirmaciones como “Mi perro me está protegiendo”, “Mi perro destruye mi hogar para vengarse cuando lo dejo solo” o “Mi perro hace esto porque quiere dominarme” siguen causando que millones de perros, y otras especies también, sean malinterpretados, abandonados e incluso eutanasiados.

Pero, ¿qué puede hacer un profesional cuando su cliente continua realizando esta práctica aún cuando su consultor le presenta evidencia científica irrefutable que demuestra que estas afirmaciones son equívocas? Yo digo, dejar de rebatirlo. Después de todo, no es la humanización por si misma la que pone en peligro el bienestar de las mascotas, sino que la falta de educación al identificar e interpretar correctamente las conductas que hacen que los dueños caigan en ella.

Sin importar el área de comportamiento animal al que uno se dedique, se puede estar de acuerdo en que la mayoría de los profesionales dedican su carrera entera a educarse a sí mismos y a estudiar la especie que eligieron. Esto puede incluir aprender sobre genética, ancestros, comportamiento social, lenguaje corporal, estructuras sociales y jerárquicas, hábitos nutricionales, crianza y comportamiento de caza, por nombrar algunos. Considerando que casi siempre estamos educando a los humanos como parte de nuestro plan de modificación de conducta, los consultores también deberían echar un vistazo al comportamiento humano y la psicología.

Para ayudarnos a entender mejor el antropomorfismo, es útil mirar más de cerca al mismo ser humano y sus características que pueden contribuir a éste. Algunos factores que se vienen a la mente; los seres humanos son la única especie conocida que crea representaciones de sí mismo, cuentan historias a través de la palabra escrita o ilustraciones y cuyas crías se empeñan en atribuir cualidades humanas y emociones a objetos inanimados tan pronto como adquieren la habilidad de hablar.

La observación de niños pequeños jugando con muñecos en terapia conductual revela hábitos tempranos infantiles de proyección emocional. Psiquiatras pediátricos y terapeutas han encontrado por mucho tiempo que proveer de muñecas a niños puede revelar trauma, patrones de abuso, adaptabilidad y la habilidad personal de expresar empatía, así como también revelar trastornos disociativos y dificultades de aprendizaje entre otros.

Los humanos amamos las historias, ya sean contadas en películas, en obras de Broadway o en libros. En estos ejemplos, los escritores hablan y crean emociones en personajes que ellos mismos han inventado, llevándonos a creer que sus personajes fictivos son seres complejos y emocionales. Nosotros, a la vez, experimentamos respuestas fisiológicas y neurológicas reales, como resultado de ver o participar en estos pasatiempos.

Para complicar aún más las cosas, la ciencia está empezando a concluir que los animales no-humanos son seres conscientes. El 7 de julio de 2012, la Declaración de Conciencia de Cambridge proclamó públicamente que:

“La evidencia convergente indica que los animales no-humanos tienen las estructuras neuroanatómicas, neuroquímicas y neurofisiológicas de estados conscientes junto con la capacidad de exhibir comportamientos intencionales. En consecuencia, el peso de la evidencia indica que los humanos no son los únicos en poseer las estructuras neurológicas que generan la conciencia. Los animales no-humanos, incluidos todos los mamíferos y aves, y muchas otras criaturas, incluidos los pulpos, también poseen estas estructuras neurológicas”.

Declaraciones como esta, así como la ciencia que las respalda, podrían revelar algún día que los propietarios no están necesariamente tan lejos de la realidad. Esto no significa que los propietarios que caen en el antropomorfismo estén identificando correctamente los estados emocionales complejos de sus mascotas, pero tampoco están necesariamente equivocados al pensar que sus animales son capaces de experimentar el mundo de una manera compleja y consciente, similar a lo que hacemos nosotros. En ese sentido, nuestro trabajo realmente debe ser ayudarles a identificar estos estados de manera correcta. Si no, sólo estamos tratando la mitad del problema.

Dicho esto, el desafío de aceptar el antropomorfismo es capacitar a los propietarios en la clasificación de las conductas para que sepan cuál es la mejor manera de reaccionar ante ellas. No hay nada de malo en decir que un animal tiene miedo, siempre que la declaración sea objetiva y basada en la ciencia. Para hacer eso, debemos ser tan apasionados al estudiar el comportamiento humano como lo somos al estudiar las especies no-humanas en las que nos especializamos. Si no, corremos el riesgo de estar muy mal preparados para educar al propietario humano, y eventualmente, dañar el vínculo con su mascota.

El antropomorfismo nos abre una ventana única para ver la condición humana con respecto al compromiso emocional que un propietario puede tener con su mascota. Declaraciones como las anteriormente mencionadas pueden revelar emociones complejas que un propietario siente como resultado directo del comportamiento de su mascota. Esto nos pone en una posición única para comprender mejor cómo los dueños interpretan el comportamiento de sus animales. Esta interpretación puede estar afectando sus vidas de maneras que pueden ser ventajosas o contraproducentes para el éxito del entrenamiento.

La mejor manera de comunicarse con un propietario que tiende hacia la antropomorfización es resistiendo el impulso de corregirlo. A nadie le gusta equivocarse, menos ser corregido. Cuando corregimos a un dueño, esencialmente le decimos que está equivocado, y arriesgamos que se sienta avergonzado, inferior o que de alguna manera él pueda ser parte del problema. ¿Con qué resultado? Un callejón sin salida a nivel educativo y comunicativo. Luego de una corrección, la mayoría de los propietarios tienden a estar menos dispuestos a contribuir a la conversación proporcionando sus opiniones o experiencias. El resultado es que o nos entregan el control de la sesión porque se sienten equivocados, o rebaten mentalmente todo lo que decimos porque todavía sienten que tienen la razón. De cualquier manera, es una situación en la que nadie gana.

He descubierto que la mejor manera de responder a las descripciones antropomórficas de la conducta es a través del arte de la comunicación guiada (Segue Communication). No le decimos al dueño si está en lo cierto o no, pero usamos su aporte como una oportunidad para guiarlos gentilmente hacia la información objetiva. Por ejemplo, en un caso de mojar la cama, un propietario puede declarar: “¡Mi perro orina en mi cama por despecho!”. Mi respuesta podría ser, “esa es una observación interesante”. Esta respuesta de cortesía atrae al dueño. Continúo con, “se han publicado múltiples estudios de casos sobre este tema, mismos que revelaron que este comportamiento está relacionado con problemas médicos o es desencadenado por estados emocionales de excitación, como lo son el miedo o la ansiedad. Si bien el despecho es una característica distintivamente humana, los perros sí experimentan muchas otras emociones complejas. ¿La mascota ha tenido un examen veterinario completo recientemente para descartar un problema urinario?”

Este tipo de respuesta invita a los propietarios a participar en la conversación, y es más probable que absorban la información que les entrego. Tienen un gran interés en escuchar lo que tengo que decir porque es una explicación de sus aportes a la discusión. ¿Serán más receptivos a recibir datos científicos adicionales o seguir mis recomendaciones de modificación de conducta? ¡Yo apuesto a que sí!

En conclusión, la humanización ya no necesita ser tabú o el elefante en la habitación, ni tiene que evitarse. Podemos adoptar este rasgo distintivamente humano y convertirlo en una herramienta increíblemente útil como catalizador del diálogo mutuo que puede beneficiar a muchas vidas, humanas y no-humanas. Si logramos esto, podremos ser más efectivos ayudando a los propietarios a descartar suposiciones incorrectas, lo que puede resultar en una mayor comprensión de lo que impulsa tanto su propio comportamiento como el de sus compañeros no-humanos. El antropomorfismo es un subproducto único del proceso de la impronta humana. Y, nos guste o no, está aquí para quedarse.

Karen Fazio, CDBC, es la directora del departamento de conducta del Hospital Veterinario Oakhurs en Monmouth County, New Jersey, y la propietaria de The Dog Super Nanny Professional Dog Training.

Una publicación de  International Association of Animal Behavior Consultants, http://iaabc.org

Traducido por Carmen Arroyo R., IAABC Español Division